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FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


"¡SED MUTUAMENTE TOLERANTES!"

R. Pedro Richards, C.P

Con esa fórmula es que, antiguamente, eran despedidos los novios por el Celebrante de sus Bodas. Es que él / la flamante consorte es, también, víctima del Pecado Original. Tiene, por tanto, sus defectos y sus limitaciones. El Romanticismo no podrá ni cambiarle el color de los ojos ni, menos aún, (como por ensalmo) las debilidades y miserias. Durante años, otros educadores (padres y maestros o directores de conciencia) han procurado mejorar ese carácter masculino o femenino. Pero todavía queda mucho que hacer en el mutuo roce diario de marido y mujer. Se ha dicho: como los guijarros, en el lecho de un arroyo, se van suavizando al rozarse sus rugosidades, así habría de ser la positiva influencia conyugal cotidiana.

PASIÓN Y RESURRECCIÓN

Al ser una participación en la Vida de Jesús, todo Sacramento participa de estos dos aspectos: el dolor y la alegría. El péndulo conyugal, de modo parecido, oscila entre la derrota y el triunfo.

Famoso es el relato de un escritor anglo-sajón con el título: "¡Yo no te prometí un jardín de rosas!" Y, añadiríamos, si lo hubiera hecho, en las rosas todo no son pétalos. ¡También allí se encuentran espinas!

¿Cuál es, pues, la participación en la Pasión de Cristo que les toca a los casados en virtud de su Sacramento Nupcial? Se podría enumerar, con los franceses, el "terrible cotidiano".

Jesús, en la Cruz, debe de haber contado --con cada gota de su Preciosísima Sangre-- los minutos y segundos de esas interminables tres horas. ¿Cuándo terminará esta monotonía de estar en una misma posición ¡y nada cómoda, por cierto! No es de extrañar que tanta casada huya --como Pedro en el "Quo Vadis"? --de esa diaria repetición de comidas a hacer, camas que arreglar, ropa que lavar … A menos, entonces que estas tareas se vean, gozosamente, como parte de la vocación familiar, pueden aplastar como a Cristo caído bajo la Cruz, camino al Gólgota.

Algo parecido digamos del marido En la mayoría de los casos lo que se ha de hacer hoy, ya se hizo parecidamente, ayer. Y mañana le espera el mismo lugar, el mismo trabajo, el mismo Jefe y compañeros. Si no sobrenaturaliza todo esto uniéndolo a la Pasión de Jesús ( que ya la empezó en el taller de Nazaret) habría que darle la razón al baturro que cantaba: "El trabajo embrutece"

EL CÁLIZ DE LOS HIJOS

Hay una leyenda que dice que, a punto de ser clavado Jesús, unas piadosas mujeres ( que se dedicaban a aliviar la suerte de los condenados), le ofrecieron hiel con el propósito de entumecer sus sentidos -- cual si fuera un anestésico--. El Evangelio dice que los rechazó: quería conservar la clarividencia de lo que hacía en el Calvario. Tener hijos ( que le toca a la esposa) y educarlos (que les toca a los dos en todos los momentos y no meramente, al marido, cuando sean mayorcitos) no es siempre reconfortante. Desde los inconvenientes de la gestación y del parto hasta ese embarazo prolongado que es "formar a Cristo en el corazón" de sus criaturas, (que toma por lo menos 20 años), más de una gota de Cáliz habrán de sorber los padres.

"El Amor trae consigo el Dolor pero es el Dolor el que hace el Amor y el que no conoce de dolores no conoce de amores pues de dolores está hecho el traje de amadores" es dicho entre los alemanes.

"OS HE DESPOSADO CON EL VIRGEN"

Esta extraña y no fácilmente comprensible afirmación de San Pablo ha de entenderse que, por el Bautismo, el cristiano se ha desposado con el Cristo.

Es que Él es el Esposo de la Iglesia e "Iglesia" es todo bautizado. Mucho antes, pues, que aparezca en el horizonte él / la pretendiente para el Matrimonio, hay ya unas nupcias: las virginales con Jesús.

De allí la lógica de la enseñanza católica de no sólo casarse sino que él / la consorte (que está allí afuera) ha de parecerse al que está adentro. Si el Divino Esposo (con el cual se ha contraído esas místicas nupcias bautismales) es "católico", también "católico" debería ser él / la cónyuge. Es como contradecir y traicionar al de ADENTRO casarse con uno / a de AFUERA que no piense, ame y actúe como Cristo.

TODO TIENE UN PRECIO

Los que se casaron sacramentalmente encendieron el fuego de su Amor al contacto con ese fuego que Jesús vino a traer a la Tierra y que, gráficamente, lo mostró a Sta. Margarita María en sus Apariciones de 1675 en Paray-le-monial. ¿Cómo mantener ese fuego nupcial y no sólo en la misma medida sino que vaya en aumento?

Sería la participación en las claridades del Tabor y de la Resurrección.

Aunque la pobre naturaleza humana (muchas veces tergiversada en sus enfoques por la presentación hedónica y romántica del casamiento cual se ve en el cine o se lee en las novelas) acepte con dificultad el hecho, no hay otro leño para alimentar ese Fuego Sagrado que el de la Cruz. Jesús, el Amor Encarnado, lo enseño sin titubeos: "El que quiere venir conmigo, ¡tome su Cruz diariamente!" ¿Quién duda que la vida en común ofrece a los casados múltiples ocasiones de sacrificarse, el uno por el otro o los dos por los hijos o la familia por la Comunidad?

Juan Bautista, el Protomártir del Matrimonio, prefirió perder la cabeza a aceptar una unión incestuosa cual la que vivía el rey Herodes. Hoy oímos de esposas / os que arguyen: "Si no cedo a lo que el/ella me pide, lo / la voy a perder!" Y, en vez de argumentar a favor del Tercero del Matrimonio Cristo (al cual han jurado fidelidad ante el Altar) pierden la Gracia de Dios (cometiendo Pecado Grave) por una práctica no casta de su intimidad: coito interrumpido - píldoras hoy abortivas- espirales cuando no mutua masturbación o relaciones anales.

Si bien, después del Vaticano II, se estila hablar de "Alianza", el viejo término "contrato" está vigente en la escénica de la entrega que se hacen los novios e día de sus Bodas. Y, como todo contrato, hay ciertas condiciones que ( de no tener la intención de observarlas) invalidarían la mutua entrega.

No sólo están en juego las tres características esenciales del Matrimonio: unidad - indisolubilidad - carácter sagrado sino, asimismo, las tres finalidades: fidelidad - santificación - fecundidad. Es a este "contrato" que (como las partes litigantes de cualquier compromiso) han de apelar los cónyuges cuando uno de ellos quiere apartarse de lo prometido. Por eso es que hay un Tercero: para apelar en El tanto en la "puesta en marcha" de la tarea más seria que se le ha dado al Ser Humano sino, también, para que decida --en el conflicto-- cuál es la solución acertada. Ni el casado pertenece a su mujer ni ella a él sino los dos a Cristo. Para eso es la vocación matrimonial y para servirlo a Él es que fueron llamados.

FALSA PRETENSIÓN

En el fondo del corazón humano está la búsqueda de la Felicidad. Por eso es que, con indudable ambigüedad, se les desea a los flamantes consortes "¡Mucha Felicidad!" Pero esa "felicidad" es como las migajas que recogía el pobre Lázaro y que caían de la mesa del Rico Epulón. Del Cielo, indudablemente, caen "migajas" de Felicidad: amarse- tener un (o varios) hijos - una Primera Comunión - ser Abuelos…

Pero son "migajas" que llegan con el cumplimiento de los "deberes de estado". Buscar la Felicidad "de por sí" es ahuyentarla -- como querer atrapar el horizonte: cuanto más se le persigue, ¡más se aleja! Jesús hacía una diferencia entre el Gozo que él dejaba a los suyos y el que el Mundo ofrece: "Mi paz os dejo, no como el Mundo os lo da". Este último es efímero, sensual, pasajero. El otro es interior y deja un gusto en la boca de más y mejor. De esto hablaba aquel conocedor de buscar la Felicidad en la horizontal para, luego, convertido encontrarla en la Vertical: "Para Ti, Señor, haz hecho nuestros corazones, e inquietos estarán hasta que descansen en Tí!" (S. Agustín).

Así se da esa necesaria evolución ( si es que se quiere realmente ser feliz) de un amor que empieza siendo carnal y pasional, con el tiempo ( bien utilizado) volverse más de acuerdo con el carácter racional del Ser Humano para transformarse finalmente en Espiritual por obra de la Gracia. 1


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