FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


ACERCA DEL ABORTO.

(Lic. Néstor Martínez)

Nos parece que el argumento principal contra el aborto puede tener esta forma:

1) Comienza constatando que desde la concepción en adelante existe un desarrollo gradual continuo, ininterrumpido, que culmina en un feto humano suficientemente desarrollado como para nacer.

2) Continúa diciendo que en un desarrollo gradual de ese tipo no hay razón alguna para afirmar un cambio específico, sino que por el contrario, ese desarrollo gradual y continuo nos obliga a reconocer que la especie zoológica ha sido la misma desde el comienzo en adelante.

3) Concluye en primer lugar, entonces, que el embrión es de la especie humana desde el momento mismo de la concepción.

4) Y de aquí concluye, en segundo lugar, que se le debe reconocer el más básico de los derechos humanos, que es el derecho a la vida, desde ese mismo momento, y que por ello el aborto directamente provocado es en cualquiera de sus formas un acto de homicidio, tanto como si se tratara de un niño ya nacido.

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1) En cuanto al primer punto, hay que señalar que es precisamente la fecundación del óvulo por el espermatozoide la que pone en marcha el proceso de desarrollo que desemboca en un recién nacido de la especie humana. En efecto, antes de la fecundación, el óvulo y el espermatozoide podrían continuar en su propia forma por los siglos de los siglos. Inmediatamente después de la misma, la ciencia registra un proceso de aumento de tamaño y desarrollo orgánico progresivo que ya no se detiene hasta la madurez, probablemente, del ser humano.

Ese desarrollo gradual que comienza en la concepción no es en ningún momento un proceso de sustitución, sino de aumento y modificación, es decir, el sujeto del desarrollo permanece el mismo desde el instante mismo de la concepción, y sigue así hasta el momento de la muerte.

2) En cuanto al segundo punto, el argumento aquí consiste en que un desarrollo gradual, progresivo y continuo no puede ser nunca, simplemente hablando, el proceso de constitución de una especie natural.

De aquí se concluye lógicamente que si al final de un proceso de desarrollo de ese tipo se encuentra un individuo de una especie determinada, por ejemplo, la humana, es que esa especie ha sido la misma, sin variar, desde el comienzo de dicho proceso de desarrollo.

A su vez, el punto de partida de esta argumentación se fundamenta de este modo:

Una realidad que no admite grados, no puede ser el fruto, simplemente hablando, de un proceso de desarrollo gradual. Pero las especies naturales no admiten grados. Ergo.

En efecto, un desarrollo gradual y continuo implica la idea de una aparición o constitución gradual y progresiva de la cosa que se desarrolla de este modo, y esto a su vez implica la idea de una sucesión de grados de dicha realidad que se va constituyendo de ese modo.

Pensemos por ejemplo en la gradual formación de una estatua bajo el cincel del escultor. Es claro que se puede hacer una serie de fotografías que muestren los diversos "estadios", es decir, los diversos "grados" que la estatua recorre hasta llegar a su forma perfecta y acabada. Ninguno de los estadios anteriores es plenamente ella, pero también, ninguno de los estados anteriores deja totalmente de serlo.

Luego, si para una entidad cualquiera fuera intrínsecamente imposible existir en diversos grados de sí misma, esa misma entidad sería absolutamente incapaz de desarrollarse gradualmente.

Ahora bien, las especies naturales son precisamente realidades de este tipo.

No es posible la existencia de grados de una especie natural. Una naranja no puede ser más o menos naranja que otra.

Una naranja no puede ser parcialmente naranja o no completamente naranja.

Una cosa cualquiera, o es una naranja, o no lo es.

Luego, concluimos que las especies naturales, como tales, son absolutamente incapaces de desarrollo gradual.

Y entonces, debemos admitir que en todo desarrollo gradual, en el cual el único factor a tener en cuenta sea el desarrollo mismo, la especie natural permanece la misma desde el comienzo en adelante.

Pero el desarrollo del embrión humano, desde la concepción, hasta el nacimiento, y después, es un desarrollo de ese tipo.

Luego, hay que concluir que la especie natural permanece la misma, en el caso del hombre, desde la concepción, hasta la muerte.

Pero la especie que encontramos en el hombre desde que nace, por ejemplo, hasta que muere, es la humana.

Luego, hay que concluir que la especie del embrión, desde el mismo instante de la concepción, es la humana.

Ahora bien, el pretender directamente y con hechos la muerte de un ser humano, sin querer entrar a discutir aquí el caso de la pena de muerte aplicada a los culpables de graves crímenes, es homicidio.

Pero el aborto consiste precisamente en pretender directamente, con hechos, la muerte de un ser humano inocente.

Luego, el aborto es homicidio.

Es claro la que la ley no puede legalizar el homicidio, que al contrario, es una de esas cosas que penalizan las leyes de todas las sociedades humanas.

Luego, el aborto no puede ser legalizado, y ni siquiera, por lo mismo, despenalizado.

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A esta argumentación se le pueden hacer algunas objeciones, como por ejemplo:

1) Se le puede objetar, por un lado, que es ha de ser posible, de algún modo, el desarrollo gradual de las especies naturales, desde que eso es precisamente lo que afirma la teoría de la evolución, hoy día generalmente aceptada por los científicos.

2) Por otro lado, se le puede objetar que no es necesario que las especies naturales puedan desarrollarse gradualmente para justificar el aborto, puesto que en realidad las especies naturales no existen.

Este último argumento diría que "naranja", por ejemplo, es simplemente una etiqueta cómoda con la cual nosotros simplificamos un complejo proceso o una compleja aglomeración de entidades, y que la realidad no posee las abruptas aristas y las divisiones tajantes de nuestra lógica. El principio de tercero excluido (algo es naranja o no es naranja) no se aplica a la realidad, sino sólo a nuestros pensamientos, o bien, si se aplica a la realidad, no implica que lo que no es plenamente naranja no pueda serlo de ningún modo.

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1) Al primer argumento respondemos así:

Es falso que la teoría de la evolución exija necesariamente que el sujeto del desarrollo gradual sea la especie natural como tal.

No olvidemos que las especies naturales no existen sino en tanto existen individuos concretos dotados de esos caracteres específicos.

Ahora bien, ello implica que todo cambio evolutivo es el cambio de algún individuo. Es cierto que mediante la herencia de los cambios registrados en los individuos, se va obteniendo un proceso de variación gradual que afecta a los miembros de una especie determinada a lo largo del tiempo.

Y que según la teoría de la evolución, al final de ese proceso se llega a un "descendiente" que ya pertenece a otra especie diferente.

Pero de aquí no se sigue que haya habido una evolución gradual de la especie como tal.

La clave para entenderlo, es que además del cambio específico, sustancial, existe el cambio accidental, que mantiene las características específicas del sujeto, pero altera alguna de sus propiedades accidentales, entendiendo por "accidentales", aquí, las propiedades que no determinan en forma necesaria el ser específico del ente en cuestión.

Por ejemplo, engordar, crecer, envejecer, son cambios accidentales. Ni la delgadez, ni la infancia o inmadurez, ni la juventud, son características constitutivas de ninguna especie natural, sino que son, en ese sentido, accidentales.

Pero entonces, es perfectamente posible entender el proceso evolutivo como una serie gradual de cambios accidentales que culmina finalmente en un cambio sustancial, específico, no gradual, sino instantáneo.

Fenoménicamente, la diferencia entre estos dos tipos de cambio no sería apreciable, primero, porque el ser sustancial, que determina la especie, no es fenoménico, sino metafísico, y segundo, porque la acumulación progresiva de cambios accidentales produce, a nivel fenoménico, la ilusión de la continuidad.

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Pero además, es imposible que la evolución haya sido una evolución gradual de las especies como tales.

No podemos, aunque queramos, referirnos a otras "especies" que aquellas que podemos representar mediante un concepto y expresar mediante una palabra, como "caballo", "hombre", "hierro", "agua", etc.

Y respecto de tales especies, es claro que no admiten grados, por lo que una evolución gradual de las mismas sería contradictoria y por tanto imposible.

Pensemos en lo que haría falta para que se diese una evolución gradual de la especie "tigre".

El punto de partida sería, obviamente, otra especie, una especie que sería diferente de la especie "tigre", y que por tanto, sea cual sea, sabemos que podemos llamarla con toda exactitud "no tigre".

Tras una serie de cambios graduales, dicha especie "no tigre" daría lugar a la especie "tigre".

Ello implica que ha de haber una serie de eslabones, perdidos o no, es decir, de especies diferentes, intermedias, entre "no tigre" y "tigre", que, en tanto eslabones intermedios, han de cumplir con la condición de ser especies diferentes tanto de "no tigre" como de "tigre".

Pero eso es claramente imposible. Cualquier especie diferente de "no tigre" ha de ser, por lo mismo, "no "no tigre"", o sea, "tigre".

Y cualquier especie diferente de "tigre" ha de ser, por lo mismo, "no tigre".

Luego, o tigre, o no tigre, lo cual ya lo sabíamos, en realidad.

No puede haber grados intermedios. Y entonces, tampoco puede haber evolución gradual de uno al otro.

Pero eso es lo que haría falta para que "tigre" fuese fruto de una evolución gradual.

Luego, "tigre", y en general, una especie natural cualquiera, no puede ser fruto de una evolución gradual.

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Supongamos, en efecto, que un individuo X, en la cadena evolutiva que culmina en el tigre, es el "eslabón" inmediatamente anterior al surgimiento del primer tigre. Tan semejante a un tigre, como se lo pueda ser, sin ser un tigre. 

Pero no es un tigre. Luego, el pasaje de X al tigre, o es gradual, o no lo es. 

Si es gradual, hace falta X', distinto tanto de X como del tigre, que sirva de intermediario. 

Luego, o seguimos hasta infinito en la serie de intermediarios - pero entonces, jamás llegaremos al tigre.

O bien, afirmamos un pasaje sin intermediarios de una especie Y al tigre. 

Pero entonces, se trata de un surgimiento no gradual de la especie "tigre" como tal. Hasta el primer tigre, no había tigre en modo alguno, luego, lo hubo. No hay aquí evolución de la especie como tal. 

¿Se dirá que "Y" era "un poco tigre, pero no totalmente"? 

Esto equivale a negar que existan especies diferentes. Si puede haber algo que sea "un poco tigre", no tiene sentido decir que hay otra cosa que es "completamente tigre". ¿Porqué y dónde trazar la línea entre lo imperfecto y lo perfecto? ¿No será que está aún por aparecer un tigre que sea más tigresco que los actuales? "Un poco tigre", con ese razonamiento, era ya la materia primordial antes del surgimiento de la vida, y lo son en general todas las cosas, así como "un poco" cualquier otra especie. Pero entonces no existe algo así como el "tigre", en cuanto especie determinada distinta de las demás especies. Ni ninguna otra especie, en ese sentido. Eso lo analizaremos en 2).  

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2) La única forma de hacer frente a este argumento es recurriendo en realidad a la segunda objeción : las especies no existen, el proceso evolutivo no es el sucederse de formas perfectamente definidas y abruptamente distintas unas de otras, sino que es un fluir sin contornos fijos.

Por ejemplo, en una metafísica atomista, se podría decir que lo que llamamos "especies" no son en realidad otra cosa que conglomerados de átomos, y que por ello el límite entre una "especie" y otra es difuso, ya que no puede pretenderse que un átomo, o dos, o una cantidad determinada y precisa de átomos haga la diferencia.

Pero la conclusión de este argumento va mucho más allá de lo que pretenden sus defensores. Porque lo mismo se puede decir del átomo. ¿Acaso ha de admitirse un límite abrupto entre un átomo y otro? Al menos, junto con los átomos deberemos admitir el vacío. ¿Es necesario que haya un límite abrupto entre un átomo y el vacío que lo rodea? Si todos los átomos son de la misma especie, las diferencias que notamos en el mundo dependerán solamente de la cantidad de átomos: 3 átomos, 4 átomos, 10 átomos: ¿acaso será necesario admitir un límite abrupto entre el 3 y el 4, o entre el 4 y el 10?

Y si los átomos son de especie diferente, reaparece una conocida pregunta: ¿habrá que admitir un límite abrupto entre esas especies diferentes?

Por último, ¿habrá que admitir un límite abrupto entre el ser y el no ser?

En realidad, la conclusión final a la que lleva un argumento de este tipo es que no tiene sentido hablar, tampoco para proponer ese argumento.

En efecto, nuestras palabras y nuestros conceptos son todos abruptos. El principio de tercero excluido y el de no - contradicción, del que aquel depende, reinan soberanos en el mundo de nuestro pensamiento y de nuestro lenguaje. Algo es un átomo, o no lo es, porque no se puede ser y no ser átomo al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Luego, si la realidad no es igualmente "abrupta", entonces nuestro pensamiento y nuestro lenguaje no pueden ser aplicados a la realidad. Pero entonces no tiene sentido seguir pensando ni seguir hablando.

Pues en un "mundo" así no habría ser, y ni siquiera habría no ser. Luego, ni siquiera puede decirse que no habría nada.

Respecto de un mundo así, nada podría decirse.

Por eso es ilusorio pensar con los hegelianos, que podría decirse que habría el "devenir".

De nuevo ¿sería necesario en ese mundo trazar un límite abrupto entre el devenir y la inmovilidad absoluta?

Sin límites, y límites abruptos, tajantes, absolutos, no hay nada ( y ni siquiera eso, como vimos). Para aceptar los límites hay que tener el coraje de ser.

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3) Por eso, finalmente, es que tampoco es posible decir que, valiendo también para la realidad el principio de tercero excluido, sin embargo es posible un tercero entre "ser plenamente naranja", y "no ser naranja de ningún modo", a saber, "ser parcialmente naranja".

Aquí es necesario distinguir muy bien (abruptamente) entre "ser plenamente naranja" y "ser una naranja plenamente desarrollada".

Lo primero implica grados (imposibles) de "naranjez", lo segundo, solamente implica sensatos y aceptables grados de desarrollo.

Una naranja cualquiera que se desarrolla, no se desarrolla para ser plenamente naranja, sino para ser una naranja plenamente desarrollada.

El desarrollo es el desarrollo de lo potencialmente dado desde el principio. Es decir, de lo inicialmente "enrollado" en el ente en cuestión. Sin "enrollo" inicial, no puede haber, obviamente, "desarrollo" (desenrollo).

Más filosóficamente: el desarrollo es la actualización progresiva de lo dado en potencia desde el comienzo, porque no se llega a ser sino lo que se puede llegar a ser.

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Aquí se puede objetar que para que algo sea de una especie determinada, debe serlo en acto, y no solamente en potencia, y que según este argumento nuestro, no sería necesario que el embrión fuese hombre sino solamente en potencia, lo cual no alcanzaría, por tanto, para convertirlo en miembro de la especie humana.

Pero nosotros no hemos dicho que el embrión sea hombre en potencia, sino solamente que el embrión es "hombre desarrollado" en potencia, es decir, que las características del ser humano que van surgiendo en el desarrollo gradual que arranca desde la misma concepción han de estar necesariamente dadas en potencia en el fruto inmediato de esa misma concepción.

Eso no significa que todas las características propias del ser humano como tal estén solamente en potencia en el embrión.

Por ejemplo, la carga cromosómica propia de ese individuo particular de la especie humana está en acto desde la concepción misma.

La existencia actual sustancialmente independiente del cuerpo de la madre está dada en acto desde el instante mismo de la concepción. Es decir, la situación del óvulo fecundado como entidad física independiente insertada temporalmente dentro del cuerpo de la madre es la misma, en lo sustancial, que la del niño que está por nacer. No se trata en ningún momento de una parte del organismo materno como es una mano o un ojo. Eso es lo que hace posible el traslado que precede a la anidación.

Y esa entidad sustancial diferente, dotada de un código genético de la misma especie que el de la madre, pero perteneciente ya a un individuo diferente de esa misma especie, representa la existencia ya actual de un nuevo ser humano, al que ciertamente le queda por actualizar por un progresivo desarrollo una serie de características ahora sólo potencialmente dadas, desarrollo que por otra parte termina muchos años después del nacimiento.

Ahora bien, un individuo actualmente existente, que posee en acto algunas características propias y exclusivas de la especie humana, como el código genético, y que posee naturalmente en potencia todo lo necesario para desarrollar naturalmente el resto de las características de esa especie, es sin lugar a dudas un ser humano.

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4) Algunos han querido hacer una distinción y decir que se trata de un ser humano, pero no de una persona humana.

Tal vez influya aquí una concepción sicologista y actualista de la persona entendida primordialmente como sujeto de ciertas actividades intelectuales o volitivas. Es cierto que la persona, llegada a cierto estadio de su desarrollo, puede desempeñar estas actividades, pero no es persona por poder desempeñarlas, sino que puede desempeñarlas porque es persona humana.

Ahora bien, que la persona no esté suficientemente desarrollada como para desempeñar esas actividades no quiere decir que no sea una persona.

La persona, en realidad, más allá de todo psicologismo y actualismo, es en última instancia el individuo subsistente de la especie humana. "Sustancia individual de naturaleza racional", como decía Boecio. "De naturaleza racional" no quiere decir que se posea la capacidad inmediata de poner los actos racionales, sino que se posee la naturaleza específica de la cual, y no de otra, brotan en un determinado estadio de desarrollo las "facultades" (inteligencia, voluntad), que son las encargadas de poner esos actos.

De lo contrario, daríamos en una postura verdaderamente absurda: la de decir que el hombre es concebido inicialmente como "no persona", y que se vuelve "persona" en un momento dado de su desarrollo.

O bien "persona" es simplemente un cartel que ponemos para designar el ejercicio de ciertos actos; pero entonces no se ve porqué deberían ir asignados ciertos derechos, como el derecho a la vida, a la "persona" así entendida, tampoco después del nacimiento.

O bien "persona" significa un tipo especial de ser, absolutamente irreductible al ser impersonal. Y entonces, de nuevo, es absolutamente imposible el desarrollo gradual desde lo impersonal hasta lo personal. Porque no se da lo que no se tiene, y no se saca de donde no hay.

Y si se dice que lo personal está desde el principio, pero sólo "en potencia", entonces, respondemos lo mismo que arriba: lo que está en potencia al comienzo de un desarrollo gradual no es nunca la especie o el tipo de ser, sino solamente ciertas características propias de esa especie o tipo de ser que necesitan de un desarrollo gradual para manifestarse, siendo dados en acto desde el comienzo la especie o el tipo de ser en cuestión.

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5) Otros recurren, inesperadamente, a Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, con su teoría de la "animación retardada", para justificar que el embrión no es persona inmediatamente después de la concepción, puesto que el alma racional es infundida según esta teoría recién cuando el feto posee una mínima organización capaz de ejercer en cierta mínima medida los actos propios del alma racional.

 Lo primero que hay que decir de esta teoría es que de ningún modo puede ser base para justificar el aborto. Porque, más allá de las argumentaciones a favor o en contra, y además del hecho de que los que defienden el aborto suelen ser, aunque no siempre, materialistas, nunca esta teoría podrá dar la certeza que moralmente sería necesaria para poder practicar el aborto.

En efecto, si nos dan un revólver, y nos muestran una caja de cartón, y nos dicen que dentro de esa caja es posible que haya un niño, y nos piden que hagamos fuego contra la caja, sin que podamos previamente cerciorarnos de lo que hay en el interior de la misma, la sola posibilidad de que haya efectivamente un niño debe ser suficiente para que no lo hagamos, obviamente.

No se trata, obviamente, de que no podamos hacerlo nunca, porque siempre habrá esa posibilidad abstracta para cualquier caja que sea: en nuestro ejemplo se trata de la posibilidad concreta, la que depende del contexto, como sucede en el caso del embrión humano, que se encuentra en el contexto del surgimiento de una nueva vida humana,

El que debe probar su punto con toda certeza no es el adversario del aborto, sino su defensor.

Nótese que este argumento va más allá del caso particular de la doctrina de la "animación retardada", y es válido contra el aborto en general.

En efecto, en ningún caso tenemos modo de establecer una certeza rigurosa acerca de en qué momento preciso el feto comienza a ser persona. Y sin esa certeza, el aborto directamente provocado implica siempre, necesariamente, el exponerse a quitar la vida a una persona humana, lo cual no es lícito en ningún caso.

Ahora bien, la infusión del alma espiritual, hecho eminentemente metafísico, no es verificable para nosotros, ni tampoco, por tanto, el momento en que se realiza. Luego, no podemos nunca tener por este lado la certeza necesaria para poder practicar el aborto.

Por otra parte, la estrecha continuidad del proceso de desarrollo del embrión humano, junto con la estrecha unidad que la teoría hilemórfica de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino pone entre el espíritu y la materia, según la cual es el alma espiritual la que determina el carácter vegetativo, animal y humano del cuerpo del hombre, teniendo en cuenta que la carga cromosómica definitoria de la especie humana está dada desde el comienzo, hace mucho más probable, incluso en términos aristotélico-tomistas, la creación-infusión del alma humana espiritual por Dios en el instante mismo de la concepción.

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6) Finalmente, otros recurren a ciertos fenómenos que suelen suceder poco después de la concepción para decir que es imposible que nos encontremos en ese caso ya en presencia de una persona humana.

Por ejemplo, hay ocasiones en que dos óvulos ya fecundados se unen para formar un solo embrión, que es el que luego continúa desarrollándose. O bien, un solo óvulo es fecundado por dos espermatozoides diferentes, con diferente carga genética. En estos casos se habla de "quimeras". 

Y en otras ocasiones, al revés, un solo óvulo ya fecundado se divide en dos, dando lugar a pares de gemelos "monocigóticos".

Se ha argumentado que la definición de "individuo" implica la "unidad" y la "unicidad", y que fenómenos como ésos muestran que el óvulo fecundado, hasta el momento de la anidación, no posee esas características, por lo cual es, sí, "vida humana", pero no un "individuo" o "persona" humana, sino un conjunto de células humanas solamente.

La definición biológica de "unidad", para algunos, es ser una "realidad positiva que se distingue de toda otra" (Lacadena), para otros, "imposibilidad de dividirse" (López Moratalla y Ruiz Retegui), para otros, "ser uno solo". 

En cuanto a la unicidad, es definida como "calidad de ser único" (Lacadena), "imposibilidad de fusionarse" (López Moratalla y Ruiz Retegui), "calidad de ser único e irrepetible", para otros. 

De entrada notamos que hay poca precisión en estas definiciones. Algunas son circulares, y por tanto, defectuosas, como la que dice que ser único es poseer la calidad de ser único, o la que dice que la unidad es ser uno solo. Parece que lo acertado es interpretarlas desde un punto de vista biológico a partir del concepto de "código genético", que efectivamente es propio de cada individuo de la especie humana. 

Filosóficamente, "uno" es aquello que no posee división interna que dé lugar a una pluralidad, y en esa medida; "único" es aquello que no se repite, ya sea de hecho, o de derecho, es decir, que no se puede repetir. 

Parece sensato a primera vista decir que la imposibilidad de división y de fusión es requisito de la individualidad de un ser vivo: si puede dividirse o fusionarse con otros, no es un ser vivo individual. Al intentar dividir a un perro o fusionarlo con otro ser vivo, seguramente lo mataré. 

Y sin embargo, mirando más de cerca, no es así. La reproducción de la especie, por un lado, implica siempre cierta división, sea sexuada o no. Incluso en la reproducción sexuada, una parte de la materia de ambos organismos adultos se separa de ellos para comenzar una existencia individual autónoma. Y no por eso los progenitores dejan de ser individuos. 

Existen ciertos gusanos, además, que siguen viviendo, en forma de partes separadas, una vez que han sido divididos, y ciertamente que antes de ello eran tan individuos como el que más. 

Pero más aún: la posibilidad experimentalmente demostrada de la "clonación" es justamente la posibilidad de que un nuevo individuo surja por "división" a partir de otro, sin que ello ponga en cuestión la individualidad del individuo anterior, ni la del individuo resultante.

Es cierto que el individuo, como tal, no puede dividirse, por definición. Pero ello no quiere decir que no se pueda dividir físicamente a una realidad que es individual, sino sólo que no se lo puede dividir "en cuanto individuo", o sea, no que no sea posible cortarlo en partes, e incluso, en partes de la misma especie que el individuo anterior, que sigan viviendo, sino solamente que es imposible que esas partes sean partes del mismo individuo anterior, o de otro nuevo individuo, sino que cada una ha de tener existencia individual propia desde que comienza a existir. 

Con esta consideración respondemos al equívoco fundamental que subyace al argumento tomado de la embriología y de la definición de "individuo". 

En cuanto a la fusión, es propio de muchos individuos vivientes el poder alimentarse con otros individuos vivientes, que en ese proceso pierden, junto con la vida, la individualidad, y pasan a formar parte de un único individuo. Pero no quiere decir que antes de ello el alimento y el alimentado no fuesen individuos vivientes distintos.

Acudiendo a la noción de "código genético", se podría decir, por ejemplo, que todo lo que es único, es irrepetible, que el cigoto que puede dividirse en dos gemelos, no es genéticamente irrepetible, porque ambos gemelos tendrán exactamente el mismo código genético, y que sólo lo que es genéticamente irrepetible es un individuo humano único, por lo que el cigoto, a esa altura de su desarrollo en que puede ocurrirle esa división, aún no lo es. 

Pero a esto respondemos, que el código genético determina el conjunto de características del nuevo individuo, pero no por ello constituye el fondo último de la individualidad, sino que dicho fondo está constituido por la existencia sustancial concreta que "soporta" todas esas características y al código mismo. 

La prueba evidente de ello es que dos gemelos monocigóticos adultos tienen el mismo código genético exactamente, y podrían incluso coincidir en todos sus "rasgos" físicos y caracteriológicos, y sin embargo, son obviamente dos individuos distintos, y dos personas distintas e irrepetibles cada una de ellas por su cuenta. Si uno viviese en Brasil y el otro en Francia, a nadie se le ocurriría decir que se trata de la misma persona. 

Y lo mismo decimos, obviamente, hablando de la fusión de cigotos.

El argumento aquí podría ser: 

"No es posible que dos individuos se fusionen para dar lugar a algo que no es un individuo. Pero la "quimera" no es un individuo, porque no posee un único código genético. Luego, los cigotos que se han fusionado para dar lugar a la "quimera" no eran individuos aún a esa altura de su desarrollo".

Aquí la cuestión fundamental nos parece ser que por más que en el origen de la "quimera" haya dos códigos diferentes correspondientes a dos espermatozoides diferentes, el hecho es que para crecer y desarrollarse necesitará tener un solo código genético, que será o no la combinación de los dos primitivos mencionados. No es posible que tenga en su carga genética a la vez la "indicación" de tener ojos azules y la de tenerlos negros, por ejemplo.

En cuanto a lo de no poseer un único código genético, misma respuesta que arriba: el código genético no es la expresión más básica de la individualidad, pues implica solamente "características", "rasgos", que suponen algo más básico desde el punto de vista de la individualidad, que es la existencia sustancial concreta "hic et nunc", aquí y ahora, en la que "inhieren" esas características y esos rasgos. Prueba de ello, como ya dijimos, el hecho de que los gemelos monocigóticos, que comparten el mismo código genético exactamente, son personas distintas e individuos distintos. 

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Otra objeción vinculada con este aspecto del tema dice que es imposible que una persona se convierta en dos personas, o que dos personas se fundan en una persona.

Pero eso ocurriría, en estos casos de gemelismo y quimerismo, si el óvulo recién fecundado fuese un miembro de la especie humana y por tanto una persona.

Luego, no lo es.

A esto respondemos que ciertamente, si pensamos en seres humanos adultos, es imposible que una persona se divida dando lugar a dos personas, salvo en el caso de la reproducción, y de "clonación", como dijimos, pero entonces, quiere decir que esa imposibilidad no es absoluta. Y también es imposible dos personas se fundan hasta llegar a ser solamente una, metafísicamente hablando.

En el caso del embrión, además, éste posee una propiedad que no se conserva a lo largo de su desarrollo, que es la "totipotencialidad", es decir, la capacidad de desarrollar cualquier órgano a partir de cualquier parte del embrión en cuestión.

Esto es así porque lo exige la naturaleza misma del embrión en cuanto momento inicial de desarrollo fetal.

El desarrollo consiste precisamente en una diferenciación y especialización progresiva, es decir, en una progresiva pérdida de la "totipotencialidad".

Y entonces, no se ve porqué debería haber dificultad en que a partir de una persona surgiese otra en esos tempranos estadios del desarrollo.

Pero se puede objetar: es posible que un embrión se divida en un momento dado en dos mitades más o menos iguales, sin que se pueda decir que una ha salido de la otra. En este caso, no habría procedencia de una persona de otra, sino división de una persona en dos. La diferencia es que en el primer caso, la persona antigua subsiste, en el segundo, no. Ahora ¿es posible que una sola persona se divida en dos personas?

Aquí hay que ser precisos. Recordemos que dijimos que lo fundamental del individuo y la persona es la existencia sustancial concreta, aquí y ahora, "hic et nunc". 

La indivisibilidad de la persona de que hablamos ahora, consiste en que la persona es "una", no tiene partes en las que pueda ser dividida. 

¿Pero ello qué quiere decir? No, en principio, que no se la pueda dividir físicamente, como ya dijimos más arriba, sino que, en caso de que ello fuese posible, no es posible que las partes resultantes sigan siendo partes de la misma persona. 

Porque entonces tendríamos dos "aquí y ahora" diferentes, y entonces, por definición, dos personas diferentes. 

Luego, el "cortar por el medio" un cigoto no es ya "cortar por el medio a la persona". Lo primero es posible, lo segundo, no. 

Las opciones concretas, entonces, en este caso, son: 

1) La persona antigua sigue existiendo en una de las partes resultantes, y en la otra, empieza a existir una nueva persona. 

2) La antigua persona muere, y en su lugar, surgen dos personas nuevas diferentes. 

Ninguna de estas opciones va en contra de la individualidad y personeidad del cigoto primitivo. 

En el caso de los huevos fecundados que se funden en uno solo, habría que admitir la muerte de todos menos uno, o bien, la muerte de todos, y el surgimiento de una vida nueva.

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Finalmente, un par de reflexiones.

En primer lugar, se habrá comprobado que toda nuestra argumentación es estrictamente racional, sin recurso alguno al dogma religioso, que ciertamente profesamos. En nuestro argumento no hay nada que no pueda ser aceptado por un ateo que admita una mínima filosofía del sentido común no totalmente cerrada a las evidencias más elementales del ser, como es el principio de no - contradicción y la existencia de esencias de las especies naturales.

No vale objetar que, siendo las esencias de las cosas reflejos creados de las Ideas divinas, un ateo no puede aceptar que hay esencias de las cosas. Porque si bien aquello es verdad, no es a partir de las Ideas divinas que la sana filosofía debe afirmar la existencia de las esencias, sino a partir de las evidencias elementales de sentido común que hemos tratado de evocar en este trabajo. La existencia de las Ideas divinas es una conclusión a la que se llega a partir del hecho de que hay esencias, no el fundamento lógico para afirmarlas.

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En segundo lugar, meditemos un momento acerca de para qué y para quiénes han estado trabajando durante los últimos siglos todos los filósofos "modernos" que, afectados de nominalismo (por eso son modernos), han luchado por destruir la filosofía de las esencias, que es la filosofía perenne.

El aborto ha sido legalizado ya en muchos países, y a esta altura, la cantidad de seres humanos que han sido legal y estatalmente asesinados en el mundo deja en las sombras del ridículo, numéricamente hablando, a las víctimas del genocidio nazi o del genocidio stalinista, y a las víctimas de la segunda guerra mundial.

Contemplando esta apocalíptica y nunca igualada hecatombe de seres humanos, y lo que ella representa para la convivencia humana en nuestra civilización, a todos los órdenes, el filósofo nominalista y antiesencialista podrá calibrar la magnitud de su responsabilidad.

Y si el nominalismo es la actitud filosófica típica de la modernidad, la conclusión que se sigue es evidente y estremecedora.


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