FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


ANÁLISIS DE LA POSTURA DE LUIS PÉREZ AGUIRRE, S.J., ANTE LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO.

(Lic. Néstor Martínez)

En el suplemento La Lupa de Brecha, 13 de mayo de 1994, p 15-18, el recientemente fallecido sacerdote uruguayo Luis Pérez Aguirre, S.J., defiende que "La penalización es injusta, inútil, e inmoral", hablando, claro está, de la penalización del aborto en nuestro país. La circunstancia de que este escrito se siga utilizando tras la muerte del autor como argumento en pro de la despenalización del aborto nos obliga a hacer, en lo que sigue, las puntualizaciones críticas que nos parecen del caso, frente a una tesis que es completamente discrepante con el Magisterio de la Iglesia Católica en este punto, como el mismo autor se encarga de aclararlo en el artículo en cuestión.

Hay que señalar ante todo que el hecho de que un católico, como en este caso, defienda posturas contrarias a la enseñanza de la Iglesia no quiere decir para nada que la Iglesia misma no tenga una postura clara y definida respecto del tema. La fe católica no es asunto de mayorías ni de consensos, ni de negociaciones entre grupos. Se basa en la Tradición de los Apóstoles, consignada en la Sagrada Escritura, interpretada autorizadamente por el Magisterio de los Obispos, sucesores de los Apóstoles, en comunión con el Obispo de Roma, sucesor de Pedro.

Recordando, eso sí, una vez más, que la condena del aborto es una verdad de ley moral natural que puede ser reconocida por la sola razón humana sin necesidad absoluta para ello de la Revelación, y que por eso mismo no es una tesis específicamente "católica", sino simplemente, y en general, "humana".

EL SENTIDO DE UNA ARGUMENTACIÓN. 

Pérez Aguirre distingue entre "vida humana" y "persona humana". El embrión es "vida humana", no es "persona humana". Luego, el aborto, al menos antes de la implantación, por ejemplo, no sería homicidio, ni tampoco, por tanto, crimen.

Dice en efecto:

"a) Todo aborto es destrucción de una vida humana (no digo persona humana) y, como tal, un gravísimo e irreparable daño."

Ahora bien, lo que sobre todo hay que tener claro en la discusión actual, es que todas estas disquisiciones de Pérez Aguirre acerca del embrión y el cigoto son absolutamente superfluas ante un proyecto de ley que prevé la posibilidad de abortar hasta los tres meses de embarazo. Recordemos, en efecto, las palabras de Peréz Aguirre:

"Pero llama la atención el simplismo en el argumento de la no humanidad de los cigotos y de los fetos (el mismo que se utilizó para justificar la no humanidad de los negros o el genocidio indígena). Más allá de la discusión científico-filosófica, ninguna mujer que esté embarazada duda de que la vida que lleva dentro no sea humana. Ella habla de que está esperando un hijo. Tampoco vale el argumento de que sólo es una persona en potencia, dado que serlo requiere relaciones con otros individuos. El feto es un individuo que, como todos, está en desarrollo, y tiene relación primaria con la madre, pero no sólo con ella. Evidentemente todavía no es un bebé, como el bebé no es todavía un niño, ni el niño es un adulto... pero lo irá siendo. Es claro que el feto no es un cigoto. Es también claro que la fijación del origen de la vida humana no es fácil. Ya es algo distinguir entre vida humana y persona humana porque es evidente que el cigoto no es una persona."

Enseguida daremos las razones a nuestro juicio incontrovertibles de la personalidad del cigoto. Lo que nos interesa es que en este pasaje Aguirre deja claro que lo "fuerte" de su postura está en la distinción entre feto y cigoto, distinción justamente que, aplicada al caso de una ley que permite abortar hasta los tres meses de embarazo, no cambia en nada el juicio que se obtiene analizando esa ley a la luz del Magisterio de la Iglesia.

Esto sin embargo plantea un grave interrogante respecto del significado de este artículo que estamos analizando. El autor aboga por la despenalización del aborto sobre la base de una distinción entre "vida humana" y "persona humana", que incluso si se le concediera, no iría más allá de las muy primeras etapas del desarrollo embrional. Pero la despenalización que propone, como se puede ver por la ley que ahora se discute, y como por otra parte es lógico prever en cualquier caso, va mucho más allá de esas primeras etapas, y llega hasta un momento (en este caso, los tres meses) en el que la misma argumentación de Pérez Aguirre parece llevar a que ya hay, indudablemente, una persona humana. Frente a un feto de tres meses no tienen cabida, simplemente, las consideraciones sacadas del quimerismo, los gemelos monocigóticos, etc. ¿Se nos está proponiendo, entonces, lo que conscientemente se reconoce como un homicidio?

VIDA HUMANA Y PERSONA HUMANA. 

Frente a esto, escuchemos a una especialista en biología, la Dra. Natalia López Moratalla:

" Es tan obvio como que "nadie distingue, por ejemplo, -comenta A. del Amo- referido al perro entre vida y vida canina; un cigoto de perro es un perro o no es nada, y lo mismo sería válido para cualquier otra especie". Sin embargo, los intereses de los defensores de la prácticas abortivas o anticonceptivas y de la utilización de embriones precoces, procedentes de la fecundación "in vitro" para experimentación, han ido concediendo la cualidad humana según conviniese: a los 14 días de la concepción tras la anidación, o tras el inicio del desarrollo cerebral -tres meses-, o simplemente cuando, expuesto a condiciones antinaturales, es decir, fuera del útero antes de completarse la gestación, resulte viable según los adelantos de las técnicas disponibles en ese momento. (...)

También carece de todo fundamento científico la pretensión de relacionar el comienzo de la vida humana con alguna fase concreta. Para algunos en concreto se situaría en el desarrollo cerebral. No hay ninguna etapa en la que se de el paso de ser otra cosa a ser vida humana. Con la fecundación se inicia un proceso único e irreversible en que los genes se van expresando de acuerdo con el estricto programa del desarrollo embrionario. (...)

Por otra parte, todo indica que en los primeros meses y aun años de la vida extrauterina, se producen profundos cambios en el sistema nervioso, pero lo importante es que el desarrollo se hace sin solución de continuidad, y las capacidades funcionales sensoriales y motoras van apareciendo gradualmente. El sistema nervioso es el mismo, controlado por la misma potencialidad genética, tanto en los primeros días del desarrollo embrionario, como al cabo de unos meses o después del parto. Señalar un momento de cambio radical, para opinar que ahí empieza la vida humana, sería una arbitrariedad incompatible con los conocimientos más elementales de la Neurobiología".

La actual polémica entre "developmentalists" y "conceptionists" no es más que una pseudopolémica, un filosofismo introducido en el mundo científico por intereses no precisamente científicos. No se trata de opiniones discutibles porque falte seguridad en los datos experimentales. La ciencia experimental demostró hace tiempo que con fertilización se produce un nuevo individuo cuyo programa de desarrollo y vida es diferente del programa de sus progenitores. Ahí está ya su principio de vida; ese programa marca el desarrollo de la totalidad de su organismo y en él está perfectamente situado también el programa de desarrollo del sistema nervioso como el de los demás sistemas.

http://www.unav.es/cdb/dbcapo18a.html"

Desde el punto de vista de una filosofía no divorciada del sentido común, podemos agregar lo siguiente:

1) El fruto de la concepción es vida humana desde el mismo instante en que comienza a existir.

Ante todo, eso lo acepta, como vimos, el mismo Pérez Aguirre. En efecto, eso es lo que sucede en todas las concepciones de todos los seres vivientes: los padres, en el acto generador, trasmiten al hijo su propia naturaleza. Por eso es hijo de ambos, del padre y de la madre. De lo contrario, si sólo adquiriese esa naturaleza específica en un momento posterior, habría que decir que, curiosamente, no es hijo del padre, sino sólo de la madre, porque entonces sería algo procedente exclusivamente del cuerpo de la madre lo que lo haría pasar de no ser de esa especie, por ejemplo, la humana, a serlo.

También aquí la ciencia confirma ampliamente esta verdad elemental: los cuarenta y seis cromosomas que el embrión posee desde la fecundación misma son los que caracterizan, precisamente, a la especie humana y la distinguen de todas las otras.

¿Se dirá que el embrión es humano "en potencia", pero no "en acto"? Pero el hijo, en todas las especies, es en acto de la misma naturaleza que los padres, y no solamente en potencia; recibe de los padres la posesión actual, y no solamente potencial, de la naturaleza de ellos. De lo contrario, habría que decir que otra cosa distinta de los padres es la que lo hace ser en acto de la misma naturaleza que ellos, pero entonces, esta otra cosa, y no los padres, sería la que en verdad "generaría" al ser en cuestión, lo que es absurdo, porque ser padres es justamente "engendrar" un hijo de su misma naturaleza.

Además, el embrión no es una realidad potencial, sino actual: es de hecho algo en acto, existente, desde la misma concepción. Ese algo tiene una naturaleza, y la tiene en acto, no solamente en potencia, pues nada puede existir sin ser en acto esto o aquello. Esa naturaleza del embrión, entonces, o es humana, o no lo es, pero ya vimos que si no lo es, entonces los padres no son verdaderamente padres. Lo que es absurdo.

Además, si no es humana la naturaleza actual del embrión, que lo sería sólo en potencia, no es por un desarrollo gradual que el embrión llegaría a ser humano en acto, porque el pasaje de ser humano sólo en potencia a serlo en acto no puede ser gradual, ya que entre "humano en acto" y "no humano en acto" no hay término medio, grado intermedio, ni tercera posibilidad. Pero el único cambio que sufre el embrión es un desarrollo gradual. Luego, si al cabo de ese desarrollo es humano en acto, es que lo era desde el principio.

Recordemos finalmente que esos cuarenta y seis cromosomas propios de la especie humana el fruto de la concepción los tiene desde el principio en acto, no solamente en potencia.

2) El fruto de la concepción es vida humana individual, es decir, distinta de la madre. No parte, tampoco, del cuerpo de la madre, sino realidad humana individualmente distinta.

El argumento decisivo lo proporciona la ciencia biológica que dice que tras la fecundación el embrión posee un código genético individual distinto del de la madre, hasta el punto de que ya está determinado, por ejemplo, el sexo, que puede ser masculino.

Además, la lamentable posibilidad de la fecundación "in vitro" nos muestra la independencia del embrión respecto del cuerpo de la madre, que puede ser concebido y desarrollado, en teoría al menos, fuera del mismo.

Además, es por un desarrollo gradual solamente que el embrión llega a ser un ser humano adulto. Por tanto, si ese proceso gradual termina en un sujeto individual de la naturaleza humana, es que desde que comenzó dicho desarrollo, tuvo como sujeto a un individuo de la naturaleza humana. Porque un desarrollo gradual es una serie de modificaciones accidentales que suponen siempre un sujeto individual de las mismas. Ese sujeto, no es la madre, pues vimos que su código genético es desde el comienzo el de un individuo diferente, y además, ningún proceso gradual puede hacer que una parte del cuerpo de la madre se transforme gradualmente en un individuo distinto, ya que la diferencia entre la madre y el hijo, dos individuos diferentes, no es gradual, sino sustancial.

Esto responde a nuestra primera pregunta en forma terminante: es vida humana individual y genéticamente distinta de la de la madre, no es parte de su cuerpo, por tanto. Sería absurdo pensar, por ejemplo, que en algún momento una parte del cuerpo de la mujer pudiese tener sexo masculino, y código genético individualmente distinto del de ella.

3) De lo anterior se sigue necesariamente que el fruto de la concepción es persona humana desde el primer instante de su existencia.

"Persona" es el individuo viviente de naturaleza racional. El embrión, al instante siguiente de la concepción, como vimos, es individuo, es decir, es ya un todo distinto de la madre, con su propio código genético; es viviente, obviamente, es humano, y si es humano, entonces, es de naturaleza racional. Porque la racionalidad no es algo accidental ni agregado posteriormente a la naturaleza humana. Y es humano, y por tanto, entonces, racional, en acto, y no solamente en potencia, como vimos. Pero entonces, es persona humana, también en acto, desde la concepción.

El ser personal es esencial a lo humano como tal. De modo que no tiene sentido hablar de vida humana que no es vida personal. Lo humano se especifica por la racionalidad. Pero un individuo de naturaleza racional es una persona. Y el embrión es una realidad individualmente autónoma, de naturaleza humana, testigo, su código genético propio, que a la vez es el de la especie humana, y distinto del de la madre, hasta el punto de incluir, por ejemplo, posiblemente, el sexo masculino. Luego, si tiene naturaleza racional, es persona, si no la tiene, no es humano. Pero en ningún caso puede ser humano y no ser persona.

No vale objetar que si no puede ejercer la conciencia y otras capacidades racionales, no es persona. Porque el dilema permanece: si no tiene naturaleza racional, no es humano, si es un individuo de naturaleza racional, es persona.

Dice Pérez Aguirre:

"Lo que sí existe es la posibilidad de un desarrollo continuo de la vida humana (de donde podemos deducir un principio vital) y junto a esa realidad aparece la de la debilidad inicial del ser humano, que permite visualizar al aborto como un ataque al tramo más indefenso de la vida, y esto plantea una diferencia en el plano ético de otros tipos de agresión a la vida, como la guerra defensiva o la pena de muerte."

"De donde podemos deducir un principio vital". En efecto, si hay vida, hay un principio vital. El nombre del "principio vital", en la filosofía griega, es "psyché", es decir, "alma". "Alma", para Aristóteles, en el sentido de "principio vital", tienen los vegetales, los animales irracionales, y los seres humanos. Pues tienen vida. Nada más y nada menos que eso.

Aquí Aguirre está admitiendo, entonces, que desde la concepción existe un alma humana, es decir, un "principio vital" de una vida humana. Esa vida humana es ya vida humana en acto, no solamente en potencia. Su principio vital, su alma, entonces, ya está en acto, no solamente en potencia.

Pero la vida humana es vida personal. Luego, si algo tiene principio vital, alma humana, en acto, y vida humana, en acto, es persona humana en acto y no solamente en potencia.

Decir que puede haber vida humana sin personalidad es decir que la personalidad es accidental a lo humano como tal, lo cual constituye un supremo disparate.

Es cierto que un óvulo, por ejemplo, es humano, y no es persona, pero también es cierto que un óvulo no es un individuo sustancial autónomo como es el mismo óvulo fecundado, es decir, el cigoto, embrión, feto, etc., según el nombre que va recibiendo en sus distintas etapas de desarrollo. El óvulo, por sí solo, a pesar de las maravillosas virtualidades que quiere descubrirle Pérez Aguirre, óvulo quedaría indefinidamente, mientras que inmediatamente después de la fecundación comienza un proceso absolutamente diferente de desarrollo que al cabo de unos años puede darnos a un Beethoveen o a una Madre Teresa.

Lo que no puede carecer de personalidad por la definición misma de lo "humano" es justamente el individuo de la naturaleza humana. La persona es, decía Boecio, "sustancia individual de naturaleza racional". La sustancia es lo que existe en sí, no en otro, y por tanto, es el soporte metafísico último de la inherencia de las propiedades accidentales, que por definición existen "en otro". Lo que hace que un individuo sustancial sea de naturaleza humana, es tener una naturaleza racional, capaz, aunque sea radicalmente, de desarrollar o llegar a desarrollar los actos propiamente racionales de inteligencia y voluntad. Aunque esas facultades de inteligencia y voluntad no estén en acto al comienzo, sino sólo en potencia, ya está en acto el sujeto sustancial de naturaleza racional que es el único en el cual y a partir del cual pueden irse ellas desarrollando y actualizando.

No se puede tener la propia sustancialidad en potencia, por eso mismo. Para que algo de una naturaleza determinada esté dado, tiene que estar dado en acto al menos su sustrato fundamental y sustancial específico. La sustancia puede estar en potencia para muchas determinaciones accidentales, o para otro ser sustancial distinto, pero no para su propio ser sustancial. Por eso tampoco se puede ser "persona en potencia": o se es persona en acto, o no se es persona de ningún modo.

ANTES Y DESPUÉS DE LA CONCEPCIÓN. 

Pérez Aguirre intenta minimizar el impacto argumental de esta continuidad innegable del desarrollo embrionario "estirándola" hacia atrás, hacia las etapas anteriores a la concepción:

"Esto indica que cada óvulo es una célula única, con identidad propia y con "casi" toda la potencialidad para dar origen a un nuevo ser. En los mamíferos, dado que en ellos no funciona la partenogénesis, ese "casi" lo llena la contribución del espermatozoide y otros elementos. Pero lo que es un hecho incontrovertible es que el ovocito posee los factores reguladores necesarios para que se establezca "el plan de desarrollo embrionario".

Al respecto el biólogo afirma que "a nivel molecular esto puede expresarse en términos de ARNm y proteínas reguladoras que se almacenan en el citoplasma, en forma más o menos localizada durante el proceso de ovogénesis. Es decir, que el genoma materno, por sí mismo, es responsable del inicio del desarrollo embrionario". Visto de esta manera, cabe preguntarse, si el óvulo posee individualidad y toda la capacidad para desarrollarse como un nuevo individuo ¿a partir de qué etapa es válido impedir que se desarrolle? Si como única medida de planificación familiar (por ejemplo) se acepta la abstinencia total o el método del ritmo ¿no se está induciendo un microaborto, evitando conscientemente que un óvulo alcance toda su capacidad y se desarrolle como un nuevo ser?

Entonces, el problema de la penalización del aborto se reduciría a ponernos de acuerdo en lo siguiente: "¿A partir de que etapa del desarrollo embrionario se justifica su interrupción? La discusión a este nivel resulta trivial desde el punto de vista biológico, ya que cualquier intervención humana, cuya finalidad sea evitar el desarrollo de un óvulo tendrá la misma consecuencia: ¡impedir que nazca un bebé! (...) Si el óvulo es el eslabón entre una generación y la siguiente ¿en qué etapa de su desarrollo es moral evitar que continúe?"

La negrita es nuestra. Esa frase es realmente sorprendente. El óvulo, por tanto, se ha convertido en la argumentación de Pérez Aguirre en algo prácticamente equivalente al óvulo fecundado, al embrión, de modo que podemos preguntarnos para qué en definitiva sería necesario el espermatozoide! Cabría preguntarse entonces porqué el óvulo ha de esperar a la fecundación para iniciar el proceso de desarrollo que a los nueve meses culmina, normalmente, en nacimiento.

Es más: por la biología elemental sabemos que las células germinales, como el óvulo y el espermatozoide, sólo tienen la mitad de los cromosomas propios del género humano (o sea, 23 de 46) precisamente porque cada uno de ellos aporta la mitad de la carga genética del nuevo ser; así los hijos suelen tener rasgos tanto del padre como de la madre.  Por tanto, es absurdo decir que algo que sólo tiene la mitad de la carga genética propia de la especie es un individuo de esa misma especie. Sólo después de la fecundación tenemos en el huevo fecundado los 46 cromosomas, y recién ahí, entonces, hay un individuo humano. 

Notemos además que al principio Aguirre no veía que el embrión, es decir, el óvulo ya fecundado, fuese suficientemente autónomo para ser considerado persona, y ahora, en cambio,

"el óvulo [sin fecundar, recordamos nosotros] posee individualidad y toda la capacidad para desarrollarse como un nuevo individuo".

Realmente, da la impresión de que el autor confía demasiado en su capacidad de hilvanar palabras y conceptos con independencia respecto de la realidad de las cosas.

Pero además, Aguirre intenta relanzar al acusación de "abortistas" ¡ a los padres que practican los métodos naturales de regulación de la natalidad ! Las palabras textuales son:

"Si como única medida de planificación familiar (por ejemplo) se acepta la abstinencia total o el método del ritmo ¿no se está induciendo un microaborto, evitando conscientemente que un óvulo alcance toda su capacidad y se desarrolle como un nuevo ser?"

Pues ellos impiden, dice, que sea fecundado un óvulo que ya se está desarrollando, según él, en la dirección ¿de qué? ¿En qué terminará ese prodigioso desarrollo autónomo, tan propio del feminismo de nuestro tiempo, del óvulo solitario, sin el concurso del correspondiente espermatozoide? ¿Llegará tal vez a producir por sí solo una líder del feminismo futuro?

Con el argumento de Aguirre, además, dos novios que deciden no casarse podrían también ser acusados de "microaborto". En fin.

Luego, Pérez Aguirre, como ya citamos arriba, intenta de todos modos romper la continuidad existente después de la concepción. Así espera lograr su objetivo: exagerando la continuidad antes de la concepción, y minimizándola después, borrar en definitiva los límites entre el cuerpo de la madre y el del hijo, aunque en su texto niegue expresamente que el embrión sea parte del cuerpo de la madre, o al menos, sembrar la duda acerca del "momento" en que cabe hablar de "persona", con lo cual cree poder sacar la que será la conclusión de todo su artículo: "en la duda, libertad":

"d) Se argumenta que entre el cigoto y la persona futura existe una relación de "potencia" y "acto". Es decir, que es persona "en potencia", la que después será persona "en acto". Pero este principio filosófico parece no operar en el terreno de la biología. No existe una relación física continua como de la potencia al acto, por la sencilla razón biológica de que el cigoto sólo sería potencia en términos de información genética. Si no entran en juego muchos otros elementos exógenos, la potencia que seria el cigoto nunca podría pasar a ser acto."

"c) La información genética que posee el cigoto es insuficiente para su desarrollo. Para que continúe el proceso y haya persona se requiere información genética exógena, que no está presente en el cigoto. La presencia de un código genético en un cigoto desde el principio no determina la existencia de una persona. Esa información no es operativa para generar los procesos ulteriores de desarrollo."

Ya vimos que el fruto de la concepción no es persona "en potencia" (en eso estamos de acuerdo con Pérez Aguirre) sino persona en acto (ahí es donde nos apartamos de él) Escuchemos a la Dra. Moratalla:

"Durante las primeras etapas de desarrollo el embrión tiene un tamaño de 0,1 – 0,15 mm. En este periodo inicial vivir es fundamentalmente crecer: no en el sentido de aumentar de tamaño, cosa que no podría hacer por estar rodeado de una especie de caparazón (la zona pelúcida que rodeaba al óvulo del que procede) sino multiplicando el número de células por divisiones sucesivas que inicia la primera, el cigoto. En esta proliferación celular cooperan tanto el embrión como la madre. Tras la primera división, y una vez que las moléculas de adhesión dejan bien "pegadas" las dos primeras células, éstas reciben instrucciones para elaborar otra molécula concreta, la de un receptor, que sitúan en la membrana. Este receptor reconoce, y capta, una molécula de elaboración materna, un factor de crecimiento que insta a una nueva división. Sintetizan este factor de crecimiento las células maternas, primero las de las trompas, y después las del útero, promoviendo en este caso la multiplicación de las células de la masa interna del embrión ya en fase de blastocisto anidado.

La fecundación artificial priva al embrión de varios días de las ventajas del entorno materno, disminuyendo por ello su capacidad de sobrevivencia."

http://www.arvo.net/includes/documento.php?IdDoc=5522&IdSec=652

De esta exposición de la prestigiosa bióloga no parece seguirse que la nueva "información" que recibe el embrión produzca un cambio sustancial en el mismo. Aguirre calla el hecho de que desde la concepción, por la unión del óvulo y el espermatozoide, el embrión posee los 46 cromosomas que definen a la especie humana, y no solamente eso, sino que además definen el mapa o "genoma" que determina las características individuales de esta persona humana concreta: sexo, color de piel, de ojos, tono de voz, etc.

Notemos que es el embrión mismo el que elabora el "receptor" encargado de recibir el "factor de crecimiento" de origen materno, y que además, se trata de un factor de "crecimiento". Las dos células resultantes de la primera división han recibido, es cierto, "instrucciones", pero esas instrucciones se ordenan a que ellas elaboren la molécula del "receptor".

Nos movemos, por tanto, en el plano de lo que en filosofía aristotélica se llaman "cambios accidentales", no "cambios sustanciales", es decir, cambios que ocurren a un sujeto ya preexistente, al cual suponen ya constituido como algo de una naturaleza determinada, capaz de operaciones específicas, a lo cual esos cambios no hacen cambiar de naturaleza, sino que al contrario, son asumidos dentro del dinamismo de esa naturaleza misma.

En efecto, no es misterio alguno que todas las sustancias vivientes de este mundo material necesitan continuamente el aporte del medio, bajo la forma de oxígeno, alimentos, agua, etc., para poder sobrevivir. Nunca lo actualmente dado en una persona es "operativo para generar los ulteriores procesos de desarrollo" sin el aporte continuo del medio y los correspondientes cambios accidentales que ello implica.

Pero argumenta Pérez Aguirre:

"b) Antes de la anidación del embrión (unos 14 días) no existe individualidad, la estructura celular no define la individuación: pueden resultar gemelos (dos individuos) de un cigoto inicial, o un solo individuo de dos cigotos iniciales. Y parecería haber consenso en que la individualidad es constitutivo sine qua non de la persona."

La objeción de Pérez Aguirre, en su primera parte, puede tomar aquí la siguiente forma:

"Toda persona es un individuo. Ningún individuo puede dar lugar a dos individuos. El embrión puede dar lugar a dos individuos. Luego, el embrión no es un individuo. Luego, no es persona."

Contra esto, incluso aceptando que ningún individuo puede dar lugar a dos individuos por división (en realidad, hay gusanos que partidos a la mitad siguen viviendo ambas partes) no se sigue que ello no pueda ocurrir por separación de una de sus partes que luego se desarrolla en forma autónoma.

En realidad, en todo caso de reproducción de una especie viviente, una parte de un individuo se separa de él y termina por dar lugar otro individuo diferente de la misma especie, sin que ello ponga para nada en cuestión la individualidad de uno y otro. Eso ocurre incluso en los casos de "clonación"...

Escuchemos lo que dice la experta bióloga:

"A veces ocurre una gemelación natural que posiblemente sea debida a que se separan algunas células del embrión temprano y se reagrupan de nuevo, dando lugar a dos unidades de multiplicación celular, que dará lugar a dos embriones, que anidan por separado y originan dos hermanos gemelos monocigóticos.

Es importante destacar que la segregación de células no origina, ni significa, partición del embrión, ni de la información genética. Ni mucho menos significa que no sea un individuo. El que los dos individuos gemelos tengan igual información genética no les hace idénticos e indiscernibles biológicamente. Cada actualización del programa configura un ser vivo diferente, e individual, individualizando los elementos materiales con que se construye el organismo. Se individualizan con la actualización y emisión separada del mensaje genético, lo que permite constituir individualidades corporales independientes y con ello diferentes identidades biológicas. No se parte el embrión en dos, sino que una parte de él, por estar en el inicio de la emisión del mensaje, constituye una nueva unidad de emisión."

Negamos por tanto la conclusión que saca Pérez Aguirre. No se sigue que el embrión no sea individuo, ni que no sea persona.

Otra parte del argumento de Pérez Aguirre es la siguiente:

"Ningún individuo puede surgir de la fusión de dos individuos. Pero en el quimerismo, un individuo surge de la fusión de dos cigotos. Luego, los que se fusionan para dar por resultado uno solo, no eran individuos".

Nuevamente, oigamos a la Dra. Moratalla cuando se refiere al "quimerismo":

"Aunque con muy poca frecuencia puede ocurrir que en los primeros pasos del desarrollo embrionario de mamíferos se produzca una fusión embrional. Se funden en uno solo dos embriones hermanos que son gemelos heterocigóticos, engendrados simultáneamente, pero cada uno procedente de la fecundación, por espermatozoides diferentes del mismo padre, de óvulos diferentes de la misma madre.

La muerte de uno de los embriones se produce cuando sus células son incorporadas por el otro en un proceso que en realidad constituye un transplante peculiar, es una quimera celular. Esto hará que el embrión receptor manifieste más adelante los caracteres propios de su hermano en las regiones de su cuerpo derivadas de las células incorporadas; algo similar a lo que ocurre en un transplante de riñón, en el que este órgano sigue manifestando los caracteres inmunológicos del donante.

Ciertamente el individuo resultante de la fusión embrionaria es un híbrido, en el sentido de que los tejidos de su cuerpo serán un mosaico de células procedentes de las inicialmente suyas y de otras procedentes de las células de su hermano. Se trata de una alteración imprevisible, no determinada en el mensaje genético, del proceso normal del desarrollo en la etapa embrionaria, que está posibilitada por la existencia de las moléculas de adhesión situadas en las membranas celulares que unen entre sí células de embriones de la misma edad. En este sentido un organismo mosaico es el resultado de una malformación ocurrida por accidente, sin graves consecuencias para su normal desarrollo ya que el transplante ocurre antes de que haya comenzado el proceso embrionario en que se educa al sistema inmunitario a distinguir lo propio y lo extraño y rechazar lo último.

Es posible también que este fenómeno sea debido al simple paso de un embrión a otro de una célula madre embrionaria en un estadía muy precoz del desarrollo.

En cualquier caso el proceso de gemelación o de fusión sólo se ha analizado in vitro. Los posibles mecanismos por los que se dan estos fenómenos son hipotéticos."

O sea, decimos nosotros, que en estos casos simplemente muere uno de los embriones, pues uno se integra al otro, es decir, integra su materia al otro, tras morir, y continúa su carrera el otro al cual éste ha integrado su materia. No se trata por tanto de nada misterioso, ni que dos sean igual a uno, o se hagan uno, o algo por el estilo. Sobre todo no se trata de que ambos no fuesen ya individuos desde la concepción, como, con comparación un tanto grosera y chocante, el caníbal y su víctima ya eran individuos antes del acto de canibalismo, después del cual siguió existiendo un solo individuo.

La implantación, por otra parte, no es el comienzo de ninguna realidad individual nueva. Es simplemente el "alojamiento" del embrión individual preexistente en el útero materno. Ninguna realidad individual comienza a existir por el hecho de "implantarse" en alguna parte, porque para que haya "implantación" tiene que haber "algo" que se implante. Ahora bien, la persona humana es una realidad individual. Luego, la persona humana no comienza con la implantación.

Ni con ninguna de las otras cosas que le suceden al embrión después de la fecundación, pues todas ellas por hipótesis presuponen el embrión ya existente y se limitan a modificarlo en algún sentido o en otro. Luego, la única ocasión en que puede comenzar a existir la persona es en el comienzo de la existencia de esa nueva realidad individual que es el embrión, el cual sí es una realidad sustancial nueva, surgida de la unión del óvulo y el espermatozoide, que son dos células que cada una por su parte seguiría siendo parte del cuerpo de la madre o del padre "in aeternum", sin empezar ningún proceso de desarrollo que termine nada menos que en un ser humano adulto, proceso que sin embargo comienza inmediatamente después de la fecundación y ya no para, en realidad, hasta la muerte del nuevo ser humano. Un embrión que, apenas existe, posee esa cualidad orgánica que lo distingue radicalmente del óvulo y el espermatozoide.

Esto nos lleva al otro argumento de Pérez Aguirre, tomado justamente de la existencia de "abortos naturales" al parecer en gran cantidad:

"a) La inmensa mayoría de los cigotos nunca llegarán a implantarse en la matriz (hasta el 80 por ciento) y sería extraño pensar que la propia naturaleza "desperdicia" a la mayoría de las "personas".

En realidad, parece ser que es lo usual en todo el reino animal ese despilfarro de embriones en la reproducción. Y nadie dice que por eso los embriones de las otras especies animales, distintas de la humana, no pertenezcan cada uno a la especie en cuestión y no sean cada uno un individuo de la especie en cuestión.

En todo caso, si la gran cantidad de embriones que se pierde naturalmente antes de la implantación constituye un gran misterio natural, y plantea incluso interrogantes teológicos importantes, eso no elimina el hecho de que el óvulo fecundado es materia individualmente distinta de la madre (tiene código genético propio, que por ejemplo puede determinar un sexo masculino), viva, y humana, pues es hijo de seres humanos, y además, tiene código genético humano. Todo eso, en acto y no solamente en potencia. Y si es vida humana, en acto, es vida personal, en acto, pues lo distintivo de la vida humana como tal es la naturaleza racional que constituye justamente a la persona.

Por otra parte, Pérez Aguirre dice:

"Creo que no debemos abundar en demostrar la evidente falsedad tanto biológica como social y legal de este razonamiento. Ninguna persona medianamente informada de las realidades biológicas puede sostener hoy día que la mujer es una especie de recipiente, y que dentro de ese "frasco" hay un feto que tiene el inviolable derecho a vivir. Pero tampoco puede sostener que el feto es parte de la madre. Es un hecho biológico incontrovertible que ya el cigoto tiene una carga genética propia, y que por lo tanto no puede ser considerado parte del organismo de la madre. En el caso del feto, además, regula sus propias funciones, etcétera. Ninguna mujer embarazada, por lo demás, piensa que lleva una especie de tumor o excrecencia en su propio organismo. Por otro lado sería ridículo no sostener que sólo quien puede embarazarse es la mujer. Una probeta nunca podrá estar embarazada a pesar de que contenga en su interior un óvulo fecundado."

En primer lugar, no sabemos quién ha sido el que se ha opuesto al aborto sosteniendo que la mujer es un recipiente tipo frasco que tiene dentro un feto. Lo malo de caricaturizar al adversario es que se termina combatiendo a otro adversario distinto.

En segundo lugar, el embrión, resulta entonces, no es parte del cuerpo de la madre, tiene carga genética propia. Pero tampoco es un individuo humano distinto de la madre ¿o sí lo es? Si no es parte de ese individuo que es la madre, entonces, es otro individuo distinto, con su propia carga genética. Si es un individuo, y viviente además ¿de qué especie es? Humana, el mismo Aguirre concede que se trata de vida humana. Pero entonces, es un individuo humano distinto de la madre. Y un individuo distinto de la especie humana ¿no es acaso una persona humana? Ver lo ya dicho arriba.

En tercer lugar, ya vimos que según la Dra. Moratalla, la "regulación de sus propias funciones" es una de las características, precisamente, del fruto de la concepción (mórula, cigoto, embrión, etc.), y no solamente del "feto", como dice aquí Pérez Aguirre.

CONSECUENCIAS ÉTICAS Y JURÍDICAS. 

Luego dice Pérez Aguirre:

"Si ya dijimos claramente que el aborto es un daño gravísimo, un atentado contra la vida humana que afecta de manera irreparable y definitiva una o más vidas, y que nunca se podrá reajustar, ello no quiere decir que automáticamente el aborto sea un crimen, y que en ninguna circunstancia se pueda abortar sin cometer una grave inmoralidad."

Uno se pregunta cómo un "atentado contra la vida humana" puede no ser un crimen, pero la respuesta de Aguirre es distinguir, como vimos, entre "daño" y "culpa", y decir que existen tales circunstancias atenuantes del aborto, por lo general, en nuestro país, que el delito frecuentemente no es imputable a las mujeres que abortan. Pone el ejemplo de algunos homicidios que no se castigan del mismo modo que otros, e incluso algunos no se castigan, debido a este tipo de circunstancias atenuantes, como puede ser , la presión psicológica, la falta de libertad, etc.

Sostiene en efecto:

" Al respecto recordemos que desde siempre la moral tradicional distinguió entre daño y culpa. El daño sí es algo objetivo y depende directamente del desajuste o deterioro que se produce en la vida humana, en las personas concretas y su entorno. Pero la culpa es otra cosa. Depende de otros factores como el de la libertad, el conocimiento, la responsabilidad de quien comete el daño. (...)

Así se establece que para que un delito sea imputable a una persona, se debe suponer siempre que ella tenía otra alternativa real de actuar y que lo cometió en el libre uso de sus facultades. De aquí se deduce que si no hay libertad real, sea porque dicha persona realmente no pudo -o no vio que podía- actuar de otra manera, por mil razones, como por ejemplo porque actuó bajo presión grave física o psicológica, esa persona no debe ser culpable ni imputable de castigo. (...)

Es evidente, para el observador honesto, que la mayoría de las mujeres que abortan en nuestro país se encuentran en este tipo de circunstancias. Lo ve como la salida menos destructiva e inhumana, como la única salida. Difícilmente podríamos alegar que aquí hay egoísmo, maldad o comodidad. Está ante una trágica disyuntiva entre lo que percibe como dos males y normalmente se inclinará por el que consideró menor en esas circunstancias. Por lo tanto, ni puede considerarse culpable, ni cae bajo la excomunión y tampoco debería caer bajo una pena civil."

Sin embargo, es obvio que en esos casos no se sigue como consecuencia lógica que el homicidio o la irresponsabilidad que da lugar a accidentes graves no deba ser penalizada, ni que hayan sido borradas esas figuras delictivas de nuestras leyes. Precisamente, el hecho de que existen atenuantes al delito, presupone que hay delito, y el hecho de que los atenuantes aligeren o impidan la aplicación de la pena señalada por la ley, presupone que hay una ley que señala una pena para esos delitos. Aquí Aguirre confunde la no imputabilidad en un caso concreto, con la eliminación de la figura delictiva del código jurídico. La no aplicación de la pena prevista por la ley en razón de que existen circunstancias atenuantes es lógicamente lo contrario, justamente, de la despenalización.

Dice también Aguirre:

"Es claro para todos que el aborto siempre es una tragedia, un daño irreparable. Nadie justifica el aborto en principio y todos pensamos que hay que luchar contra él eficazmente. Ninguna mujer aborta por deporte, gustosamente o por diversión. Todas son conscientes del daño grave que significa psíquica, fisiológica y socialmente, incluyendo un riesgo de muerte, la censura social o la pena criminal. También el sentimiento de pecado mortal si es cristiana. Siempre es una experiencia que no se puede olvidar, eminentemente traumática. Si alguna llega a la decisión de abortar es porque tiene razones sociales y personales gravísimas que la empujan a ello."

Uno se pregunta, también, si el embrión no es persona humana, ni el aborto es crimen, ¿entonces dónde está lo trágico? Lo trágico, como se ve por este texto de Aguirre, está para él solamente del lado de la mujer, no del hijo que es sacrificado. Y más aún, parece, según se desprende de todo el planteo de Aguirre, que todo se debe en el fondo a lamentables errores y prejuicios de la mujer, que llevan a angustiarse por algo que en realidad no tiene gravedad objetiva alguna.

Las propuestas alternativas de Pérez Aguirre en el sentido de buscar una mayor justicia en la sociedad para evitar las "causas que llevan a abortar a las mujeres" no nos dice qué hacer en el caso de los abortos que sí se realizan efectivamente, que es el punto en discusión si de lo que estamos hablando es de la despenalización o no del aborto. Además, no se ve porqué no se deberían aplicar a tantos otros crímenes, que también están condicionados por la situación social: homicidio, robo, rapiña, copamiento, violación, estafa, etc: ¡ esperemos a que tengamos una sociedad justa para penalizar cualquiera de esas cosas !

Finalmente, la conducta humana no conoce "causas" externas en el sentido preciso del término, precisamente porque el ser humano está dotado de libre albedrío. Los factores externos condicionan, pero no determinan, de lo contrario, no solamente el aborto sería despenalizable, sino también todo lo demás.

Luego dice:

"Debemos respetar la multiplicidad y las divergencias de las interpretaciones sobre la humanidad o no de un ser o una realidad. No pocos piensan que considerar a un cigoto o a un feto como un "ser humano" es una cuestión de "definición" y no de realidades. La realidad está allí y las definiciones que los humanos damos a esa realidad son múltiples. Lo importante, según quienes piensan así, es elaborar definiciones congruentes con el bien global de la especie humana en este caso. Algunos hasta llegan a considerar como "emocional" definir al cigoto como un ser humano, pues se caería en el ridículo de exigir certificados de defunción para cualquier cigoto muerto..."

Considerar humano o no a un ser que tenemos delante nuestro sería, entonces, cuestión de definiciones, y no de realidades. ¡Con argumentos como éstos se defiende la despenalización del aborto! Cuando los españoles, entonces, desembarcaron a estas costas y discutían si los indios eran humanos o no, en realidad lo que discutían era, entonces, una cuestión puramente académica, un bizantinismo despreciable, y "en el fondo" no importa tanto si yo considero que el hijo del vecino es humano, o si lo ubico en la clase de las plantas de adorno. Las realidades están allí, las definiciones que los seres humanos son múltiples, y las realidades son lo que son y no pueden contentar a todas esas definiciones, al menos si son contradictorias entre sí. Y suele ser dramático, por sus consecuencias bien prácticas y concretas, como en el caso de los indios, el asunto de cuál es en definitiva la definición que adoptamos, es decir, más sencillamente, el asunto de saber si eso que tenemos delante es humano o no.

Lo de los certificados de defunción preferimos no comentarlo.

Agrega:

"Aquí lo que está en juego no sólo es el derecho a la vida del nasciturus (el que habrá de nacer), sino también la vida de la madre que se encuentra generalmente en una situación límite como ya dijimos. En el extremo de la duda, a lo más la ética dirá que el individuo tiene libre derecho a actuar, que donde hay duda libertad."

Pues no. En la duda, en el caso en que venimos discutiendo, la única opción ética es abstenerse, es decir, abstenerse de abortar. La única duda, en efecto, que puede plantearse es la de si estamos matando o no a un ser humano inocente. Porque si no fuese por eso, es claro que el aborto no plantearía problema alguno, moralmente hablando. Ahora bien, en la duda de si una acción mía posible sería homicidio o no, no puedo éticamente hablando realizar esa acción. Pues el solo hecho de arriesgarse a cometer un homicidio es ya una falta grave moralmente hablando.

Y si encima tenemos en cuenta que en realidad no hay motivo objetivo para dudar, pues todos los argumentos científicos y filosóficos sólidos muestran que efectivamente el embrión es vida humana y persona humana desde la concepción, y que toda esta discusión no se debe a factores objetivos, sino solamente al interés que tienen ciertas personas en que se despenalice y legalice el aborto, entonces vemos que el planteo de Pérez Aguirre en ese texto está totalmente desenfocado.

Luego dice:

"Llego a la conclusión de que, por tal razón, una ética que pretenda ser para todos (y no sólo para un grupo religioso) estará generalmente obligada a optar por suspender el juicio ante el aborto, es decir, dejar la decisión a la autonomía de la persona (y esto es otro principio sine qua non de la ética). Habrá que tener también en cuenta circunstancias, plazos, etapas y las vidas que están en juego en cada caso, porque son diferentes y no puede haber una respuesta válida unívoca para cualquier situación. La decisión moral, finalmente, será siempre personal, solitaria y, en consecuencia, muy dolorosa y nada fácil. Al menos podemos evitar que sea clandestina."

Da pena ver a un sacerdote, nada menos, usando el viejo y manido truco de reducir la oposición al aborto a una cuestión confesional. Una especie de "clericalismo al revés", porque en realidad de lo que se trata aquí es de defender uno de los valores más elemental y desnudamente humanos que cabe concebir: la vida del no nacido. Mucho antes de que hubiera cristianismo en el mundo ya la inmensa mayoría de los seres humanos había lanzado su anatema contra esa práctica execrable, basados simplemente en el elemental sentido humano y moral de la especie.

"Una ética que pretenda ser para todos". Ante todo, se trata, más precisamente, de una cuestión jurídica, que por naturaleza es "para todos", aún sabiendo, como siempre se ha sabido, que las divergencias éticas son grandes entre los seres humanos. Pero no nos impediría castigar casos de canibalismo, de sacrificios humanos, de torturas rituales, de violación, etc., que sin embargo pueden tener sostenedores muy fervorosos desde el punto de vista ético. ¿Porqué es diferente el aborto?

Las decisiones morales son personales por definición, es verdad. Todas ellas. También la decisión entre matar o no al vecino, al jefe, a la suegra, al esposo o a la esposa, etc., la decisión moral entre robar o no hacerlo, estafar o no, mentir o no, traficar armas o drogas o no, etc. Todas personales y en un sentido "solitarias". ¿Y con eso qué? ¿Impide ello legislar y sancionar en esos casos? De nuevo ¿porqué es diferente el aborto?

Es cierto que ser clandestino es malo, y entonces, podemos suponer que la clandestinidad agrega cierta cantidad de maldad al homicidio, a la violación, al narcotráfico, etc. De todos modos, lo más malo de estas cosas no está ciertamente en que sean clandestinas, ni sería un paso demasiado grande hacia adelante el que se daría despenalizándolas y legalizándolas para arrancarlas de la oprobiosa clandestinidad.

O bien se quiere decir que ya sufren bastante las personas que deben tomar esta decisión (la de abortar, pero también ¿porqué no la de asesinar, robar, estafar, etc.?) para encima tener que sufrir la clandestinidad. Con todo, parece un poco desbalanceado preocuparse por quitar a la madre que mata a su hijo hasta la molestia de la clandestinidad, y no echar siquiera una mirada al hijo que es pura y simplemente privado de la existencia.

Es curioso que esta forma elemental del compromiso con los más débiles y más injustamente oprimidos esté ausente de lo que suponemos es un exponente, de algún modo, de la "teología de la liberación".

Continúa:

"Si aceptamos la noción de hacer justicia como el ajustar la realidad para que vuelva a ser humana en determinada circunstancia, es evidente que ajusticiar por medio de una ley que castiga el aborto no resuelve nada. No se reajusta nada porque no le da a la persona las posibilidades de vivir mejor y superar las circunstancias que la llevaron al aborto. Encarcelar a una madre de familia, como nos podemos imaginar, crearía unos problemas insolubles que tendrían como efecto casi automático la destrucción de los hogares. Aquí el castigo sólo añade un mal a otro que se pretende evitar."

Esto saca simplemente la discusión del tema, cosa frecuente en este artículo. Ya vimos que si esperamos a la sociedad perfecta para penalizar, seguramente no llegaremos a ella. La cuestión esencial aquí es si la sociedad puede declarar que el homicidio de un ser humano inocente no es penalizable. La proposición es evidentemente disparatada, y eso es todo. Como el mismo Pérez Aguirre lo ha señalado, no es ninguna novedad que la ley puede contemplar atenuantes en casos concretos. Pero eso, como ya dijimos, es justamente lo contrario de despenalizar.

Por otra parte, el argumento de Pérez Aguirre se apoya constantemente en la suposición de que la mayoría de los casos de aborto en nuestro país son dramáticos y generados por la pobreza, lo cual no está para nada probado y además tiene en contra las estadísticas mundiales que hablan de que en general son los "factores sociales" (carrera, empleo, opinión de los demás, comodidad de vida, etc.) los que determinan a las mujeres a solicitar el aborto, el cual por lo general, también, está más extendido en las clases medias y altas que en las bajas.

En resumen, éste es un caso claro y particularmente dramático en que el esfuerzo por compadecerse de personas que viven, a veces, situaciones ciertamente desgarradoras, unido a un desenfoque filosófico y teológico básico en el tratamiento del tema, lleva a la seguramente involuntaria conclusión de resultar patrocinador del asesinato en masa de los más inocentes e indefensos entre los débiles. Terrible advertencia que nos envía la realidad, acerca de la importancia de calibrar bien las opciones filosóficas y de respetar enormemente los hechos objetivos, más allá de nuestros deseos y preferencias ideológicas, si no queremos terminar ocasionando males mayores que los que queremos corregir, y siendo parte del problema, en vez de serlo de la solución.