FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


Los juegos de azar, un lugar desde donde mirar la salvación

Pbro. Lic. Alejandro Ferrari

 

Dejamos de lado otra clase de juegos posibles: deportivos, didácticos, etc., para ceñirnos a aquellos comúnmente llamados «juegos de azar» en donde interviene el sorteo y el azar, especialmente aquellos regulados por el Estado.

Vamos, en primer lugar, a trazar un mapa del fenómeno del juego: viendo que es lo que se muestra en él. Inmediatamente, interpretarlo, buscando aquello que escondido clama su aparición. Para concluir, esquemáticamente, anotamos qué aspectos de la revelación y la salvación cristianas pueden ser destacados o mejor recibidos por el secularizado uruguayo que apuesta en los juegos de azar.

 

El fenómeno qué se muestra.

Un relevamiento de los juegos «oficiales», los reconocidos legalmente y regulados por el Estado no deja de asombrarnos: las clásicas quiniela y lotería, la tómbola, los fallidos 5 y 6 y el Quico, los modernos comboleta y 100 x 100, el exitoso Cinco de Oro en sus dos versiones.

El asombro crece si consideramos la participación de la gente. Una encuesta reciente realizada por Factum, nos muestra que el 67 % de los uruguayos mayores de 16 años apuesta habitualmente a alguno de los cuatro juegos de azar administrados por el Estado. (1)

Todo lo cual, sumado nos lleva a concluir que el juego de azar -como tal- es un fenómeno masivo, no marginal de la cultura uruguaya.

Lo primero que aparece, entonces, es la gran masa de gente que juega: ya sea en forma individual -esporádica o sistemáticamente- en la quiniela o la tómbola todos los días de apuesta; en los colectivos para el Gordo de Fin de Año con su Revancha de Reyes, o aquellos -la mayoría- que sólo se anotan con el reciente Cinco de Oro y Cinco de Oro junior. Podría hacerse una diferenciación según el nivel socio-económico de los apostadores, que no invalidaría el juicio global: aunque a distintas cosas todos juegan.

Junto con las personas surgen los lugares en donde se hacen las apuestas: una organizada red que hace que en los todos los lugares posibles y con gran laxitud de horarios se levanten las apuestas: kioscos, salones, agencias, sub-agencias.

El funcionamiento de todos estos juegos consiste en acertar los números que salgan sorteados. Por eso es fundamental elegir bien tales números. Para tal fin, varios medios se utilizan: desde convertir el contenido de los sueños en cifras (existen tablas para eso), pasando por utilizar las fechas, con motivo de cumpleaños y aniversarios, registrar números de matrículas de vehículos, cifras a las que se sigue fielmente, hasta el pedido a otros de los números que se desea ganadores. Últimamente se advierte otra modalidad: los números sorpresa que el agenciero eligió de antemano. Todos son medios que posibilitan que la elección de los números sea feliz.

Otra cara del fenómeno, en especial en los últimos años, es el influjo de los medios masivos de comunicación, en especial de la televisión, en la manutención y fomento de los juegos. Ya existía la transmisión por radio del sorteo de la quiniela o de la Lotería Nacional; ahora se incorporan la transmisión del sorteo semanal del 5 de oro y de la Lotería y además avisos publicitarios, muy bien logrados, que promocionan todos los juegos regidos por la Dirección general de Loterías y Quinielas.

El sorteo, en cuanto tal, pide ser escuchado y/o visto, con la boleta de apuestas en la mano. Forma parte del ritual. Dejarse alegrar y esperanzar si se va acertando o desinflando si las probabilidades van decreciendo. No es lo mismo que le cuenten el sorteo. Hay que participar de él, y romper la boleta si se ha perdido.

Los «ministros» que intervienen en el juego son bien definidos: el apostador, el intermediario que además de levantar la apuesta, aconseja posibles números y desea suerte, los niños cantores, portavoces de la Diosa Fortuna, recompensados por su intermediación (ineludibles portadas de diarios y noticieros al otro día del Gordo de Fin de año y Revancha de Reyes), un escribano con otros testigos, garantía de que las leyes del juego serán respetadas.

 

¿Qué «hay en juego» en el juego?

Una vez acotado el fenómeno, vamos a proceder a «abrirlo», a explicitar sus implícitos. ¿Se juega sólo para hacer dinero, para intentar salir de pobre o tener alguna cosa más: la casa propia, el auto, la casa afuera? Son los motivos aparentes que formalmente aparecen. Pero quizás podamos sospechar un poco e interrogar a la misma realidad acerca del motivo o de los motivos que llevan a las personas a jugar y apostar. Concretamente que hay en el juego (lo buscado) y que hay en el que juega que lo mueve a jugar. Ayuda mucho ver y escuchar la publicidad que se hace para promocionar estos juegos de azar «oficiales», algo muy reciente.

¿Qué hay en el juego y en el jugador? En el juego -de azar o no- se vive la polaridad del sujeto con la realidad.

Todo juego persigue un objetivo. Se trata de construir, a través de una actividad particular, un esquema que permita operar sobre la realidad. Su misión [...] apunta a una nueva planificación de la realidad.

El juego, como ficción, significa un tomar distancia de la realidad cotidiana, una ruptura del ritmo de actividad práctica...

[El juego] significa la oportunidad de superar la frustración que sufrimos en el mundo de la responsabilidad familiar o en el trabajo... En él se desencadenan nuestras fantasías de omnipotencia, de control de la realidad...

La rivalidad y la necesidad de desafiar a un destino de frustración son los móviles que nos impulsan a jugar.

Es el momento de delegar en un billete, en un caballo o en la ruleta, nuestro reto a la vida (2)

 

La realidad se piensa, se sufre, se padece -muchas veces-, se vive, en definitiva, como frustrante, como limitante de la persona: desde la limitación personal, social, etc. Nos gustaría «ser» otra cosa. Ni la más perfecta realidad podría apagar esta percepción, por un lado, de la realidad, y el deseo, por otra parte, del hombre de cambiar «su» realidad.

El «soñar» es inherente al hombre, es muestra de su vocación a la infinitud; por eso no puede dejar de soñar. Ninguna realización lo sacia, son todas parciales. Por ahí la experiencia de la frustración, que entra en el horizonte de su existencia.

Mediante el juego, el hombre «sueña» que va a cambiar la realidad, que va a tener prosperidad económica, que ahora no tiene, eliminando la frustración, o la postergación de sus sueños. Este es el «mensaje» que nos transmite la campaña publicitaria: «para hacer tus sueños realidad», «para darte todos los gustos», «para que el buen humor te dure toda la vida». El «para», con el que se inicia cada frase, nos revela la finalidad: cambiar el hoy, soñar el mañana. La publicidad busca tocar esa parte escondida, subyacente, latente: los sueños se hacen realidad.

Por detrás de lo meramente material (porque es verdad que la gente busca, con el juego, poder tener más) se busca algo más. Un breve sondeo, que podemos hacer simplemente con aquellos que vemos con frecuencia, nos permite conjeturar que se busca un «no se qué» cuando se apuesta: in recto se busca el premio en dinero: para la casa, el auto, los viajes, etc.; in obliquo se postula que con eso, con lo material, se obtiene la felicidad deseada y esperada -los sueños-, que nos viene. ¿Cuáles son esos sueños sino los de la armonía familiar, el que los suyos pasen bien, el darse los gustos -que para eso uno trabaja-, ser solidario, vivir siempre con una sonrisa?

Todo esto presupone, al menos, dos cosas. La primera, mas obvia, es que la felicidad, los sueños están por cumplirse, son sueños todavía. La segunda, más en sordina, es que la felicidad tiene necesariamente sino una base al menos un componente material: si no se dan determinadas condiciones materiales: casa, desahogo económico, etc., la felicidad aparentemente es irrealizable.

Esta realización de sueños, muchas veces se enmarca en una actitud solidaria; por eso se escuchan varias promesas: si saco voy a ayudar a tal institución, o tal o cual. Se agrega otro componente: los otros. Cada uno tiene una responsabilidad, un cuidado de los demás. El juego no puede escapara a esta realidad.

Desde otro ángulo, el fenómeno del juego postula la existencia de imponderables, que escapan al control del apostador, en nuestro caso, sin menoscabo de que el juego de azar tiene sus leyes.

Los juegos de azar son la contracara de los juegos deportivos, que se deciden por la lucha y la aplicación de los jugadores. Aquí el éxito no depende de las habilidades personales. La ley interna es: dejar que la suerte sea suerte, que decide sin que podamos influir en ella. Hay que tener «suerte», la cual escapa a toda posible influencia y quita responsabilidades y culpabilidades.

Por un lado, el fenómeno del juego abre la existencia acabando un cierto derrotismo determinista («estaba escrito», «es el destino») que no da lugar a la libertad y a salir de ese círculo. Siempre hay otra «chance», otra probabilidad (25 en un millón es la de acertar el Cinco de Oro), por eso seguir un número, una muestra de «fidelidad» a la Diosa Fortuna: a la suerte se la ayuda.

Por otro lado, el juego evidencia que la libertad personal y social no lo explica todo. El juego tira por tierra un cierto «voluntarismo de cuño pragmatista («querer es poder»); que explica la historia sólo por la acción libre y pierde de vista la determinación, moderada pero real, que ejercen las `circunstancias' y lo causal». (3) No basta con el esfuerzo personal (necesario) para lograr la felicidad, hay que buscarla y recibirla como regalo, su origen no está en uno.

De ahí la dimensión de riesgo que posee la existencia: mucho de lo que es decisivo escapa a nuestra capacidad de programar, planificar. No sé de quien depende el destino. Hay un imponderable trascendente.

 Sintetizamos: en el juego se muestra la polaridad sujeto-realidad, la frustración y el «sueño» de que sea mejor. El juego, ésa es su finalidad, canaliza estos sueños: de bienes materiales y en ellos de felicidad total. Además el juego muestra cómo existen realidades que escapan a la libertad y a la acción personales: imponderables que están presentes (a veces como ausencia) influyendo, que dan a la existencia un toque de riesgo e inseguridad. El juego no es la vida pero la vida tiene algo de juego, de «timba», como lo ejemplifica el cuplé del Timbero de Raúl Castro (4) .

Ventanas que se abren.

El fenómeno del juego, tal cual lo «abriéramos», nos permite descubrir algunas ventanas que se abren para que la Luz de la Revelación de Dios en Jesucristo, inunda la habitación de la existencia humana. Las formulamos esquemáticamente y en forma imperativa.

a) la salvación debe ser experimentada como plena realización, como felicidad, como sueños postergados y realizados. Hay un hueco en la vida de los hombres que requiere ser llenado, hay una vocación del hombre a la felicidad que está trunca, y que solicita, clama por su realización.

b) la salvación pide ser vivida como regalada, como venida desde fuera, no exigida por una parte pero reclamada ineludiblemente por la misma existencia que sino queda sin sentido. Se constata su carencia a la vez que su necesidad y también la imposibilidad del hombre: no existe la auto-salvación. Es gratuita pero no superflua.

c) la salvación debe ser comprendida como englobante de todo lo que es el hombre: en su interioridad constitutivamente corporal-material y relacional. No es algo meramente interior (aunque tenga su dimensión interior), ni meramente individual, sino que es global del hombre y de los demás.

d) la salvación pide una búsqueda, un recibirla activamente.

e) la salvación reclama en el creyente una visión «providencial» de los acontecimientos: nada hay fortuito o porque sí, porque nada escapa a la acción de Dios que no quita, por otra parte, el ejercicio de las libertades.

 

NOTAS

  1. Cfr. Encuesta de Factum, publicada por la revista Guambia: «!Cómo timbeamos los uruguayos¡¡¡». Año XI. Nº 213 (1994) 27-29.

2 Enrique Pichon-Rivière y Ana Pampliega de Quiroga Psicología de la vida cotidiana. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1985 (2ª) 136-138. (cursiva nuestra).

3 Horacio Bojorge. «La suerte como lugar teológico en la Biblia» en Itums. Libro Anual. Nº 2 (1975) 104

4 Cfr. Excursus 1.

 

 Excursus 1

 Cuplé del Timbero (Fragmentos)

 Letra de Raúl Castro para «Falta y Resto» '83

 Coro

Si Usted tiene muchas ganas de jugar. (bis)

Aquí viene el jugador, ésta es su oportunidad.

No se quede con las ganas de jugar.

Déle Señor timbero, no se nos vaya a achicar,

Queremos que nos cuente a que sabe usted jugar.

 

«Timbero»

Yo por guita he jugado hasta el Ludo,

a las Damas Chinas, también Ajedrez;

al Balero, al Mus y al Desconfio,

y a la Generala, por guita jugué.

Punto y Banca, el Sucio y el Rummy,

la Guerra y el Gofo también practiqué.

Cuando pibe con las Figuritas,

Trompos y Bolitas yo me entreveré.

Pase Inglés, Siete y Medio y la Conga,

Chorizo y la Taba, Escoba y Chinchón,

soy burrero, feroz quinielero,

me mato en la Rula y juego al Billar.

Mi pasión es la Ruleta Rusa

y no encuentro a nadie que quiera jugar.

 

Coro

Pare con los juegos, timbero vicioso.

 

«Timbero»

Son todos timberos y se hacen los osos.

 

Coro

Hay gente que nunca ha jugado en su vida.

 

«Timbero»

Eso es imposible, lo explico enseguida...

 Son timbas todas las cosas,

se lo voy a demostrar,

si ustedes no me interrumpen y me dejan relatar.

Si cruzamos con la roja es una timba seguro,

y es timba recomendar un amigo pal laburo.

Es timba comprar barato en una liquidación,

y es timba llamar al service para la televisión.

Es timba salir con ella si recién la conocés.

Y es timba cuando ella dice:

- Hoy dejá no te cuidés.

 

Coro

Fíjese que pinta, que tipo fulero,

este personaje es flor de timbero.

A veces es paria y a veces bacán.

Hoy vienen los mangos, mañana se van.

 

«Timbero»

Son timbas los dos paquetes

de cigarros que fumás,

o cuando das un examen aunque mucho no sepás.

La gente toda es timbera,

ya verán que no les miento,

fijensé que todavía, sigue habiendo casamientos.

 

Coro

El timbero éste, será el acusado.

Ustedes amigos serán el jurado.

Vamos escuchando, dejando que hable.

Pero no parece que el tipo es culpable.

 

«Timbero»

Que me escuchen, les pido murguistas,

porque mi deseo es de compartir,

mi experiencia, en esta platea,

en ese gran juego que es el de vivir.

cuando niños jugamos contentos,

al hermoso juego de las escondidas,

ya de grandes pasamos buscando,

pero la quedamos toditos los días.

 

Coro

Fíjese que pinta, que tipo fulero,

este personaje es flor de timbero.

A veces es paria y a veces bacán.

Hoy vienen los mangos, mañana se van.

 

«Timbero»

Los botijas juegan a sus trompos

tirando la cuerda que se desenrrolla,

luego hay hombres que con un puazo

te largan con todo, lejos de la Troya.

la Rayuela, que juego bonito,

con tiza, con piedra, pintada en el suelo,

ya de grande vivís a los saltos,

pero no hay ninguno que llegue hasta el cielo.

 

Coro

El timbero éste, será el acusado.

Ustedes amigos serán el jurado.

Vamos escuchando, dejando que hable.

Pero no parece que el tipo es culpable.

 

«Timbero»

Ligas Full y te acusan un Póker,

plantaste con siete pero igual pagás,

a la Taba, echás sólo eso

y con la Quiniela al fin la quedás.

Esta vida, señores, es un Tuti,

donde yendo a menos seguro marchás

Más que eso ésta vida es un Truco,

que esta Falta y Resto, va a poder ganar.

 

Coro

Vemos que ha defendido con mucha elocuencia

Vemos que ha probado muy bien su inocencia.

La última pregunta es fundamental,

díganos si apuesta por el carnaval.

 


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