Fe y Razón

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


BREVE DIALOGO SOBRE

EL CRISTIANO Y LA SECULARIZACION DE LA ETICA

María Cristina Araújo Azarola

Con frecuencia se oyen preguntas referentes a la vida moral del creyente y del no creyente. Hoy sacudidos por la actual situación conflictiva, parecen ponerse de relieve criterios pragmáticos. ¿Cuándo llegará el momento en que los cristianos obremos como aconseja el apóstol Santiago en su carta? Él, nos recuerda que: " el juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia. La misericordia se ríe del juicio." (St 2, 12-13).

1- ¿Es duradera una moral sin Dios?

Un sistema ético sin Dios, o lo que es lo mismo, una "moral laica", no es duradera. La historia lo demuestra. El hombre sólo podrá crear sistemas éticos relativos, puesto que él mismo es un ente finito y contingente. En consecuencia, sino es capaz de dar razón de su propio ser, menos podrá dar razón de la obligación moral, ni de norma moral alguna. Lo relativo y finito no es duradero.

Entiendo que la obligación moral si bien es subjetiva, tiene un fundamento inmediato en la ley moral natural y un fundamento absoluto y último, en Dios.

Eduardo Pavanetti SDB en su obra "El laicismo superado. En su historia y en sus dogmas" realiza un estudio de las llamadas "morales laicas". En su 3ª edición (1953) le dedica tres capítulos: pp. 471 a 570 y en el Apéndice documental: pp. 687-690 y pp. 716-726.

En el "Primer Congreso Católico argentino de Filosofía" realizado en el año 1981, los días 6 al 9 de noviembre, en Córdoba, uno de los temas tratados fue precisamente el fundamento de la moral. Quedó bien claro que una moral sin fundamento trascendente absoluto, no es duradera, ni legítima. Lo contingente no fundamenta en forma perenne una obligación moral.

2- ¿Qué sucede con los no creyentes?

Creo que habrá que apoyarse en la ley moral natural, que induce al hombre hacia el Bien. Cuando el no creyente es leal y busca obrar con rectitud, los puntos de coincidencia los he encontrado en la dimensión del obrar interpersonal. Algunos de estos valores serían: la Justicia (que en el plano del obrar es virtud), el Bien (en el sentido de procurar el bien al otro), del cual se derivarían las relaciones de amistad, compañerismo, solidaridad, la lealtad y fidelidad a la palabra dada...

Pienso que debe ser muy difícil obrar bien por el bien mismo, sin saber que ese bien moral relativo a su obrar, se fundamenta en el Bien Absoluto, personal, que es todo Amor y enciende de amor al corazón de los hombres cuando obra con rectitud. Si los no creyentes vieran esta verdad en los cristianos, darían el paso definitivo hacia Dios, a Quien quizás a tienta estén buscando, puesto que el valor moral (el Bien) es absoluto. En este plano, pues, se identifica con el Ser Absoluto, Dios. Por lo tanto el Bien Absoluto, objeto propio de nuestra voluntad, es el fin último de nuestras acciones y de nuestra vida.

Aquí radica la insatisfacción vital y real que experimenta el hombre cuando desconoce esta realidad, en la cual consume su felicidad.

3- ¿En el Uruguay, la moral está secularizada?

Sí, en el Uruguay se vive una moral secularizada. Predomina el relativismo moral (ligado a lo temporal: "antes era así") y una actitud pragmática ("si me sirve, lo hago").

La "moral laica" producto del laicismo imperante en nuestro país ha invadido todos los ambientes: la escuela, el trabajo, la familia, los medios de comunicación, las diversiones, la enseñanza. Y ahora asistimos a sus efectos: desorientación generalizada, adicciones de distinto tipo, corrupción en varios órdenes de la vida, violencia, delincuencia infantil, suicidios. Monseñor Jacinto Vera -en el siglo XIX- ya lo había advertido; por eso su preocupación evangelizadora.

4- ¿La educación incide en fomentar o condicionar esta situación?

Pienso que la falsa prudencia, el falso respeto humano y el temor al ridículo ha hecho a muchos cristianos ser condescendientes con las costumbres paganizantes que se desenvuelven en nuestro medio. Existe una laxitud de conciencia, provocada también por la falta de una adecuada moral familiar cristiana.

En otros casos, no se prepara al adolescente y/o al joven para vivir su fe sin claudicaciones, para el recto discernimiento, para la auténtica tolerancia (que no es tolerancia del error, ni del mal, porque ningún error tiene derecho a existir, ni a ser sostenido). Los errores son resultado de la fragilidad humana, pero no del derecho. En una palabra, falta que los cristianos vivan las virtudes cristianas. Con frecuencia observamos que ni siquiera viven las virtudes morales aconsejadas ya por los filósofos paganos en la antigüedad. Si los cristianos viviéramos con autenticidad el "Padrenuestro" enseñado por Cristo, transformaríamos al mundo inundándolo de amor.

Otro aspecto que se está generalizando en nuestro medio es la reducción de los problemas éticos a problemas científicos. Esto conduce a la desnaturalización del problema ético y a la consideración de que no existe un bien moral objetivo, y que los científicos pueden obrar al margen de toda norma moral. En realidad lo que significa esto es la pérdida de la conciencia del bien y del mal.

5- ¿El Concilio trata este tema?

Efectivamente. El Concilio Vaticano II en la Constitución sobre "La Iglesia y el mundo de hoy" al final del Nº19, refiriéndose a las causas del ateísmo, recuerda que "una parte no pequeña de responsabilidad cargue sobre los creyentes" por descuidar la educación de la fe y en la fe o por exponer en forma deficiente la doctrina – de manera que induce a error- o por defectos de su vida moral, religiosa o social. De manera que, si los que se dicen "seguidores de Cristo" presentan a la moral cristiana deformada, sea por la palabra o por el ejemplo, no podemos extrañarnos que se produzca el alejamiento y la murmuración de aquellos que son débiles en la fe y aún por quienes son ajenos a la Iglesia de Cristo. La sal se vuelve insípida.