FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


"La Fuerza" : Dios y el hombre intergalácticos

Comentario al "Episodio I: La amenaza fantasma" de la "Guerra de las Galaxias"

Pbro. Lic. Alejandro Ferrari

Quizás muchos de los que lean esta nota no hayan visto ni verán la "Guerra de las Galaxias" (=GG), destinada primariamente a un público infantil y adolescente. Seguramente, también, a muchos no les agrade demasiado la "ciencia ficción", este postmoderno western que la industria cinematográfica estadounidense nos obsequia frecuentemente.

No obstante, mi interés es que examinemos la película como un fenómeno cultural, en cuanto es un botón de muestra de un modo de entender a Dios, al mundo y al hombre, que se publicita, entre otros medios, por la pantalla.

En este sentido, más allá del éxito de taquilla y merchandising, la GG despierta adhesiones, fanatismos que van más allá de lo cinematográfico.

Más específicamente, aspiro a que analicemos sus alusiones o contenidos religiosos, que los describamos y los juzguemos desde la fe. Vamos entonces.

La historia

El film narra los "orígenes" de la serie. El futuro Darth Vader, y futuro padre de Luke Skywalker, resultó ser un despierto y encantador niño, llamado Anakin, nacido de una madre virgen llamada Shmi. Son encontrados en su periférico planeta de Tatooine por el Maestro jedi Qui-Gon Jinn, miembro de la comitiva de la reina de Naboo, Amidala, en viaje hacia la ciudad-planeta capital de Coruscant, a presentar un reclamo al Senado intergaláctico.

El niño los ayuda, utilizando sus conocimientos de mecánica y sus destrezas como competidor. Analizada su sangre, se sospecha que sea el "elegido". Logra su libertad y marcha con el Maestro y con Obi-Wan, entonces aprendiz y luego Maestro del niño.

Logran liberar, momentáneamente al menos, el planeta de Naboo, invadido por la Federación de comercio. El niño tiene un papel preponderante, aunque fortuito, en esta parcial victoria.

Una religión "light"

Aunque no lo parezca a primera vista, estamos ante un film con un contenido, llamémosle, "religioso".

Encontramos, por ejemplo, expresiones típicamente "religiosas": oración, lugar sagrado, incluso de profecía y de revelación. Pero hay más. Escondidamente se nos trasmite una imagen de lo divino.

Este descubrimiento llevó incluso a la revista "Time" a presentar una entrevista con su autor con el sugerente título de "teología de la guerra de las galaxias".

Este fenómeno, aparentemente curioso, se inscribe en el "retorno de las religiones", característico de la llamada Nueva Era (New Age).

La Nueva Era, como mentalidad y sensibilidad, se manifiesta capilarmente de diversas formas, como en el cine.

Una de sus características más importantes es la de ser una especie de "rejunte", entre ilustrado y científico. Un poquito de espiritualidad oriental, otro poco de pseudociencia, una pizca incluso de elementos cristianos, una porción de astrología. Todo esto se transforma en una "ensalada", bastante vaga y ambigua, que va prendiendo poco a poco en la desencantada gente del fin de siglo.

Una de las cosas que logra es la de hacer perder la noción misma de Dios, pero no por el camino del ateísmo, sino diluyéndola.

En la GG, Dios es diluido en la indefinida idea de "la Fuerza". Lo sagrado tiene esa forma.

Una muestra de frases entresacadas del film: "La Fuerza es extraordinaria", "La Fuerza nos guiará", "hay que concentrarse en la Fuerza", "si se logra acallarse se puede escuchar su voluntad". Sin olvidarnos del saludo-deseo con ribetes "litúrgicos": "Que la Fuerza te acompañe".

¿Qué decir de todo esto? ¿Cómo interpretar -críticamente- estas vagas ilusiones a lo sagrado?

Estamos ante lo que se llama, clásicamente, panteísmo. ¿Qué es? Es la afirmación de que todo es Dios (pan= todo, Theós=Dios), de que existe una gran unidad del universo, del que el hombre es parte, y que esta unidad es lo divino.

Este "Dios" no es un Dios "trascendente", que esté más allá de nosotros y de las cosas. Las cosas son Dios. Y, en consecuencia, no es un Dios "personal", distinto a nosotros, que se pueda comunicar, que nos pueda llamar. Este "Dios" panteísta es solamente esa "energía" que lo invade todo. En la GG esa energía es llamada, como vimos, "La Fuerza".

Se cumple algo de lo que expresaba Chesterton en aquella célebre frase: "Desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada. Ahora creen en todo".

La "religión", en el panteísmo, consiste en el insertarse en esa totalidad, en "hacerse uno con el universo" (¿se recuerdan aquel personaje de Gasalla que lo decía?).

No hay lugar para atribuirle nada a nadie, si no hay personas sino el inaferrable "todo", no vale la pena preguntarse "nada": de dónde o de quién venimos, a dónde o a quién vamos, porque nadie se hará cargo.

Por otro lado, no podemos dejar de decir que la película habla también de "lo oscuro", versión "esfumada" del mal. Quien lo representa se muestra como el Diablo, con sus "cuernos". También tiene sus secuaces que secundan la obra del "Príncipe de las tinieblas".

Algunas "anotaciones" desde nuestra fe

¿Cómo juzga la fe estas "sugeridas" ideas acerca de lo divino?

Dios no es el universo, sino su creador. El Dios en quien creemos es trascendente, no se confunde con su creación.

El Dios que se nos ha manifestado y que ha implantado su reino en este mundo, no es alguien sin nombre, es comunión de Personas. No es el anónimo, sino el que posee "el Nombre-que-está-sobre-todo-nombre" (Fil 2,9).

Él mismo nos ha revelado su Nombre (sinónimo de la persona en la Escritura), por Moisés en la Antigua Alianza, por su Hijo hecho hombre en la Nueva. El único Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando Dios revela su nombre se hace "invocable" y así el trascendente viene a nosotros.

¿Qué decir de "La Fuerza"? ¿Así definimos a Dios? Para nada. Nuestro "Dios es Amor", como lo llama san Juan, tiene entrañas de misericordia, es el compasivo. Su fuerza se manifiesta en la debilidad, como lo recuerda el Apóstol Pablo (2 Co 2,9). El Todopoderoso se manifiesta en el abajamiento, en la impotencia de la Cruz.

De "La Fuerza" a los fuertes

Otra punta de estas cuestiones. Sabemos bien que no es posible separar la idea y el concepto de Dios de la idea y el concepto del hombre, ya que él es su "imagen" creada. Hasta podríamos inventar: "Dime qué dices de Dios y te diré que crees del hombre".

¿Qué imagen hombre surge de "La Fuerza"? El film nos lo muestra a diestra y siniestra. El hombre "fuerte". Por algo se llama a la serie "Guerra". Según esta visión, está incrustada en la naturaleza humana el combate, el conflicto, el vencer por la fuerza.

La relación entre los seres humanos no será la de la fraternidad ni la del reconocimiento de la misma imagen de Dios en los otros. Se relacionarán según "la ley del más fuerte". El débil no cuenta, es apartado, nadie narra su historia.

Algo de todo esto aparece en la película de forma evidente. El Parlamento galáctico resulta inoperante. Por lo tanto, el entendimiento y el diálogo deben ser abandonados. La Federación del comercio, con su ejército de droides, ataca impunemente y quiere conseguir por la fuerza sus intereses económicos. La imposición bélica triunfa sobre la pacífica negociación. El guerrero se impone al político.

Alusiones cristianas

No quiero terminar estas observaciones sin al menos mencionar otro elemento que aparece en este episodio de la GG: la alusión a diversas realidades cristianas. Recordémoslas.

El niño Anakin ha nacido de una "madre virgen", una velada referencia a la maternidad virginal de María (Lc 1,36).

Es llamado "el Elegido", una clara mención a la persona del Hijo de Dios, como aparece, por ejemplo, en la escena del Bautismo del Señor (Mt 3,17) .

Él traerá el equilibrio. ¿No suena a, por ejemplo, "el año de gracia del Señor" (Is 61,2; Lc 4, 19), el Jubileo que Cristo proclama e instaura?

Con reminiscencias a Juan el Bautista, se duda acerca de su identidad: ¿será él o no? (Mt 11,3).

Y, finalmente, comienza, bajo la guía de su Maestro Obi-Wan, su aprendizaje jedi. La Sagrada Escritura nos presenta también al Hijo único del Padre como aprendiz (Jn 5,19-20).

Termino este comentario recordándoles y recordándome la necesidad del ser "críticos", del saber distinguir y analizar las cosas, en especial lo que tiene que ver con los medios de comunicación social, que no son sólo algo "que vemos" sino que también algo "con lo que vemos". La luz de la fe nos hace ver las cosas y juzgarlas según Dios, como intentamos hacer aquí.

Me despido con el saludo de Cristo y de los cristianos: "Que la paz esté con ustedes".

Alejandro Ferrari, Pbro.

Publicado en: "Montevideo entre Siglos" Año 6. Nº 110, 30


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