FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


Sentido y fundamento de la tolerancia .

(Prof. Cristina Araujo Azarola.)

1995 Año de conmemoraciones: 

Parece que muchas y variadas conmemoraciones se dan cita en este 1995 justo  5 años antes de finalizar el siglo XX y el segundo milenio. Es, ciertamente , tiempo de reflexión y de meditación sobre lo actuado: sobre los errores para no cometerlos nuevamente y sobre los aciertos para acrecentar nuestros buenos actos. El siglo XX se inició bajo el signo de la guerra. Se cumplía el presentimiento de Mons. Mariano Soler, quien en 1890 decía que estábamos sobre el cráter de un volcán . Con anterioridad Mons. Jacinto Vera advirtió que a medida que los hombres se alejan de los principios cristianos, se hacen mas difíciles las relaciones humanas.

Vivimos las consecuencias de los delirios racionalistas, materialistas y naturalistas: guerras, opresiones, Cámaras de gas, torturas, campos de concentración, gulags, genocidios, afanes imperialistas, luchas de clases, armas cada vez más poderosas y destructoras, marginaciones, etc. etc.

La Humanidad clama por la cordura, por el verdadero diálogo, por la verdadera solidaridad que nace del amor y reconocimiento de la singularidad del prójimo, por el auténtico respeto a la dignidad de cada hombre y de la conciencia de cada persona.

Todo esto que anhelamos y esta paz y justicia que deseamos para todos los seres humanos, será realidad si la vivimos cada uno de nosotros en nuestra familia y en nuestro ambiente laboral, social, deportivo, religioso, que la sociedad y el mundo es, según lo que nosotros queramos que sea. No basta con detectar las fallas si no las arreglamos. No es sabio ni correcto esperar a que "papá Estado" me solucione mis deseos. No todos tenemos inteligencia en la cosa pública. Pero todos tenemos cierta influencia sobre sí mismo. ¿Queremos una sociedad más justa? Obremos con justicia cada día. ¿Queremos vivir en paz? Hagamos obras de paz cada día y no guardaremos rencor por los inconvenientes y problemas que naturalmente se suscitan entre nosotros.

No somos perfectos. Tampoco somos marionetas ni robots. Somos creadores y actores de la historia. ¿Queremos erradicar la miseria? Vivamos la pobreza, no enrolándonos en la línea de consumidores de cosas superfluas o inútiles; sepamos conservar lo que se obtiene con sacrificio, con trabajo, con esfuerzo.

¿Queremos vivir mejor? Obremos con honestidad, vivamos la verdad.

1995 Año de la Tolerancia.

Así lo calificó la ONU al año que iniciamos, año de la tolerancia , y la UNESCO haciéndose eco de esta designación, recuerda los 50 años de su fundación y propone que se reflexione sobre la trascendencia de la filosofía en el diálogo entre las culturas. Hace 50 años se puso fin a la cruenta segunda guerra mundial. Sin embargo, no se puso fin a las ideologías que siembran las condiciones culturales, sociales y políticas de opresión; y fomentan el odio y las guerras genocidas o fratricidas.

¿Qué significa "Tolerancia"?

El diccionario de la lengua española define a la tolerancia como la acción y efecto de tolerar. El vocablo "tolerar" significa sufrir o llevar con paciencia; permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.

De estas definiciones surge que la tolerancia es una acción que implica autodominio. Si la persona no controla sus propios impulsos, resulta intolerante, puesto que no "lleva con paciencia" o no "sufre con paciencia". Todos tenemos experiencia que hay muchas situaciones en las que el primer movimiento impetuoso es "tirar todo por la borda".

Pero luego de una reflexión en la que se ponen de manifiesto los fines buenos o los inconvenientes mayores que se derivarían de aquel acto de aquel acto, decidimos"sufrir con paciencia". Por lo tanto, parece que para ser tolerantes hay que ser pacientes. He de aquí una virtud importante : la paciencia.

El segundo significado del vocablo "tolerar" nos dice que es la acción de "permitir algo que no se tiene por lícito". Aquí se introduce un aspecto moral: la licitud de la acción. Por esto el diccionario aclara que se permite pero "sin aprobarlo expresamente". Esta actitud podría significar una salida pragmática; es decir: considerar la utilidad de la acción permitida, dejar hacer, pero no comprometerse al no aprobarlo expresamente.

Sin embargo, no es ésta la significación de vocablo. Todos tenemos experiencia que para convivir, a veces, es necesario callar o ceder en aquello que uno haría. Pero teniendo presente el bien común, se permite. ¡Cuantas veces los padres permiten a los chiquillos, en ciertos momentos, desordenar la casa con sus juegos!, o también permiten a sus hijos adolescentes reunirse con sus amigos y soportan la música y canciones que tal vez ellos escucharían.

Y qué decir de las modas, de los bailes, de los horarios, de las telenovelas, de los periódicos y revistas, de los chistes, de los mensajes que expresamente de un modo subliminal se lanzan a los televidentes o a los ciudadanos. Muchos actos de tolerancia pueden narrar los matrimonios que va celebrando, año tras año, su aniversario de bodas. Esto no sería posible si no fueran tolerantes. Es necesario mucho amor y mucho "Aguante". Lo mismo podríamos decir de los miembros de cualquier familia. La unidad familiar subsiste por amor y tolerancia. Cuanto mas numerosa es la familia, más ocasión hay para ejercitar ambas virtudes.

En verdad, hay muchas cosas que no tenemos por lícitos pero se permiten aunque no las aprobemos expresamente. Podemos preguntarnos ¿por qué lo permitimos si no la tenemos por lícito? La respuesta es: por el bien común de la familia; por el bien común de la sociedad, o para procurar al sujeto un bien mayor. Con frecuencia es por la paz en los hogares, o por la paz en la patria o entre las naciones.

Tolerar implica transigir en algo. Pero también exige que conozcamos el bien y la verdad para actuar en consecuencia para ser tolerante hay que ser virtuoso o por lo menos , la persona que pretende ser tolerante debe esforzarse en practicar las virtudes morales.

¿Todo esta permitido?

Si bien "tolerar" es en cierto modo "transigir", sin embargo, tolerar no es decir "sí" a todo, porque no todo está permitido. Hay actos buenos y actos malos. Hay afirmaciones verdaderas y afirmaciones falsas. En consecuencia, es necesario discernir entre el conjunto de actos propuestos o realizados cuáles son buenos y cuáles no lo son; es decir; qué actos hacen mejor a la persona, la ennoblecen, la perfeccionan. Estos son los actos buenos.

Todo acto que destruye al ser humano como tal, todo acto que imposibilita u obstaculiza al hombre su plena realización personal, podrá ser tolerado si de su negación o prohibición, surge un mal mayor. Por lo tanto, hay que conocer la verdad y enseñarla, comunicarla de palabra y de obra. Quien tolera, sabe que el paso siguiente tal vez sea enseñar al que no conoce el verdadero bien.

En esto también se manifiesta el amor al prójimo, y se va construyendo el camino de amor tolerante. Escudándonos en la "tolerancia" no podemos permitir la violencia, no podemos transigir con la violación física de una persona, con la violación de la conciencia moral, ni con el atentado de la conciencia religiosa de las personas.

Tampoco es posible admitir que se asesine, que se robe, se secuestre, se estafe, se mienta, se chantajee, se calumnie, se golpee, se pisoteen los derechos de los pueblos a ser si mismos. Es inadmisible consentir en la marginación de las personas o de los pueblos, y el avasallamiento de la libertad cultural. Todos estos actos son actos de intolerancia. La lista es interminable.

Sin embargo, también están quienes siendo víctimas de esos actos, saben reaccionar con tolerancia, realizando todo lo que está a su alcance para modificar la situación, para corregir lo equivocado, para mostrar las consecuencias nefastas de todos esos males.

Por lo tanto, no es tolerante quien a todo dice "si", así como no es intolerante aquel que siendo firme en el conocimiento de lo verdadero y de lo bueno en ocasiones dice "no". Firmeza no es sinónimo de intolerancia; así como la permisividad no es sinónimo de tolerancia. Para obrar con firmeza y ser tolerante es necesario conocer la verdad, corregir el error, respetar la conciencia de la persona. Es importante suscitar en cada uno la actitud de búsqueda de la verdad y el deseo de obrar con rectitud. Sabemos que en el ámbito de lo meramente natural, con nuestras solas luces racionales, podemos equivocar el camino; podemos errar en el juicio o en la oportunidad de la acción. Son nuestras limitaciones.

 Fundamento de la tolerancia.

¿Por qué hay que tolerar? Esta interrogante puede ser respondida desde muchos puntos de vista. Todos ellos entrelazados, formando un polifundamento.

En el correr del año, distintos especialistas nos harán descubrir algunos de estos variados aspectos. A mí me corresponde mostrar el fundamento de la tolerancia desde la filosofía. Desde allí observo la multidimensión de dicho fundamento. Precisamente porque el ser humano es pluridimensional.

  1. Fundamento antropológico.Cada uno de nosotros, siendo personas, somos seres corpóreos y espirituales. O, como enseña San Agustín, y mas recientemente el psiquiatra vienés, Víctor Frankl, somos cuerpo, alma, y espíritu. Resulta obvia la corporeidad , pero difícilmente se toma conciencia que esta corporeidad que somos está íntimamente unida a un espíritu gracias al cual somos capaces de conocer, intuir, reflexionar, tomar decisiones, trascender hacia lo infinito, extasiarnos ante la belleza, somos capaces de orar y entrar en diálogo con Dios, nuestro Padre y Creador. También somos afectivos, imaginativos, soñadores. Esta es nuestra vida psíquica que tiene manifestaciones corporales y manifestaciones espirituales. Somos una compleja unidad. Por esto califico al ser humano como ser pluridimensional. Este es el primer fundamento de la tolerancia. Porque lo que se haga al cuerpo del hombre se hace a toda la persona; y lo que se haga con relación al espíritu de un ser humano, se hace a toda su persona. Un daño físico (ej.un golpe) puede producir modificaciones físicas (ej. Sangrar, caer, quebradura), modificaciones psíquicas (ej dolor, vergüenza), y una reacción espiritual (ej. odio, compasión por quien golpea, u ofrecimiento del dolor a Dios en unión al sufrimiento de Cristo).
  2. La experiencia enseña que somos una unidad diferenciada. Por experiencia sabemos como se interrelacionan nuestra psiquis, nuestro espíritu, y nuestro cuerpo. Sin embargo, parece que en la reacción espiritual se encuentra la raíz de la actitud de la tolerancia. Porque al reconocer la dimensión espiritual de cada hombre, se reconoce al mismo tiempo la dignidad personal y la unicidad e irrepetibilidad de cada persona. Aquí se fundamenta la verdad ontológica de que la persona es objeto de respeto por parte de sus prójimos. Si se admite que el ser humano es persona, también se admite que esa persona es sujeto de derechos y de deberes. Cuando se desconoce esta verdad, se manipula a la persona y se la utiliza como simple instrumento de acción. Aquí surgen actos de intolerancia porque a la persona se la utiliza mientras sirve, y si no sirve para lo que pretende, se la descarta. Esta concepción legitima la tortura, el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, etc.

    Entorno al fundamento antropológico se descubren los fundamentos que a continuación se describen.

     
  3. Fundamento Moral,centrado principalmente en el derecho de la libertad de conciencia, y en general en los derechos fundamentales de toda persona.
  4. El desconocimiento del verdadero significado de la libertad de conciencia y de cada uno de los derechos fundamentales de la persona, es con frecuencia fuente de actos de intolerancia.

     
  5. Fundamento psicológico,es lógico que no demos asentimiento a lo que no vemos como verdadero, o cuando no tenemos la convicción de que el objeto sea tal como se nos presenta. Por este motivo es importante aprender a discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo bueno y lo malo; entre la felicidad verdadera y la aparente. También es relevante tener conocimiento de sí mismo y de sus propios deseos, afanes y realizaciones, a fin de no confundir lo meramente psicológico con lo real. Con frecuencia se producen malos entendidos fundamentados en lo imaginado o lo pensado por el sujeto; pero se solucionan cuando se confronta con la realidad. La verdadera realidad no siempre coincide con la realidad pensada o imaginada. Las distintas formas de racionalismo y psicologismo ha introducido esta confusión: identificar lo real con lo pensado.
  6. El desconocimiento de este hecho psicológico es otra fuente de intolerancia.

  7. Fundamento de fe. Aquí nos referimos al fundamento basado en la revelación bíblica, en la en la Tradición y el magisterio de la Iglesia Católica.

    Por esta enseñanza sabemos que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Somos semejantes a Dios. Pero no somos Dios. En esta vida cotidiana nuestra tarea es conocernos en lo que somos (somos criaturas) y a lo que estamos llamados a ser. Dios nos creó para la felicidad eterna. A ella llegamos por el camino del amor verdadero que es fuente de paz y alegría profunda. Quien ama de verdad, vive en paz, vive alegre y es tolerante. Como el Señor que deja crecer el trigo y la cizaña, pero enseña que una cosa es el trigo y otra la cizaña.

    Dios hace salir el sol sobre los buenos y los malos. Pero enseña que uno solo es el camino hacia la felicidad plena: cumplir la voluntad de Dios Padre.

    Tal vez, si los cristianos viviéramos plenamente conscientes de nuestra filiación divina, nos esforzaríamos en vivir la virtud de la tolerancia.

    CONCLUSIÓN.

    He reflexionado sobre la tolerancia, basándome en la experiencia personal, familiar y social. Estoy convencida de que para practicar la tolerancia es necesario recordar que todos somos miembros de una misma humanidad. Hay rasgos comunes a todos y a cada uno de nosotros. También hay rasgos que nos diferencian y confirman nuestra propia individualidad y nuestra personalidad. Esto acontece con las personas individuales. Se cumple también con cada pueblo, con cada sociedad, con cada cultura, porque ellas son expresiones de una colectividad de personas.

    Tal vez tengamos que vivir la convicción de que los dones espirituales, o materiales que poseemos, debemos hacerlos fructificar en bien del prójimo o en bien de la comunidad, comenzando con la comunidad familiar. Por este motivo es indispensable adquirir, cultivar y ejercitar las virtudes; principalmente la humildad.

    En consecuencia, la actitud de la tolerancia esta fundamentada en los cuatro pilares de reseñados. Todos ellos enfocan un aspecto de la verdad del hombre finito, contingente, creatural, pero con capacidad de trascenderse hacia las cosas, hacia el prójimo, hacia Dios. Somos inacabados, insatisfechos, imperfectos, pero estamos en camino hacia la plenitud de la Felicidad. Esforcémonos en no equivocar la ruta.


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