FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


Arribismo intelectual

y polarización religiosa en los Estados Unidos

 

Walter Redmond

 

El origen del problema

No hace mucho me encontraba haciendo un retiro en un monasterio trapense. Conocí allí a un hombre que tenía la costumbre de pasar unos días en el monasterio cada vez que lo asediaba algún problema de esos que necesitan oración y consejo. En este caso el problema era una amarga disputa que estaba partiendo en dos a su comunidad religiosa, que no era católica. Me contó toda la historia del conflicto y yo, por mi parte, le ofrecí mi análisis, que, según dijo, reflejaba exactamente la situación. Me dijo también que yo debería escribir un artículo sobre el asunto. Y como en la Iglesia católica tenemos problemas que son análogos, me atrevo a publicar estas observaciones que tienen no poco de obvio.

La polarización general

Mi tesis es que el conflicto existente en la comunidad religiosa de mi amigo no es cosa solamente de su iglesia, o de la religión, sino que forma parte de una polarización más generalizada. No se pueden entender las cuestiones disputadas en lo religioso, como lo de la ordenación de las mujeres, si se les separa de esta polarización secular. Se puede esperar también que si en otros países las divisiones no son tan ásperas como en Norteamerica; la religión no será afectada de la misma manera.

El aborto, la eutanasia, la experimentación con los fetos, la asistencia social, la "acción afirmativa" o "diversidad", la inmigración, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la pornografía, la formación en los valores o la repartición de condones en las escuelas públicas, la ecología, los estudios de la mujer, la regulación de internet, el control de las armas, la pena capital y la política respecto de Cuba son asuntos debatidos que polarizan la opinión pública. Los hombres y mujeres religiosos se hallan divididos también respecto de la ordenación de las mujeres y de los homosexuales, el lenguaje inclusivo, la teología feminista, la interpretación de la Escritura y del dogma, y la relación de la religión con la ética, la política y la ciencia. En la Iglesia católica el conflicto incluye también el control de la natalidad, el matrimonio del clero, el poder de los laicos, la libertad académica de los teólogos, la pastoral dirigida a los homosexuales, la liturgia, el uso de los hábitos...

Posiciones

Las posiciones en torno a estas y otras cuestiones debatidas (aunque no todas), se reúnen en dos polos, que llamaré "a la moda" o y "no a la moda". Aplico estos términos tanto a los individuos o grupos que sostienen las opiniones como a las opiniones mismas. Por ahora me abstengo de jucios de valor; sólo deseo caracterizar los grupos de una manera con la que ellos mismos, hasta cierto punto, estarían de acuerdo. Escojo estos términos en vez de otros con mayor carga semántica y  para mis propósitos confundentes, tales como liberal / conservador, moderno / tradicionalista, progresista / integrista, heterodoxo / ortodoxo, sofisticado / ingenuo, iluminado / oscurantista, respetable / desacreditado, izquierdista / derechista. En realidad "de arriba" (a la moda) y "de abajo" (no a la moda) son metáforas más aptas para lo que quiero describir.

Es importante notar que estos términos no implican nada acerca de la inteligencia, capacidad, formación escolar, el estado social de los individuos, su habilidad de producir argumentos sólidos o la verdad y funcionalidad de sus pareceres. Lo que quiero destacar es que algunas personas, por tomar ciertas posturas, goza de más prestigio en la sociedad y que este hecho lo reconocen tanto ellos como los que a ellos se oponen, para fastidio de éstos. Para ser justos habría que recalcar que los que no están a la moda  por mucho que estén "abajo" son frecuentemente sensatos, informados, convincentes, socialmente comprometidos y son poco o nada exaltados.

Las cuestiones que causan la polarización pueden envolver una ideología. Tomo "ideología" por una causa, la cual si bien siempre incluye un principio ético o religioso evidentemente válido, suele ser, sin embargo, tan simplificado que no cabe exactamente en la realidad. Una ideología va más allá de la situación inmediata y tiñe toda la realidad. La ideología divide a la gente en "nosotros" y "ellos" sin un terreno común que permita hacer distingos y hacer transacciones. La ideología fuerte es moralista: los oponentes no sólo están equivocados, sino que son malvados. Una ideología puede estar bien organizada, tener extensas redes de apoyo y descansar sobre sólidas bases económicas. Es típico que las personas ideológicas difícilmente prevean las consecuencias negativas que podría tener el triunfo de sus causas.

Algunos ejemplos aclararán mi distinción. Aceptar el aborto está a la moda, pero rechazarlo no está a la moda. Es avanzado el querer instruir a los niños sobre la sexualidad en las escuelas públicas, permitir la eutanasia realizada con la ayuda de un médico, reconocer como "matrimonio" la unión de personas del mismo sexo, y prohibir el lenguaje que no sea "inclusivo". No está a la moda defender la oración en las escuelas públicas, querer mantener las instituciones "sólo para hombres" ni oponerse al "humanismo secular". Los "valores de la familia" no están a la moda y, en cambio, las opiniones "políticamente correctas" están en alto. Está a la moda defender los programas de las los feministas y de los homosexuales. Los que no están a la moda son sumamente sospechosos respecto de los programas que defienden. En el terreno de la religión los fundamentalistas, los "creacionistas", los Promise Keepers están fuera de moda y sí están a la moda los exegetas feministas y los teólogos de la liberación. Los que no están a la moda han criticado la vida sexual del presidente Clinton y los progresistas critican a estos críticos. apoyar a Gore, pero no a Bush, esta a la moda.

La Iglesia misma es el objeto principal del criticismo de los católicos progresistas. Consideran patriarcal su estructura, quieren que los laicos participen en la elección de los obispos y de los párrocos y se disgustan cuando la jerarquía llama la atención a los teólogos que están a la moda. Los católicos que no están a la moda están molestos con el anticatolicismo de las películas y en la televisión (especialmente el de católicos progresistas), añoran el simbolismo perdido y juzgan con dureza a los obispos que no siguen su línea. Los tradicionales ven con buenos ojos la intervención del Vaticano en la vida de las universidades católicas, por ejemplo, en el requisito del mandatum para los teologos. Los progresistas ven con sospecha la interferencia vaticana. El activismo de los católicos a la moda se dirige hacia cosas como la pena capital y el activismo de los "fuera de moda" está en contra de cosas como el aborto.

Las opiniones tienden a arracimarse alrededor de las personas. Es probable que un católico, que está en contra de la pena de muerte y a favor de la ordenación de las mujeres, esté también a favor de la teología de la liberación y en contra del uso de "hombre" en el sentido de todo ser humano y de "Èl" con referencia a Dios. Y ambos, el que está a la moda, y el que no lo está, exigen de sus asociados la completa aceptación de todos sus puntos de vista. No se admiten excepciones. Sin embargo, hay muchos "a horcajadas" y esto es un hecho muy importante. Desde este punto de vista, el Papa sostiene una mezcla de opiniones, ya que está tanto en contra del aborto como de la pena de muerte y también a favor tanto del sacerdocio exclusivo para los hombres célibes cómo de la ayuda a los países pobres. Los que están "a horcajadas" están sometidos al fuego cruzado.

Arribismo intelectual

 Las opiniones de una persona cambian con frecuencia. Y aunque el movimiento puede ser en cualquiera de las dos direcciones, hacia abajo o hacia arriba, el caso más frecuente es el de una persona que no está a la moda que llega a estar a la moda. Esto es lo que llamo "arribismo intelectual" o "movilidad intelectual hacia arriba". No se sugiere que el deseo de estar a la moda sea el motivo primario y consciente para cambiar de opinión. Sólo se dice que esto ocurre de hecho y que puede ser un factor muy importante que influya en la elección de la creencia. La movilidad intelectual hacia arriba a la que me refiero no necesita coincidir, por supuesto, con la movilidad económica o social hacia arriba y no tiene nada que ver con la inteligencia.

El mito de que los arribistas necesariamente piensan más por sí mismos y de que los no a la moda solamente siguen a sus jefes es falso. Porque también la gente tiende a arracimarse en torno a las opiniones. Nos identificamos con quienes comparten nuestro sistema de creencias y nos sentimos más a gusto con ellos. Cuando se cambia de grupo a veces se cambia de opinión y viceversa. Los grupos ¾ de los que están a la moda y de los que no están a la moda¾ evidentemente forman redes, se organizan, hacen campañas, tienen congresos, crean lemas y están sometidos a fuertes tabúes lingüísticos, exaltan su causa, recogen firmas, publican periódicos y revistas y reparten volantes. La National Public Television, y los periódicos, tienden a estar a la moda, y los comentaristas de las estaciones de radio AM tienden a ser conservadores. La American Civil Liberties Union está casi siempre a la moda y el programa de radio en vivo de la Dr. Laura parece ser la voz más fuerte de la ética conservadora en los Estados Unidos. Cuando la ideología es fuerte, entre las facciones puede haber una sangrienta hostilidad y no sólo tensión.

Se siente que la polarización tiene relación con el tiempo. La gente que está a la moda se considera a sí misma como la onda del futuro y miran de arriba a abajo a los que no están en la moda, como gente que retrasa las manecillas del reloj o como a personas agobiadas por el shock del futuro. En cambio, las personas que no están a la moda sienten que defienden una herencia preciosa de valor perenne y miran a los que están a la moda como gente que vende sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas.

De manera quizá sorpresiva, la distinción a la moda y no a la moda no coincide con la que existe entre jóvenes y viejos. De hecho, se ha observado muchas veces que las comunidades religiosas de los progresistas y los grupos de presión católicos, como también de las iglesias protestantes, están envejeciendo.

Tradición y moda

 Esto nos lleva al punto siguiente. Las doctrinas y las prácticas históricas de las comunidades cristianas y judías tienden –subrayo la palabra- a ser algo pasado de moda, especialmente en los puntos que tienen que ver con el matrimonio y la familia. Las denominaciones cristianas veían como algo malo a la homosexualidad, al aborto, a la eutanasia, al sexo fuera del matrimonio y al divorcio, tenían un clero únicamente masculino y en el culto alababan a Dios con un estilo antiguo.

La iglesia de mi amigo se opuso oficialmente al aborto en el pasado y sus ministros eran siempre del género masculino. Pero algunos de sus fieles, que tenían una fuerte simpatía por el feminismo, comenzaron, me dijo, a tomar una posición de libertad ante el aborto y a recomendar que se contrataran mujeres para el ministerio en la iglesia. Otros miembros de la iglesia se enojaron por lo que consideraban un ataque a la integridad de sus creencias y de sus costumbres, que en último término llegaba desde fuera de sus tradiciones religiosas. Pero lo que hacía que todo esto fuera particularmente irritante era que sus oponentes a la moda los miraban con desprecio, como a gente deficiente intelectual y moralmente. Al mismo tiempo, los miembros rebeldes se identificaban más y más con sus aliados a la moda de fuera de la iglesia, cuya aprobación valoraban mucho y a los que se dirigían con sus esfuerzos apologéticos.

Le pregunté a mi amigo en qué pararía todo esto. Se quedó pensando durante un minuto y me dijo que las dos facciones estaban tan aferradas a sus posiciones que un acuerdo era cosa imposible. Los que están a la moda, predijo, van a tomar el control y los otros se van a tener que ir. Y si éstos no pudieran reagruparse otra vez, añadió, la historia de esta iglesia, al menos tal como era hasta ahora, habrá llegado a su fin.

Cambio y masa crítica

 Desde luego, las disputas sobre viejas y nuevas doctrinas (las últimas con frecuencia venidas de presiones exteriores) con la división resultante, no es algo nuevo en la historia de las religiones. Lo que sucede en la iglesia de mi amigo no es un incidente aislado; lo mismo sucede en varias de las principales denominaciones protestantes y en el judaísmo, tanto en los Estados Unidos como en otros países del "primer mundo". Donde el grupo de los que están a la moda ha tomado la delantera, la doctrina (exégesis bíblica, dogmática, teología) y la práctica (culto, espiritualidad, moralidad, consejo pastoral) han cambiado notablemente. La fe pierde algo de su carácter específicamente cristiano o denominacional y viene a parecerse a la mentalidad ambiental a la moda. Plus ça change, plus ce n’est pas la même chose.

Este proceso de expansión está tan avanzado, a veces, que no hay conducta aprobada por la moda secular que sea vista como mala (ya no digamos pecaminosa) y no hay opinión a la moda que sea rechazada como errónea (ya no digamos herética). En verdad, resulta cada vez más difícil decir exactamente cuál es la posición teológica y moral que la denominación debería sostener y cuál es el mínimo de creencias requeridas para ser un miembro de esa iglesia, si es que hay alguno. Los cristianos han renegado o han hecho a un lado las enseñanzas tradicionales de sus iglesias sobre el sexo y sobre otros puntos de moral. Un alto dignatario eclesiástico ha propuesto un nuevo rito para el divorcio: sugiere que ahora la iglesia debe solemnizar no nada más el matrimonio de un hombre y una mujer, sino también la rotura de su familia. Algunas de las principales denominaciones, por encima de protestas y movimientos en contra por parte de los miembros que no están a la moda, favorecen el matrimonio de los homosexuales y los admiten a los ministerios ordenados. En el Judaísmo se han formado congregaciones de homosexuales y hasta de ateos ("humanistas") y los rabinos ortodoxos han cuestionado recientemente el Judaísmo de los judíos conservadores y reformados. El Consejo mundial de las iglesias, que está a la moda, en algún momento vio la conversión de los no cristianos como algo menos urgente que el apoyo a los movimientos políticos de izquierda, dejando, con todo, la evangelización de todas las naciones a los misioneros que no están a la moda.

Los cristianos a la moda no están ausentes de los márgenes espirituales. Como repudian la espiritualidad tradicional de la iglesia (el ascetismo tiene un "prejuicio neoplatónico en contra del cuerpo", la humildad crea "baja autoestima", el pecado original es "negativo", la exigencia moral produce "sentimientos de culpa"), no sólo se apropian la religión del "Oriente" y de la de los "nativos americanos" –cosa que éstos repudian airadamente- sino también de la brujería, el culto a las diosas y otros fenómenos de la escena espiritual norteamericana de nuestro tiempo.

Las batallas, como las que se dan en la iglesia de mi amigo, son encarnizadas. Se disputa no nada más sobre la doctrina, sino también sobre los recursos económicos y el control de los seminarios. Las guerras, gane quien gane, no se ganan fácilmente. Prueba de ello es la penosa confrontación reciente en la convención de los bautistas del Sur. La iglesia episcopal ha llegado muy cerca del cisma y uno de los obispos fue llevado a juicio bajo el cargo de herejía por favorecer la ordenación de homosexuales activos.

El clero está en el frente de batalla del cambio y con frecuencia va más adelante que los laicos en eso de estar a la moda, y lo difunde a través de su ministerio. Con frecuencia los clérigos abandonan su oficio de enseñar y dicen a los miembros de su comunidad que ya son adultos y que deben tomar sus propias decisiones en las cuestiones debatidas.

Por otra parte, las denominaciones que no están a la moda son agresivas en su defensa de los valores tradicionales. Echan mano de las ondas de radio, organizan demostraciones y se esfuerzan por adquirir fuerza política, lo cual provoca una vitriólica reacción de sus oponentes progresistas que piensan que los que no estan a la moda no tienen por qué ser políticos. Pero el daño típico en los que no están a la moda es el rechazo de cualquier novedad que toque a la religión, y muchas veces se vuelven anticientíficos y antiintelectuales. Algunos de ellos son completamente inmisericordes en sus juicios. De una manera quizá extraña, los dos grupos tienden al fideísmo, a rebajar la razón en la religión. Los pensadores progresistas de ordinario alaban "lo poético" en la historia intelectual de la iglesia y desprecian todo lo que es lógico y analítico.

Y así las batallas dentro del Cristianismo se viven con nueva intensidad en la medida en que las iglesias toman posición en las cuestiones discutidas. Pero hay una diferencia: las opiniones seculares afectan a las comunidades religiosas que no están a la moda mucho menos que a los grupos que están a la moda.

Moda y liderazgo

 ¿Cuál es el efecto concreto en las iglesias de la movilidad intelectual hacia arriba? Las iglesias y los grupos religiosos que no están a la moda son a ojos vistas los que tienen más éxito en retener y aumentar el número de sus fieles. Hay un estudio que demuestra que varias de las denominaciones principales de los Estados Unidos que se orientaron hacia la moda están perdiendo miembros, no nada más en "la participación en el mercado", sino también en número absoluto. Ahora hay más musulmanes y budistas en los Estados Unidos que miembros de algunas de estas venerables denominaciones americanas. Para contrarrestar sus pérdidas, algunas iglesias han lanzado recientemente enérgicas campañas de "evangelización", adoptando, con frecuencia, los rasgos de algunas de las congregaciones que no están a la moda y que han tenido éxito, es decir, introduciendo, por ejemplo, el estilo carismático.

Todo mundo reconoce que la especulación sobre las razones del crecimiento o disminución de los fieles es un área oscura y que es difícil predecir los resultados a largo plazo. Sin embargo, creo que podemos decir algo sobre por qué una iglesia que afirma la tradición tiene un atractivo tan grande.

La gente quiere guía espiritual, especialmente en la parte más profunda de sus sistemas de creencias y en lo más íntimo de su vida comunitaria. Pero ellos quieren lo que consideran una guía responsable, una guía que opera en los hechos. Están asustados por las actitudes a la moda que les parecen amenazar al matrimonio y a la familia. Cuando un esposo y una esposa buscan consejo pastoral lo que quieren son soluciones, no que les faciliten el divorcio. Los padres piensan que los niños tienen ya bastante de qué preocuparse sin que los pastores o los maestros les vengan a decir que pueden ser homosexuales; quieren que los maestros en las escuelas públicas se olviden de sus "valores" y se concentren en enseñar a sus hijos cómo se resuelven los problemas matemáticos y cómo se escriben correctamente los enunciados en inglés. En resumen, la gente quiere una guía probada que estabilice y fortalezca sus familias; no necesitan anomia, sino un sistema de creencias sólido, capaz de resistir a la entropía social del momento, es decir, al escepticismo y al relativismo.

A menudo se dirigen en vano a sus iglesias buscando dirección. Parece que las iglesias están abdicando de su liderazgo en la medida en que aceptan las modas seculares. Cuando los pastores les dicen que tomen sus propias decisiones, sienten que esto bien lo podrían hacer sin estar en una iglesia. Los eclesiásticos que aceptan el aborto, ahora que es socialmente respetable, y que dicen que el "hasta que la muerte nos separe" ya no vale porque ahora el matrimonio es una asociación rescindible y la poligamia en serie está tomando la delantera sobre la monogamia (la mitad de los matrimonios en los Estados Unidos terminan en divorcio) pueden aparecer ante sus feligreses más como dirigidos que como dirigentes.

Cristiandad al revés

 Por supuesto, los hombres de iglesia que están a la moda habrían de ser los primeros en reconocer la realidad del pluralismo y en defender, con Kierkegaard, al cristianismo por encima de la cristiandad, o sea, por encima de sociedades cuyos valores y estructuras son supuestamente cristianos. Sin embargo, parece que tienen en la mira una cristiandad al revés: no una sociedad imbuida de principios cristianos, sino una iglesia más y más cambiada, por la incorporación de los valores seculares.

No hay que extrañarse de que haya una crisis de liderazgo. Pienso que uno de los más notables cambios sociales de nuestro tiempo es la abdicación de los guías tradicionales, los padres y la familia, los sacerdotes y las monjas, los ministros, los rabinos a favor de la nueva industria de los profesionales de la conducta. A medida que las iglesias y familias abandonan su liderazgo moral, el vacío se llena por una multitud de terapistas, asesores, consejeros con título, psiquiatras, psicólogos pop, gurús, coordinadores de talleres, autores y conferencistas sobre autoayuda, peritos en todo tipo de programas de "los doce pasos...", conductores de televisión aliados con los "expertos" que se presentan en los talk-shows, comentadores de noticias y maestros de las escuelas públicas. Su mentalidad, que de ordinario ignora o es abiertamente hostil a la concepción tradicional y a la moralidad, va de lo responsable hasta lo excéntrico. Los consejeros matrimoniales, divorciados ellos mismos con mucha frecuencia, en lugar de ayudar a las familias a mantenerse unidas las instruyen en el fracaso elegante: "Yo también pensé que mi matrimonio era para siempre, pero no fue así. Yo he salido adelante, usted también lo hará". El resultado de esta competencia entre los expertos, muchas veces indecorosa, no es sólo un mayor número de familias rotas sino también la confirmación y la difusión del relativismo ético.

Los que están a la moda sienten que sus iglesias, o comunidades, están distantes del mundo, pero sus maneras de "ir hacia la gente" tienden a secularizar la religión, mientras las estadísticas indican que la gente quiere más religio que saeculum. El remedio parece ir en la dirección equivocada.

La Iglesia católica

 Muchos de los comentarios anteriores se aplican, por supuesto, a los católicos (clero, religiosos y laicos). Y la polarización dentro de la iglesia católica es, en términos generales, la misma que existe en las denominaciones protestantes principales, puesto que su mentalidad moldeable a la moda es similar. Los católicos a la moda se identifican con los grupos de idéntica orientación fuera de la iglesia y hacia ellos dirigen su apologética. La polarización es igual de aguda. Los católicos a la moda ridiculizan lo que llaman el "fundamentalismo católico" como una "plaga" creciente. Y los católicos que no están a la moda, en su celo por abrazar con firmeza las tradiciones de la iglesia, muchas veces defienden con un fervor inquisitorial lo que suponen que son las posiciones católicas. Digo "suponen" porque algunos, más papistas que el Papa, toman como actitud católica respecto de la Biblia al literalismo bíblico y también porque, a diferencia del Papa, pierden el respeto por la razón cuando proviene de fuentes seculares.

Los obispos con frecuencia están en el medio. A semejanza del Papa ellos tienden a estar en la moda en las cuestiones sociales y tienden a estar fuera de la moda en los temas de la familia. Por ejemplo, ellos se han declarado contrarios al aborto y a la pena de muerte y defienden los derechos tanto de las víctimas como de los criminales. Los católicos que están a la moda ven con buenos ojos la división en la jerarquía y de ordinario repudian apelar a la autoridad eclesiástica para decidir las cuestiones disputadas; los católicos que no están a la moda critican a los obispos y sacerdotes por tratar de una manera tan blanda a los que están a la moda. En realidad, hay aquí una profunda diferencia entre dos grupos: los tradicionales critican las preocupaciones sociales de la iglesia como inclinación a la izquierda y los progresistas critican las preocupaciones de la iglesia respecto de la familia como inclinación a la derecha. Y usan los ardides que son típicos: los progresistas dicen que lo que los tradicionales piensan que es lo católico no es esa cosa tan vieja que ellos defienden, y los tradicionales dicen que lo que los progresistas piensan que es lo católico es en realidad un programa que viene de otros. Pero, ¡ay de aquél que intente reconciliarlos!

Catolicidad católica

 Por otro lado, la iglesia católica difiere de otros grupos religiosos de los Estados Unidos en una forma que va a afectar el resultado de la polarización. En primer lugar, el carácter verdaderamente internacional de la iglesia relativiza la polarización que se da entre los católicos de los Estados Unidos. En esto se parece a la Iglesia ortodoxa. Y difiere de las comunidades protestantes que no están contrabalanceadas por un número importante de fieles en el exterior, o por un fuerte liderazgo desde fuera. De manera significativa la comunión anglicana mundial y la misma iglesia de Inglaterra parecían más sensibles a lo que estaba sucediendo en la iglesia episcopal norteamericana, hasta la reciente Conferencia de Lambeth en que los obispos del tercer mundo que no están a la moda, para horror de sus colegas del primer mundo, rechazaron la ordenación de los homosexuales en activo.

Los Estados Unidos participan, con algunos países de Europa, de una especie de moralidad a la moda "propia de un mundo desarrollado" y que se puede observar en las Naciones Unidas y en las conferencias internacionales, por ejemplo en asuntos sobre la familia. Esto significa una capacidad poderosa de difusión cultural y se ha vuelto un atractivo para los que dirigen la política respecto de los países subdesarrollados. Sin embargo, esta moralidad euro-americana ha encontrado una terca resistencia en países que tienen diferentes tradiciones familiares, religiosas, sociales y legales, especialmente en el tercer mundo. Esto es obviamente verdadero en los países islámicos, pero también es verdadero en América Latina donde últimamente los predicadores de las "sectas" americanas –una etiqueta abusiva puesta por los que están a la moda- han tenido un gran atractivo con la gente.

Es posible que los ciudadanos de otros países, muchos de ellos católicos, no den la bienvenida a los puntos de vista a la moda –y tampoco a los que no están a la moda- y que los vean como formas de un imperialismo cultural etnocéntrico. Puesto que la polarización secular en los Estados Unidos no afecta a la Iglesia en otros países como lo hace en territorio americano, los grupos americanos a la moda no tienen la misma influencia en la iglesia católica como un todo como la tienen en las comunidades protestantes principales. El liderazgo católico es mucho más cosmopolita. Los católicos norteamericanos a la moda son vigorosos y tienen influencia, pero tienen que competir con millones de ucranianos, mexicanos, lituanos, españoles, polacos, italianos, etc. que, por así decirlo, son las "etnias", desde un punto de vista americano. Y esta catolicidad, que favorece la contención es, según creo, una gran ventaja de la iglesia católica.

Etnicidad

 En efecto, la etnicidad es un factor en la movilidad hacia arriba que he estado describiendo. En los años pasados muchos católicos americanos se mantenían en el modo de ser de su antiguo país de origen y su manera de pensar y de actuar podía diferenciarse de manera significativa de otros sistemas de creencias y de las pautas de conducta más generalizadas en América. En realidad fue precisamente para preservar esta diferencia por lo que ellos erigieron, a base de un considerable sacrificio, un sistema escolar separado que iba del jardín de niños hasta la universidad. La etnicidad, por supuesto, tiende a no estar a la moda, y los que están a la moda muy bien pueden llamarla "mentalidad de ghetto".

La etnicidad católica tradicional está ahora en declive. Aunque todavía hay reductos de irlandeses, por ejemplo, hoy en día más de la mitad de americanos con nombres irlandeses no se tienen por católicos, según parece. Especialmente en la medida en que suben por la escala social, los católicos tienden a dejar a un lado sus viejas tradiciones y a adquirir una mentalidad a la moda. Algunos que nunca tuvieron una gran conciencia religiosa, o que perdieron su interés en la religión, y otros, que se han opuesto a las enseñanzas del Magisterio como la de la prohibición del control artificial de los nacimientos, se separan de la iglesia. Muchos, sin conocer, o sin preocuparse de las tradiciones espirituales propias de la iglesia, se cambian hacia las religiones del Oriente. Otros más, luego de perder su religiosidad, guardan una nostalgia y se vuelven "meta-religiosos": estudian el "fenómeno religioso" en Antropología, Sociología, Historia, Arte Literatura, Filosofía, y hasta en la Teología y en las Escrituras. Y hay otros que han adquirido posiciones a la moda –con frecuencia en los años setentas- que permanecen seriamente comprometidos con la iglesia y que trabajan por llevar a cabo cambios de acuerdo con sus puntos de vista.

Sin embargo, hay católicos que no se dejan impresionar por las creencias que los progresistas dan por evidentes. Es posible que vean la pérdida de su identidad católica, de su "diferencia", justamente como una pérdida. Algunos quieren recobrar algo de la etnicidad católica. Pienso que esta especie de rehabilitación se está dando no nada más en la iglesia católica, sino también en otras comunidades cristianas y en el judaísmo. Hay ahora un esfuerzo mancomunado en algunas universidades denominacionales por volver a poner en práctica los principios sobre los que fueron fundados y que habían perdido en el pasado reciente. Sobre todo en las universidades catolicas tradicionales esta creciendo el numero de "programas de estudios catolicos".

La iglesia antes de Constantino

 En consecuencia, puede ser que algunos católicos no sientan la presión de adaptarse a normas exteriores a su iglesia y que, al mismo tiempo, no esperen que la sociedad refleje sus principios católicos. Ellos saben que el movimiento hacia el pluralismo significa que estamos viviendo cada vez menos en una cristiandad constantiniana. Ya no les sorprende que la ley de su país pueda permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto o infanticidio hasta los veintinueve días, y el "amor intergeneracional" (homosexual), por no decir pederastia. En realidad, los católicos que no están a la moda son más semejantes a Kierkegaard que sus correligionarios a la moda: ellos no asumen que estén viviendo en una cristiandad y no se sorprenden de que haya un abismo entre muchos de los valores reinantes fuera de la iglesia y algunas importantes tradiciones cristianas. Es posible que se sientan a la manera como se sentían los cristianos en los tres primeros siglos de la iglesia: sumergidos en lo que es, en algunos aspectos por lo menos, una sociedad pagana.

Pero con frecuencia sus vivos anhelos –espirituales, intelectuales y estéticos- pueden no encontrar eco en la iglesia. Es posible que tengan que buscar su simbolismo católico en los escenarios seculares y comerciales que se han apropiado de él. Una prueba de ello es el extraordinario interés por el canto gregoriano en una época en que es difícil encontrarlo fuera de los estudios de grabación.

Un pensamiento final

 El punto principal que quiero subrayar es el siguiente: la distinción entre opiniones que están a la moda y opiniones que no están a la moda y la gente que las sostiene es sociológica y psicológica. No tiene nada que ver con la verdad o la falsedad, ya no digamos la funcionalidad de las mismas opiniones. No hay probabilidad de que las ideas que la sociedad considera relativamente a la moda sean las correctas o de que si se ponen en práctica sean socialmente ventajosas. Personalmente, me ha impresionado la debilidad de los argumentos a la moda a favor del aborto y pienso que hasta los que están a la moda admiten el efecto destructivo del divorcio, tan extendido, sobre la educación y sobre otros aspectos de la sociedad. Se suponía que la enseñanza del sexo en las escuelas públicas evitaría los embarazos en las adolescentes y el SIDA, pero un estudio reciente demuestra que las niñas cuyas madres tienen una posición firme contra el sexo premarital, y que no les recomiendan métodos de control natal, tienen doce veces más probabilidades de abstenerse del sexo antes del matrimonio. La revolución de los años setenta con sus programas sociales avanzados no resolvió los problemas, pero su liberación de la ética familiar tradicional coincide con un gigantesco aumento de hijos ilegítimos y de crimen en los Estados Unidos, en Inglaterra y en el país de Gales.

No he sido neutral, por tanto, en el sentido de que he sido más crítico de las posiciones a la moda que de las que no están a la moda. Y la razón es que yo pienso que es crucial quitarle el prestigio a la opinión a la moda, precisamente por la irrelevancia de este prestigio. El verdadero valor y los beneficios sociales de una postura son decididos por sus méritos. Y por esto es importante ver de frente esta manipulación social que no es tan sutil.

Evidentemente se necesita un equilibrio entre lo que es tradicional y lo que es actual. Si la iglesia se queda en el pasado se queda fuera del presente. Pero todavía más importante: la iglesia se queda fuera del presente si ella pierde su propio pasado, puesto que entonces no tiene nada en absoluto que decir por sí misma.

 (Traducción de J. B. Zilli)


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