FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


EL TESTIMONIO DE LOS HEREJES.

(G. K. Chesterton, fragmento del cap. IV de "El hombre eterno" ("The everlasting Man").

So might rise from their graves the great heresiarchs to confound their comrades of today. There is nothing that the critics now affirm that we cannot call on these great witnesses to deny.

The modem critic will say lightly enough that Christianity was but a reaction into asceticism and anti-natural spirituality, a dance of fakirs furious against life and love.

But Manes the great mystic will answer them from his secret throne and cry, ‘These Christians have no right to be called spiritual; these Christians have no title to be called ascetics; they who compromised with the curse of life and all the filth of the family. Through them the earth is still foul with fruit and harvest and polluted with population. Theirs was no movement against nature, or my children would have carried it to triumph; but these fools renewed the world when I would have ended it with a gesture.’

And another critic will write that the Church was but the shadow of the Empire, the fad of a chance Emperor, and that it remains in Europe only as the ghost of the power of Rome.

And Arrius the deacon will answer out of the darkness of oblivion: ‘No, indeed, or the world would have followed my more reasonable religion. For mine went down before demagogues and men defying Caesar; and around my champion was the purple cloak and mine was the glory of the eagles. It was not for lack of these things that I failed.’

And yet a third modern will maintain that the creed spread only as a sort of panic of hell-fire; men everywhere attempting impossible things in fleeing from incredible vengeance; a nightmare of imaginary remorse; and such an explanation will satisfy many who see something dreadful in the doctrine of orthodoxy.

 

And then there will go up against it the terrible voice of Tertullian, saying, ‘And why then was I cast out; and why did soft hearts and heads decide against me when I proclaimed the perdition of all sinners; and what was this power that thwarted me when I threatened all backsliders with hell? For none ever went up that hard road so far as I; and mine was the Credo Quia Impossibile.’

Then there is the fourth suggestion that there was something of the Semitic secret society in the whole matter; that it was a new invasion of the nomad spirit shaking a kindlier and more comfortable paganism, its cities and its household gods; whereby the jealous monotheistic races could after all establish their jealous God.

And Mahomet shall answer out of the whirlwind, the red whirlwind of the desert, ‘Who ever served the jealousy of God as I did or left him more lonely in the sky? Who ever paid more honour to Moses and Abraham or won more victories over idols and the images of paganism? And what was this thing that thrust me back with the energy of a thing alive; whose fanaticism could drive me from Sicily and tear up my deep roots out of the rock of Spain? What faith was theirs who thronged in thousands of every class and country crying out that my ruin was the will of God; and what hurled great Godfrey as from a catapult over the wall Jerusalem; and what brought great Sobieski like a thunderbolt to the gates of Vienna? I think there was more than you fancy in the religion that has so matched itself with mine.’

Those who would suggest that the faith was a fanaticism are doomed to an eternal perplexity. In their account it is bound to appear as fanatical for nothing, and fanatical against everything. It is ascetical and at war with ascetics, Roman and in revolt against Rome, monotheistic and fighting furiously against monotheism; harsh in its condemnation of harshness; a riddle not to be explained even as unreason.

And what sort of unreason is it that seems reasonable to millions of educated Europeans through all the revolutions of some sixteen hundred years? People are not amused with a puzzle or a paradox or a mere muddle in the mind for all that time.

I know of no explanation except that such a thing is not unreason but reason; that if it is fanatical it is fanatical for reason and fanatical against all the unreasonable things.

That is the only explanation I can find of a thing from the first so detached and so confident, condemning things that looked so like itself, refusing help from powers that seemed so essential to its existence, sharing on its human side all the passions of the age, yet always at the supreme moment suddenly rising superior to them, never saying exactly what it was expected to say and never needing to unsay what it had said; I can find no explanation except that, like Pallas from the brain of Jove, it had indeed come forth out of the mind of God, mature and mighty and armed for judgment and for war.

 

Así podrían salir de sus tumbas los grandes heresiarcas para confundir a sus camaradas de hoy día. No hay nada de lo que los críticos afirmen actualmente que no podamos llamar a estos grandes testigos para que lo nieguen.

El crítico moderno dirá bastante ligeramente que el Cristianismo no fue sino una reacción hacia el ascetismo y una espiritualidad anti-natural, un baile de faquires furiosos contra la vida y el amor.

Pero Mani, el gran místico, les contestará desde su trono secreto y gritará : " Estos Cristianos no tienen ningún derecho a ser llamados "espirituales"; estos Cristianos no tienen ningún título para llamarse "ascetas"; ellos, que se comprometieron con la maldición de vida y con toda la suciedad de la familia. Por causa de ellos la tierra está aún manchada con frutos y cosechas y contaminada con población. El suyo no era un movimiento contra la naturaleza, o mis muchachos lo habrían llevado al triunfo; pero estos necios renovaron el mundo cuando yo lo habría acabado con un gesto".

Y otro crítico escribirá que la Iglesia no era sino la sombra del Imperio, la moda de un Emperador de turno, y que sólo permanece en Europa como el fantasma del poder de Roma.

Y Arrio el diácono contestará desde la oscuridad del olvido: "No, ciertamente, o el mundo habría seguido mi religión, mucho más razonable. Porque los míos cayeron ante demagogos y hombres que desafiaban a César; y alrededor de mi campeón estaba la capa purpúrea y mía era la gloria de las águilas. No fue por falta de estas cosas que yo fallé."

Y todavía un tercer moderno mantendrá que el credo sólo se extendió como una especie de pánico del fuego del infierno; hombres que por todas partes intentan cosas imposibles huyendo de una increíble venganza; una pesadilla de remordimiento imaginario; y semejante explicación satisfará a muchos que ven algo espantoso en la doctrina ortodoxa.

Y entonces surgirá en contra la voz terrible de Tertuliano, diciendo, "Y por qué entonces fui yo expulsado; y por qué blandos corazones y cabezas decidieron en mi contra cuando proclamé la perdición de todos los pecadores; y cuál fue este poder que me frustró cuando amenacé a todos los reincidentes con el infierno? Porque ninguno anduvo nunca por ese duro camino tan lejos como yo; y el mío era el Credo Quia Impossibile

Hay también la cuarta sugerencia que había algo de sociedad secreta semítica en el asunto, que era una nueva invasión del espíritu del nómada destruyendo un paganismo más amable y más cómodo, sus ciudades y sus dioses domésticos, para que las razas monoteístas celosas pudieran establecer después de todo su celoso Dios .

Y Mahoma contestará desde el torbellino, el torbellino rojo del desierto, "¿ Quién sirvió jamás los celos de Dios como yo lo hice, o quién lo dejó más solo en el cielo? ¿Quién en la vida tributó más honor a Moisés y Abraham y ganó más victorias sobre los ídolos y las imágenes del paganismo? ¿Y qué fue esa cosa que me rechazó con la energía de una cosa viva; cuyo fanatismo logró sacarme de Sicilia y arrancar mis profundas raíces de la roca de España? ¿Qué fe era la suya que arrastró a miles de toda clase y nación clamando que mi ruina era la voluntad de Dios; y lanzó como una catapulta al gran Godofredo contra los muros de Jerusalén; y trajo al gran Sobieski como un rayo a las puertas de Viena? Creo que había más de lo que Ud. imagina en la religión que se ha medido así con la mía". '

Aquéllos que sugerirían que la fe era un fanatismo están condenados a una perplejidad eterna. En su versión, ella aparece como fanática por nada, y como fanática contra todo. Es ascética y está en guerra con los ascetas, Romana y en revuelta contra Roma, es monoteísta, y lucha furiosamente contra el monoteísmo; áspera en su condenación de la aspereza; un enigma que no puede ser explicado ni siquiera como absurdo.

¿Y qué clase de absurdo es ése que parece razonable a millones de europeos cultos a través de todas las revoluciones de unos dieciséis siglos? No se divierten las personas con un enigma o una paradoja o un mero enredo mental durante todo ese tiempo.

No conozco ninguna explicación salvo que semejante cosa no es absurdo sino razón; que si es fanática, es fanática por la razón y fanática contra todas las cosas irrazonables.

Ésa es la única explicación que yo puedo encontrar de una cosa que desde el comienzo aparece tan imparcial y tan segura, condenando cosas que se parecían tanto a ella misma, rechazando la ayuda de poderes que parecían tan esenciales a su existencia, y mientras que compartiendo en su lado humano todas las pasiones de la época, todavía siempre en el momento supremo elevándose de repente por encima de ellas, nunca diciendo exactamente lo que se esperaba que dijera y nunca necesitando desdecir lo que había dicho. No puedo encontrar ninguna explicación salvo que, como Pallas del cerebro de Júpiter, había ciertamente salido de la mente de Dios, madura y poderosa y armada para el juicio y para la guerra.

G.K. Chesterton, The Everlasting Man, Image Books, New York, 18a. Ed., 1955.


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