FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


NUEVAS PRECISIONES SOBRE LA BIBLIA LATINOAMERICANA

Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola

         I – Ocasión de este aporte.

         En la revista de italiana misionología Ad Gentes[1], nos hemos encontrado con un interesante número monográfico, cuyo tema reza así:”Comunicación de la fe y traducción de la Biblia”.

         Entre los intentos científico – pastoral – culturales de este tipo, a los que se pasa revista, se publica una reseña de R. García Monge titulada: “La Bibbia Pastorale Latinoamericana”.

         Dado que las apreciaciones vertidas por el autor parecen pecar por demasiado simplismo y adhesión entusiasta, a una edición tan exitosa[2] como problemática, y, para no dejar un trabajo a medias[3], hemos sentido la urgencia de ofrecer a los lectores algunas aclaraciones, en el orden histórico de los acontecimientos, a que se refiere García Monge, a la traducción y comentarios de esta singular propuesta bíblico – pastoral.

         II – ¿Bajo la Inspiración del Concilio?

         García Monge da cuenta de que esta versión de la Biblia, si bien es “la más usada”, ha sido también “objeto de un largo debate”[4]. Observa igualmente que  se ha ido realizando un trabajo permanente de corrección y actualización al respecto, “de modo que podemos decir que las últimas versiones no pueden ser objeto de las mismas críticas, sea de las bienintencionadas, sea de las malintencionadas, a que fue sometida acto seguido de su primera edición”[5].

         Si esto es así, no se puede comprender la actitud del autor, que sin matiz alguno descalificará las serias llamadas de atención que hiciera el episcopado argentino[6] con ocasión de múltiples errores, ambigüedades y contradicciones internas, que ostentaban las primeras ediciones, no, ciertamente a causa de los que lleva consigo todo intento primerizo, sino por el apresuramiento y poca coordinación que se puede apreciar en el equipo de editores.

         También se ha de advertir, que, si bien (como se comprobará), muchas de las observaciones, provenientes justamente del episcopado argentino, fueron aceptadas en sucesivas ediciones, sin embargo, al menos hasta la 91ª. ed., todavía persiste más de una nota que induce a confusión a un lector católico.

         La caída del muro de Berlín, con la consiguiente disolución de los bloques marxistas más en vista, trajo consigo, en esta presentación “latinoamericana” la desaparición de más de un coqueteo con la ideología marxista, imperante por aquellas décadas (60 – 70) en más de un ámbito eclesial. Pero, el hecho es que ya entonces era posible percibir el espejismo colosal con que masas de sacerdotes y enfervorecidas juventudes juraban, tan resuelta como equivocadamente, por el  “Che Guevara” y sostenían con enorme aplomo que, quien no estaba con Marx, “había perdido el tren de la historia”. 

         Por lo mismo, no podemos admitir el primero de los apartados con que García Monge articula su enfoque: “Bajo la inspiración del Concilio”[7].

         Si es indiscutible  “la actualización urgente”[8], lo es, en cambio, la óptica con que se la propone: “superando toda dicotomía entre lo natural y lo sobrenatural, entre la historia de la salvación y la historia humana”[9].

         Para huir de un pretendido “dualismo” se fue a parar en un “monismo”, que todo lo nivelaba. Eran iguales el Antiguo y el Nuevo Testamento, la revelación bíblica era equiparada con los más que confusos “signos de los tiempos”.

         Así fue cómo, en la Parroquia Universitaria de Montevideo (hoy desaparecida), con toda naturalidad y durante la celebración de la Eucaristía, se llegó a leer el periódico del día junto con las lecturas bíblicas, bajo el especioso argumento de que “Dios habla también a través de los hechos”.

         Claro que sí, es factible aclarar, pero...¿de la misma manera? ¿bajo igual influjo inspirador del Espíritu Santo?  Y...¿cuando esos “acontecimientos” iban derechamente contra explícitas indicaciones del magisterio auténtico del Papa?

         Así, por ejemplo, ilustres jesuitas uruguayos  indujeron a los estudiantes de sus selectísimos colegios a enrolarse en las filas tupamaras, contraviniendo el expreso aviso de Pablo VI en Medellín contra la violencia.

         En oposición a toda interpretación sensata del Vaticano II, son conocidos los malabarismos de G. Gutiérrez, por nivelar la historia de la salvación con la historia común de la humanidad[10]. Allí, se opone abiertamente a GS 39, que distingue “cuidadosamente progreso  temporal y crecimiento del reino”[11].

         Como explicaba acertadamente H. De Lubac: una concepción tan amplia, que coloca “en el mismo plano” al que se prepara y aquello a lo se  prepara, corre el riesgo de “confundir la búsqueda del hombre con el don de Dios, las preparaciones lejanas con la llamada directa, la influencia difusa y la intervención decisiva, etc.; en breve, de anegar el gran eje de la revelación histórica en un evolucionismo amorfo”[12].

         A estas confusas nivelaciones se debieron preguntas como la de un inteligente estudiante de arquitectura montevideano, quien, en una masiva asamblea de “católicos universitarios”, preguntó emocionado: “¿Qué nos separa de los marxistas?”. Alguien, sintiéndose como un cristiano arrojado a las fieras, respondió humildemente: “Una persona, llamada Jesucristo, que no sólo fue un hombre, sino también Hijo de Dios y redentor de nuestros pecados”.

         III – Un lenguaje popular

         Entre las características propias de esta “edición pastoral” de los libros sagrados, resaltadas por García Monge, se encuentra: “una simplificación del lenguaje”.

         Creemos que se trata de una preocupación  altamente aceptable, pedagógica y pastoralmente. Aunque el empeño ha de ser doble: no sólo adaptarse a la altura de lo que pueda captar la gente del pueblo en general, sino también elevar sus miras, despertando en los humildes justos anhelos de superación.

         Así, S. Pablo reconoce que se vio obligado a “dar leche y no alimento sólido” a sus corintios “carnales como niños en Cristo” ( I Cor 3, 1 – 2). Pero no menos justamente se queja el autor de Hebreos: “el que se alimenta de leche no puede entender la doctrina de la justicia, porque no es más que un niño. El alimento sólido es propio de los adultos, de aquellos que por la práctica tienen la sensibilidad adiestrada para discernir entre el bien y el mal. Por eso, dejando a un lado la enseñanza elemental sobre Cristo, vayamos a lo más perfecto, sin volver otra vez sobre verdades fundamentales...” (Hebr 5, 13 – 6, 1).

         Jesús, con sus parábolas, se acomodó al ambiente rural y pastoril de su región, pero no quiso dar “pan comido”. Dejaba lugar para indagar y seguir preguntando. “A Ustedes (que piden explicaciones) se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola” (Mc 4, 11). ”No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo” (ibid. v. 34)        

A causa de este simplismo en una sola dirección (adaptar, unificar por lo bajo), surgieron justas críticas, sobre todo de L. Alonso Schökel, experto y eximio traductor de la Biblia al castellano[13].

         Con enorme sentido común, reflexionaba el exegeta español de la siguiente manera: “El problema es la idea que nos hacemos del pueblo como destinatario, oyente o lector. Para que el pueblo entienda debemos reducir el vocabulario, debemos simplificar el estilo, debemos desvigorizar las imágenes, debemos desdoblar lo conciso...¿Son legítimos sin más estos postulados? ¿Hacen justicia al sentir popular? “[14].

         Sería necesario reproducir todo su apartado “Lo popular: reflexiones y ejemplos”, para alejarnos de simplismos mil, que corren sobre el particular. Elegimos algunas luminosas pistas: ”No hemos de hacer ofensa al pueblo rebajando su capacidad de comprensión. Wonderly distingue correctamente entre el vocabulario activo, que uno utiliza, y el pasivo, que uno entiende, aunque no emplee; la misma distinción se podría extender a muchos recursos de estilo”[15].

         “Por otra parte, la posibilidad de ser entendido a la primera y sin esfuerzo, con ser muy valiosa, quizá no lo sea todo; también tienen sus derechos la expresividad, el vigor, la fuerza de sugestión, el ritmo, el aliento poético. Valores que no son puramente formales y que la traducción «a nivel original» quiere recrear con los recursos disponibles de la propia lengua”[16].

         El incisivo estudio de Alonso Schökel tiene muy en cuenta, justamente y para cribar sus deficiencias, la primera edición de la Biblia Latinoamericana.

         Posteriores presentaciones han aceptado las observaciones, pero no del todo en algunos casos.

         Por ejemplo: el Sal. 127 (126) 4 es traducido así por la Biblia Latinoamericana: “Feliz el hombre que con tales flechas ha llenado su caja”.

         Por evitar el vocablo “culto”: “aljaba” o “carcaj”, se cae en el término ramplón: “caja”, sacrificando un rasgo descriptivo con el fin de volver inmediatamente asequible el texto[17].

         Igualmente infeliz ha sido la traducción de Miq 3, 5:

         “Así habla Yavé contra los profetas que engañan a mi pueblo:

         Si se les da algo de comer, gritan: ¡Habrá paz!

         Mas cuando el pueblo no les da , anuncian la guerra”

         Fuera de muchas torpezas, anotadas por Alonso Schökel, en las que no nos detendremos[18], hay un detalle, que cambia bastante el sentido[19]. En efecto, el texto hebreo expresa que los falsos profetas; qiddeshu ‘alaw milhama, que significa: “Le declaran la guerra santa”. En la traducción “popular”: “anuncian la guerra”, puede entenderse de la natural inquina que cualquier adversario experimenta   hacia su contrincante. En cambio, la situación encarada por Miqueas es más grave: “El falso profeta invoca la guerra santa, fulminando en nombre de Dios el que no paga”[20]. “El pueblo – anota Alonso Schökel – no entiende hoy lo que es la guerra santa; por eso una traducción (la “latinoamericana”) sacrifica ese dato del texto original”[21]. Sólo que, justamente para tales casos, está el aparato de notas aclaratorias, evitado aquí por el equipo editor de esta Biblia.

         IV – La traducción

         García Monge se muestra aquí más ecuánime, temperando sus entusiasmos con la cruda realidad, cuestionada aún por los más resueltos apologistas de esta Biblia “popular y pastoral”.

         Avisa, en efecto, que “no es una obra de «primera mano» ni corresponde a un proyecto definitivo de traducción en el que los criterios hayan sido discutidos y asimilados por un grupo de expertos”[22].

         El propio Beltrán Villegas (de quien toma sus datos al respecto García Monge)[23] se muestra muy renuente frente a numerosos pasajes traducidos con muy poco cuidado.

         “La calidad lingüística de esta traducción – afirma – es dispar, como tenía que resultar de un trabajo colectivo llevado adelante con criterios puramente pragmáticos. En efecto, detrás del esfuerzo por llegar a una lengua inteligible para el pueblo de A. L., no hay en esta versión un estudio teórico comparable al que sustenta la versión «Dios llega al hombre», basada en última instancia en los trabajos importantes de E. Nida. La versión que nos ocupa está hecha «a ojo de buen cubero»”[24].

         Villegas notifica que se ha tratado de evitar palabras poco usuales como “monte” o “montaña”, acudiendo en su lugar a “cerro”, “loma”. [25]

         Pero, el mismo autor avisa que “pronto aparecen palabras poco usuales como “mancillar”, “condonar”, “faz”. Dato que, una vez más, comprueba la poquísima coordinación y  revisión final que ha existido en el equipo responsable[26] .

         El mismo crítico llama la atención sobre “construcciones bastante violentas y forzadas”, sobre todo en los Salmos[27].

         “Pero – prosigue Villegas – en cuanto a la calidad de la lengua, el defecto más frecuente...es la incoherencia del estilo: en medio de frases de nivel digno y sencillo se encuentran de pronto unos modismos vulgares que desentonan de manera violenta, como, por ejemplo: “A ti, oh Dios, no te gusta la maldad y niegas hospedaje a los malvados. Las piernas de los tontos temblequean al contemplar tu rostro”;...”vendrán a verlo muy humilditos”...”No tenía gracia ni belleza...ni era simpático, para que pudiéramos apreciarlo”.

         En cuanto a la “fidelidad” al texto original, sostiene Villegas que no la hay con demasiada frecuencia. “Lo primero que llama la atención es que no ha habido un esfuerzo por homologar la manera de traducir una misma palabra o una misma expresión en diferentes lugares. Un caso, sin duda extremo, lo tenemos en el Salmo 42 – 43 (41 – 42), donde el estribillo es traducido, cuando aparece por tercera vez, de un modo diferente que en los dos primeros casos”[28].

         También el verbo “kaukhastai” en Rom 5, donde desempeña el papel de elemento estructurante, es traducido las tres veces en forma diferente, sin que se vea razón alguna para ello. De igual modo, la traducción de la cita que Rom 3, 4 hace del Sal 51 (50), 4 no tiene nada que ver con la traducción que de este versículo se propone en el Salterio”[29].

         En las últimas publicaciones de esta traducción se tiene el cuidado de señalar: ”Texto íntegro traducido del hebreo y del griego”. La noticia nos deja perplejos, al constatar (salvo excepciones) que la mayoría de los defectos sacados a luz por Villegas, sigue tal cual en estas recientes ediciones.

         Concluye el biblista chileno: “Es tan grande el «amateurismo» con que está preparada esta traducción, que no se la puede considerar como un instrumento fiable para la comprensión del sentido genuino de la Palabra de Dios”[30]. ¡NADA MENOS!  Y, conste que semejante cañonazo proviene de un “defensor” convencido de esta faena “pastoral”. Da casi la impresión de que los propulsores de la empresa podrían pedirle a su “panegirista”: “¡Por favor! ¡No nos quieras tanto!”

         Lo expuesto nos ahorrará mayores réplicas respecto a los ligeros comentarios de García Monge: “Un castellano mejor habría contribuido a promover la alfabetización del continente. En primer lugar conviene decir que ni siquiera la lengua originaria de la Biblia es siempre elevada (el evangelio de Marcos, por ejemplo, no habría sido admitido en ninguna antología de textos griegos), y además ella apunta al crecimiento de la fe y no simplemente a la instrucción y al aprendizaje del lenguaje”[31].

         Simplemente, es posible hacer notar que el argumento no justifica el que se rebaje a todos los autores al mismo nivel. Por lo cual, no se ha de echar en saco roto, la justa advertencia de L. Alonso Schökel: “La mayoría de los textos bíblicos fueron compuestos y declamados para el pueblo o rezados por él...No faltan mensajes proféticos dirigidos al rey, a los ministros o a un personaje en particular: es decir, a personas de mayor cultura. En un mismo profeta, pongamos por caso Jeremías, no apreciamos diferencia de estilo entre los oráculos dirigidos a los reyes y los dirigidos al pueblo. Es probable que algunos dirigidos a personas influyentes o de gobierno corriesen pronto entre el pueblo. Las diferencias de estilo se aprecian más bien entre diversos autores.

         Tomemos un caso particular: Isaías II predicó la esperanza a sus paisanos desterrados, no a un grupito de iniciados o selectos. Lo hizo en un estilo vigoroso, rico de vocabulario e imágenes, apasionado. Es un estilo que hemos de calificar como elevado...Ahora bien, si Isaías II habló al pueblo, ¿por qué es necesario allanar su estilo para que lo entienda nuestro pueblo? No hemos de pensar que el profeta o «evangelista» desempeñó mal su oficio o que nuestro pueblo es más inculto que los desterrados del siglo VI antes de Cristo”[32].

         Por consiguiente, nada que objetar al talante llano y poco culto de Marcos, pero respetemos igualmente otros tonos más sublimes, igualmente orientados al pueblo.

         V – Tipos de letra

                        B. Villegas apunta a una razón, que, bajo cierto punto de vista, podría

justificarse, para emplear diversos caracteres de imprenta, en la presentación de los textos.

Por ejemplo, se ha optado por unos tipos para indicar el origen de lo que se lee en distintas tradiciones, situadas en tiempos y con teologías diferentes (no contradictorias: yahwista, elohista, etc.). Pero en el uso, según Villegas, “no hay suficiente claridad de razones ni coherencia. Por ejemplo, la letra cursiva se usa en Génesis y Exodo para imprimir los textos sacerdotales, mientras que en Números se la usa para imprimir los textos antiguos pre- sacerdotales....en otros libros en que  también hay estratos más o menos antiguos, como Lev, Jos, y Jue, no se hace ninguna distinción de tipos, sino que todo se imprime en escritura recta...En resumen, hay en esto una anarquía que, lejos de contribuir a la claridad, engendra confusión y descontento”[33].

         Pero, además de estas, posiblemente aceptables razones (aunque ejecutadas con tales  desprolijidades), se dan otras motivaciones para justificar la diferencia de tipografía, que, sinceramente, no convencen para nada:

“Estas añadiduras, que imprimimos en letra cursiva, muchas veces no tienen interés para nosotros”[34].

         Hay otros muchos “justificativos “ para el diferente tipo de letra (esto parece “irreal y aburrido”[35]. “Los capítulos presentes nos cansan”[36]).

         Ante tales afirmaciones, recordaba con propiedad la Conferencia Episcopal Argentina, evocando el Vaticano II: ”La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto escritos por  inspiración del Espíritu Santo (ver Jn 20, 31; 2 Tim 3, 16; 2 Ped 1, 19 – 21; 3, 15 – 16), tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia” (Dei Verbum n° 11). Por eso es necesario rechazar todo menosprecio a cualquier parte de las Sagradas Escrituras”[37].

VI – La acogida

         Pese a los gravísimos reparos que dirigió Villegas a la traducción (espina dorsal y primigenia de toda adaptación de la Palabra de Dios a diferentes épocas y culturas), encontraremos en su apreciación loas no pequeñas a otros aspectos.

         Así, por ejemplo: “Es evidente que una edición bíblica como la que comentamos, con un programa explícitamente actualizante, tiene por definición un plazo de «vida hábil» bastante limitado: el reloj de la historia no se detiene jamás y trae siempre nuevas situaciones que constituyen nuevos desafíos que la fe tiene que asumir de maneras también nuevas. Pero si sólo debieran hacerse en la Iglesia obras que desafían el tiempo – «monumentum aere prennius (sic: en lugar de: perennius) - , sería bien poco lo que podría hacerse...los exegetas de profesión, dedicados a la exposición rigurosamente histórica del texto bíblico, sabemos que la validez de nuestras contribuciones se mide en pocos decenios: «si autem in potentatibus, octoginta anni»”[38].

         Estando en el fondo de acuerdo, pues el “aggiornamento” en las ciencias bíblicas es constante, tampoco se podrá negar que, al menos se ha de poner especial cuidado en no derrumbar lo que verdaderamente es perenne, sin sembrar sospechas, sobre todo de tipo sociologizante y casi de tono “gremialista”, contra la Iglesia, a la que fue confiada el tesoro de las Sagradas Escrituras.

         Además, ya en la época en que empezó a circular esta peculiar propuesta bíblica, muchos se percataron de sus serias lagunas, cuando no venenos, que iban enlazados con su buena intención de “abajarse al pueblo”. Más de uno alertó que “latet anguis in herba” (= se esconde una víbora en la hierba)[39].

         Por otra parte, a nadie se le oculta la selva de posturas exegéticas, que se disputan el mercado. De modo que hay que ser muy cauto a la hora de proponer una interpretación. Los criterios nunca podrán ser: lo que cause mayor impresión, aquello que esté de moda, acentuar sólo un aspecto, para congraciarse con una ideología, que podrá ser multitudinaria, aunque también profundamente errónea.

         Así fue cómo muchos obispos argentinos y los consultores de que se valieron se creyeron en la obligación, no menos “pastoral” de ofrecer un cuadernillo correctivo a más de una nota confusa, cuando no equivocada, de las primeras publicaciones de la Biblia Latinoamericana.

         El hecho es que, en posteriores apariciones de la misma obra, numerosas advertencias, contenidas en aquel suplemento, fueron tenidas en cuenta, ya  suprimiendo notas enteras, ya modificando ligera pero eficazmente proposiciones francamente inaceptables.

         De modo que no podemos estar de acuerdo con la apreciación de Villegas, que acabamos de copiar ni en los juicios que ofrece hacia el final de su exposición: “En esto (aparataje de notas y comentarios) el balance es decididamente positivo”[40].

         Por otro lado, el “exegeta católico”, jamás tendrá que olvidar su teología y la “analogía fidei” en el ejercicio de su sublime oficio. Ahora bien, escribiendo Villegas su conferencia en 1977 (y publicándola en el 79 en italiano), tenía la oportunidad de haber leído en la edición del 76, estas gruesas desviaciones dogmáticas en los cometarios de esta Biblia:

         “No cabe lugar para dos padres (respecto a Jesús), porque Jesús, que nace de María como persona humana, es el Hijo Único del Padre, nacido de Dios desde la eternidad”[41].

         “El día en que (Jesús) resucite de entre los muertos, su persona humana será renovada, ampliada, llena de energías diversas”[42].

El “Suplemento obligatorio” dispuesto por la Conferencia Episcopal Argentina, llamaba la atención: “Está solemnemente definido en los primeros concilios Ecuménicos de la Iglesia que Jesús tiene una sola persona: la divina y posee dos naturalezas: la divina y la humana. Afirmar otra cosa sería caer en una de las herejías más graves y antiguas sobre Cristo”[43]

En modo alguno nos parece que se pueda ser tan optimista, y abstracto, sin entrar a mayores análisis, como se muestra Villegas en este apartado, que parece no profundizó tanto como lo hizo en sus lúcidas advertencias en el orden d e la traducción.

En cuanto a García Monge, opinamos que pinta el panorama con demasiados colores “róseos”, cuando sentencia: “Acercando el lenguaje bíblico a la gran masa creyente, la palabra de Dios dejó de ser un «ladrillo» sacro – pero incomprensible – para  transformarse en un interlocutor de personas y comunidades que buscaban a Dios en la vida”[44].

El hecho es que,...si “acercaron el lenguaje bíblico” con las serias carencias que en la traducción encontraron Villegas y Alonso Schökel y si las notas y comentarios adolecen de serios inconvenientes, como ya se ha adelantado y se seguirá comprobando en adelante, no ha sido un muy buen servicio allanarlo todo, sin respetar legítimas alturas y peculiaridades propias de la divina revelación.

VII – Las críticas

Llegando a la evaluación de los rechazos que despertó la adaptación de la Biblia que nos ocupa, se empeña García Monge en desacreditar sobre todo y exclusivamente las preocupaciones del Episcopado argentino.

Notifica García Monge, que en 1976, por medio de una intensa campaña de prensa, apoyada por algunos obispos, fue definida «Biblia apócrifa». «satánica», sacrílega y mortífera», que «exalta el comunismo»”[45].

Dado que (como aclaramos en la nota anterior) no acertamos a ubicar la fuente de datos, de que dispone García Monge, fuimos a preguntar al Card. Raúl F. Primatesta, que, por aquellas épocas, era el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Nos respondió que nunca había escuchado que se hubieran aplicado semejantes epítetos a la Biblia Latinoamericana por parte de algún obispo y que incumbía al autor que los esgrimía sustentar más concretamente (obra, autor, fecha, página) acusaciones tan enormes, por lo demás demasiado genéricas[46].

El Sr. Cardenal no tiene noción de presión alguna por parte de las fuerzas armadas en este asunto, que fue de carácter intraeclesial, con repercusión, claro está, en el ámbito público.

García Monge, sin el más mínimo esfuerzo por interiorizarse de las serias advertencias (la mayoría aceptadas en ulteriores ediciones de la misma “Latinoamericana”), formuladas por el Episcopado argentino, limitándose a indicar en nota[47], otro sitio web, de este modo: “Es posible encontrar el texto de la Declaración y de la introducción al suplemento en...(sigue la sigla)”.

Pero, para nada advierte a los lectores, que no se encuentran allí las numerosas notas y correctivos, que abarcan 66 páginas.

VIII – Muestrario de los reparos del Episcopado argentino

García Monge, como queda dicho, no se tomó el trabajo de confrontar las más que serias advertencias, contenidas en el “Suplemento obligatorio”, aconsejado por la Conferencia Episcopal Argentina.

Seleccionamos algunos ejemplos (que han sido eliminados o leve pero certeramente corregidos en últimas publicaciones de  esta Biblia).

En la Introducción a Ezequiel[48], proponían: “Tal vez deberíamos juzgar con el mismo criterio (defendiendo las críticas de Ezequiel contra Israel) a los que ahora denuncian la cobardía o la falsedad o la corrupción a cualquier nivel de la sociedad eclesiástica”.

En 1995 suavizarán: “Una palabra que nos obliga a ser muy exigentes con la iglesia, en la misma medida en que la queremos y nos sentimos parte de ella”[49].

En la Introducción a Isaías[50], sugerían: “En realidad, como Isaías se lo echará en cara, «todo esto no es más que mandatos de hombres, religión aprendida que no brota del corazón». Hay iglesias llenas, procesiones concurridas, estatuas doradas y un clero poderoso, pero detrás de esa fachada, ninguna vida, y bastaría un empujón para echar abajo la religión oficial”.

Muy atinadamente había observado el “Suplemento”: se trata de una frase confusa. “No se sabe si está hablando de la religión de Israel o de la Iglesia. Parece que el autor quiere hablar de la Iglesia, ya que los judíos no tenían estatuas doradas. En ese caso, no se puede decir que «basta un empujón para echar abajo la religión oficial», ya que Jesús prometió para su Iglesia que «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18)”[51].

Con mucha mayor prudencia y  tacto, expresarán en la edición de 1995:

“Las procesiones son concurridas, y el clero, poderoso, pero detrás de esa fachada, ninguna vida, y bastaría con la hostilidad del poder para echar abajo la religión oficial (2 R 21)”.

El lector avisado podrá comparar las dos propuestas y comprobará hasta qué punto los cambios (bienvenidos) han obedecido a las más que justas observaciones del “Suplemento”. La añadidura de la cita “(2 R 21)” delimita la situación (sin vaguedades extensibles a la Iglesia de Cristo) al antiguo pueblo de Israel.

Pero, además, como anotaba también el “Suplemento”[52], “no se puede decir que «las Iglesias llenas, procesiones concurridas y estatuas doradas» sean una fachada solamente y que detrás de ellas no hay «ninguna vida». Esto es un prejuicio gratuito. En la Iglesia hay pecados que deben ser corregidos. Y el culto, los actos litúrgicos y religiosos deben permanentemente purificarse de las exageraciones en las que los hombres caen... Pero no podemos olvidar que la fe necesita expresarse a través de símbolos y manifestaciones exteriores, públicas y privadas. Ni olvidar que «las procesiones y estatuas» han ayudado y ayudan a mucha gente a vivir su fe, a expresarla y a alimentarla en la oración”.

La Introd. al Cantar de los Cantares[53] traía esta postura: “En el Cantar, ni siquiera se nombra a Dios, siendo que, en los demás libros de la Biblia se habla de él a cada momento, tanto para bendecir como para maldecir. Pero el Cantar es un canto de amor apasionado. ¿No será ésta una manera de hablar de Dios? Los enamorados, ¿no consideran el amor como algo divino?...También habla para cualquiera que descubre y busca el amor. Que al entregarse a su novia o a su esposa, experimente junto a ella un «amor divino» que sólo es capaz de llenar una vida”.

Con total sentido “pastoral” reclamó el “Suplemento”: “El resumen de toda la Ley es el amor (Rom 13, 10). Pero como por desgracia el concepto de lo que significa el amor ha sido muy manoseado en los últimos tiempos, es necesario ser claro cuando se habla de él. Y no prestarse a equívocos”[54].

Las dos frases fueron suprimidas en la edición del 95.

A Gén 17, 9 – 27 adosaban esta pregunta: “¿De qué nos sirve haber sido bautizados, si no tenemos el espíritu de Cristo?”[55].

Atinadamente había comentado el “Suplemento”: Esta última pregunta tiene su parte de verdad: un bautismo sin fe, sin espíritu, es un contrasentido. Pero, por otra parte, no es enteramente verdadera. Porque el bautizado que se aleja de Cristo por el pecado, conserva, sin embargo, un vínculo con la Iglesia. Y cuando se convierte de sus pecados no necesita volver a ser bautizado. Aun permaneciendo alejado de Cristo y de la Iglesia, la Iglesia reza por él para que cambie su actitud. Y, como madre, reconoce en él a un hijo (aunque el hijo reniegue de ella), le enseña el camino a seguir y cuáles son los errores que ha cometido, para que pueda cambiar de vida. Por eso es que el bautismo, aun viviendo fuera del espíritu de Cristo, para algo «sirve»”[56].

Comentando Gal 5, 1 – 12[57] exponen lo que sigue: “...lo importante es que nos acerquemos a él (Cristo muerto y resucitado); así, pues, al dar primacía a un rito, ya sea la circuncisión de los judíos, u otros ritos y ceremonias del tiempo actual, se desvirtuaría la única fuente de nuestra salvación”.

Sanamente acotaba el “Suplemento”: “La Iglesia enseña que no es la fe sola la que nos salva, sino que los sacramentos son necesarios para darnos la fe y alimentarla constantemente. Por tanto no podemos oponer la fe y los sacramentos. Ambos se relacionan y condicionan mutuamente”[58].

En igual sentido, respecto a Col 2, 11 - 15[59] aventuran esta consideración: “Hoy tenemos en América un 90 por 100 de bautizados; pero, de hecho, el bautismo no cambia cosa alguna en su vida. El cristiano, por regla general, no pertenece a ninguna comunidad renovadora. Le hace falta todavía despertar, el cambio profundo: fue bautizado, pero no resucitó”

El “Suplemento” equilibra estas demasías: “Aun admitiendo que muchos cristianos no viven plenamente como verdaderos discípulos de Cristo, es exagerado decir que no han resucitado, véase Rom 6, 2 – 14: por el Bautismo morimos al pecado para resucitar a la vida nueva. Por ello, más que negar la vida nueva que tienen los bautizados, es importante insistir en que los cristianos no desmientan con sus actitudes la Vida que han recibido con dicho sacramento”[60].

La “unilateralidad sociologista”, propia de la “Latinoamericana” campeaba en notas como ésta a I Rey 21[61]: “Yavé no condenó a Ajab cuando servía a los falsos dioses y construía santuarios a los ídolos. Lo condena por falta a la justicia”.

Acotaba con mayor adecuación a textos y contextos el “Suplemento”: “Si leemos I Reyes 16, 29 – 17, 1 y 18, 17 – 18, vemos que Yavé envía una gran sequía a Samaría porque Ajab abandonó a Yavé y se puso a servir al dios Baal. O sea, que no es verdad que «Yavé no condenó a Ajab cuando servía a los falsos dioses». Dios condena a Ajab por su idolatría y también por su falta de justicia. No podemos oponer ambas condenas”[62].

Otro apunte, que acentúa desmedidamente lo temporal, puede leerse en esta interpretación de Ex 16[63]: “En el desierto, Dios da el pan antes de comunicar sus leyes, Lo mismo ahora, no se puede hablar de honor, dignidad y moral a poblaciones que no saben cómo solucionar el problema de la comida. Por lo tanto, Dios está comprometido a ayudar a los que por su actuación valiente y atrevida procuran crear y distribuir entre todos los bienes materiales que necesitan”.

Tales deformaciones reclamaban la llamada de atención del

“Suplemento”: “Si se matizara un poco más la frase, diría una gran verdad. No es cierto que «no se puede hablar de honor, dignidad y moral a poblaciones que no saben cómo solucionar el problema de la comida». Pero es cierto que las condiciones inhumanas de vida obstaculizan seriamente en general, el acceso a niveles superiores de dignidad moral.

Sin embargo, hay casos en que pasar por una gran penuria o dificultad ha ayudado a un crecimiento humano o a un crecimiento en la fe. Así le ocurrió al pueblo de Israel; el destierro en Babilonia o la persecución desatada por los helenistas, sirvieron para que el pueblo judío profundizara y perfeccionada su fe ( ver Daniel 9, 4 . 19 o Nehemías 1, 5 – 7). Y en una época de martirio, como fue la de los Macabeos, es cuando se le revela al pueblo la verdad sobre la resurrección de los muertos (ver 2 Mac 7, 9; Dan 12, 1 – 3).

Y la simple abundancia de «bienes materiales» no trae una mejoría en la moral del pueblo. Por el contrario, en épocas de abundancia suele reinar la inmoralidad. En la Biblia encontramos muchos ejemplos al respecto. Por eso es que la verdadera promoción humana no se queda en una simple promoción material”[64].

A 25 años de aquellas más que justas llamadas al orden, se puede comprobar lo afirmado desde la Biblia en la Europa opulenta del presente. España e Italia, que enviaban oleadas y oleadas de obreros y familias a la potente Alemania, no envidian ahora los adelantos que veían en el extranjero. Nadan en la abundancia, comparando con aquellas décadas del 60 – 70. Pero...la fe, que de ellos recibimos en Iberoamérica, va menguando en forma alarmante. Están dudando si colocar o no entre los fundamentos de Europa el innegable legado  cristiano.

Por otro lado, el Evangelio mismo comprueba que es falso de toda falsedad el engañoso slogan: “No se puede hablar de Dios a estómagos vacíos”. El mismo Jesús llenó las ansias estomacales de la turba, que lo seguía en el desierto, pero se quejó de que lo siguieran sólo porque “habían comido hasta saciarse” (Jn 6, 26). Lo cual los cerró a la revelación sublime que les presentaría en el Discurso sobre el “pan de vida”.

La Int. al Eclesiastés[65]  ofrece este panorama: “En aquel tiempo la gente piadosa afirmaba que Dios recompensa al bueno y castiga al malo en la vida presente. Esto lo niega el Eclesiastés, apoyándose en los hechos. Lo mismo ahora, pensemos en algunas afirmaciones satisfactorias y tranquilizadoras para el creyente, pero que no son evidentes para quien examina con honradez la realidad: por ejemplo, se dice que los que creen y reciben los sacramentos son mejores que los demás, o que la Iglesia tiene la solución de los problemas sociales, o que todos los hombres sinceros deben reconocer la verdad del cristianismo... El Eclesiastés piensa que el hombre religioso debe reconocer las dificultades inherentes a su misión del mundo (sic) y creer sin ver”.

Ponía los puntos sobre la íes el “Suplemento”: “Conviene aclarar que en el Antiguo testamento Dios va mostrando  progresivamente cuáles son las respuestas a los grandes interrogantes que el hombre se formula. Y en esa progresiva revelación, el Eclesiastés es un libro en el que no se encuentra solución a muchas de las preguntas formuladas. Recién en los últimos libros del Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento habrá respuestas más plenas. Así, por ejemplo, en el tema de la recompensa del bueno y del castigo al malo, sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento aparecerá la idea de una «vida eterna». Y Jesús explicará, en múltiples ocasiones, cómo será el juicio final en el que Dios va a separar a los buenos de los malos: ver Mt 25, 32 – 46.  

         Con respecto a la adaptación que el autor hace del Eclesiastés a la actualidad debemos aclarar algunas afirmaciones. Parece querer decir que el creyente no “examina con honradez la realidad” y que sólo quien no cree lo hace. Esta afirmación es inaceptable. El que tiene fe y examina con honradez la realidad, ve las cosas desde un ángulo distinto del no creyente. La fe le da la luz para ver la mano de Dios obrando en nuestro mundo, aun cuando sigamos«sufriendo dolores de parto» (ver Rom 8, 22 – 39).

         Además, aunque la fe no sea evidente para todos, aunque la Iglesia no tenga la solución de los problemas sociales, aunque muchos cristianos no sean mejores que otros hombres, sin embargo la Iglesia sigue siendo el signo de la salvación de Cristo ofrecida a todos los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que lo confesará en verdad y le sirviera, santamente...Dios formó una congregación de quienes, creyendo, ven en Jesús al autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz, y la constituyó Iglesia a fin de que fuera para todos y cada uno el sacramento visible de esta unidad salutífera...Caminando, pues, la Iglesia en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta por la debilidad de la carne; antes bien, persevere como esposa digna de su Señor y, bajo la acción del Espíritu Santo, no cese de renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce ocaso” (Lumen Gentium n° 9) “.

         Con fuerte dejo “chauvinista” nos enteramos de que “Este trozo (Is 18 – 25) podría titularse: América Latina explotada”[66].

         Muy sensatamente acotaba el “Suplemento”: “En este comentario conviene aclarar que, por una parte, la situación denunciada por Isaías también podría aplicarse a muchas otras regiones y países: en Africa, Asia, Oceanía, sur de Italia, Irlanda, etc., donde también se dan realidades de injusticia, opresión y violencia.

         Y, por otra parte, no podría aplicarse a ninguna de esas regiones o países, no por tanto tampoco a América Latina, ya que el pueblo de Israel era el pueblo «elegido» por Dios, con quien había hecho la Alianza. Y ese privilegio no lo tiene ningún otro pueblo, sino que se aplica hoy día en la Iglesia, superando de ese modo las fronteras de nación, continente o raza. Por tanto, las promesas hechas por Yavé a Israel no podrían aplicarse hoy a América Latina, ni a ningún otro continente o nación”[67].

         En posteriores publicaciones no se atendió a la totalidad de esta advertencia, pero, con mayor modestia, apuntaron:”Este trozo podría titularse:«Pueblos explotados»”[68].

         En cuanto a las proclividades “marxistas” de aquellas primeras ediciones, era posible enterarse en la “iluminación” de Eclo 36, 1 - 17[69]: “Los judíos modernos, aun cuando se han alejado de su fe antigua, conservan la seguridad de ser la raza elegida y los que salvarán al mundo. Esto nos ayuda a entender varios sucesos históricos.

         Por una parte, los judíos no han dejado de querer volver a su tierra de Palestina para que renazca Israel.

         Por otra parte, recordemos que Carlos Marx era judío. Aunque no creía en la religión de sus padres, se inspiró en el ideal del pueblo que salvaría a los demás y en la esperanza del Mesías. Estos elementos se encuentran, transformados, en su doctrina. Para el comunismo, el proletariado es el pueblo elegido para salvar a la humanidad, y que, al hacer la revolución definitiva, nos llevará al paraíso terrenal, en que los hombres ya no tendrán malos deseos”.

         Muy oportunamente, pues, (y es extraño que semejante glosa no llamara la atención del episcopado de Puerto Rico, de B. Villegas, ni de García Monge), somos aleccionados por el “Suplemento”: “En primer término, no es verdadero afirmar que «los judíos modernos se han alejado de su fe antigua». Muchos judíos conservan y aprecian su «fe antigua», aún hoy en día.

         En segundo lugar, las consideraciones sobre Carlos Marx y su doctrina merecen varias observaciones. No se ve por qué los autores presentan esta reflexión que no tiene nada que ver con el contexto comentado. Y es probable que el daño que esta nota pueda hacer sea mucho mayor que el provecho que se pueda sacar de ella.

         Es discutible lo que se afirma sobre la influencia de la fe judía en el pensamiento y la doctrina de Marx (ver J. Y. Calvez, El pensamiento de Carlos Marx, Taurus, Madrid –1966 – 18 – 20). Y además, en un comentario destinado al pueblo cristiano, no basta con exponer muy sintéticamente las ideas de un pensador, en el estilo de un historiador de la filosofía., Se ha de llamar la atención expresamente sobre toda opinión que sea inaceptable para un cristiano. Y la doctrina comunista tiene muchos aspectos inaceptables para el creyente.

         Así la lucha de clases, que es el camino que el marxismo propone para lograrla revolución definitiva, no es compatible con la enseñanza de Cristo y de la Iglesia sobre el respeto a la persona humana y el amor al prójimo. Y el «paraíso terrenal» esperado por los comunistas. No es posible realizarlo. El cristiano trabaja por mejorar el mundo, pero sabe que el descanso y la felicidad competa sólo se dan en Dios en el Reino de los cielos. El comunismo, por ser ateo y materialista, pone todas sus esperanzas sólo en este mundo.

         Sería largo de enumerar la cantidad de puntos irreconciliables con la fe cristiana que están presentes en la doctrina de Carlos Marx, y no corresponde hacerlo en este Suplemento aclaratorio a la Biblia Latinoamericana. Hay profundos estudios que se han encargado de ello, a los cuales deber remitirse el cristiano interesado en dicho tema. Las observaciones arriba mencionadas han sido puestas a modo de ejemplo de lo que puede ser objetado en el comentario original”[70].

No hemos sido completos, respecto a muchas otras reservas, formuladas por el “Suplemento”, que venimos empleando y totalmente dejado a la sombra por parte de García Monge.

         Insinuaciones engañosas como la que acabamos de comentar, carecen hoy de peso, visto el ruidoso fracaso del comunismo. Pero causaron por aquella época confusiones y desvíos catastróficos en muchos cristianos, comunidades y sacerdotes.

         El párrafo, afortunadamente, fue eliminado con posterioridad.

         En la misma onda, no habría que pasar por alto la foto de una manifestación comunista en la plaza socialista de La Habana ni la leyenda al pie que reza: “El creyente participa en la vida política y busca, bajo cualquier régimen, la sociedad que dignifique a todos”[71].

         No podía menos que alertar el “Suplemento”: ”Esta foto...puede llevar a pensar que el prototipo de la «sociedad que dignifique a todos» es la que se da actualmente en la República Socialista Cubana. Y también, que el modelo de participación del creyente en la vida política es el que se da en Cuba. Y ambas afirmaciones son incorrectas”[72].

         Tal imagen fue quitada en ediciones posteriores.

         Lo expuesto nos sirve para juzgar estos párrafos del episcopado portorriqueño, aducidos por García Monge: “Respecto al presunto marxismo de los comentarios, sostengo que  no se promueven ni el ateismo ni la lucha de clases, etc. y que, al contrario «la gran inspiración de estos comentarios es su compasión totalmente evangélica por el prójimo que sufre: el anciano, el desnudo, el niño, el pobre, el desheredado, el enfermo, etc. Concluyen (los obispos de Puerto Rico) afirmando que «condenar esto como ‘marxismo’ significa condenar a Cristo y su Evangelio»”.

         Se nos ocurre demasiado ingenua semejante apreciación, para lo cual remitimos a todo lo que se ha puesto de relieve sobre la acentuación demasiado unilateral en lo “socioeconómico”, en estas ambiguas loas dirigidas a Marx y una de las más lamentables concreciones de su doctrina y praxis en América Latina.

         IX – Concluyendo

         El lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí, habrá podido comprobar la total liviandad con que García Monge ha presentado un problema  intrincadísimo, donde se combinan disciplinas demasiado importantes, como para desconocerlas totalmente, en una empresa tan ardua como una presentación asequible al pueblo de Iberoamérica de la secular revelación del Dios único y verdadero por medio de su Hijo Jesucristo.

         Se ha de ir “a todas las gentes” y también a nuestros pueblos pobres y humildes. Es necesaria la adaptación, pero siempre predicando “lo que yo os he dicho” (Mt 28, 20). La pluralidad e inculturación jamás han de perder de vista la unidad católica.

         Se trata de un arduo problema, pero no lo solucionaremos, por cierto, bagatelizando la lengua, aplanándola a niveles que ni el mismo pueblo admite para el trato de la cosas santas, y menos todavía, tergiversando unilateralmente la exégesis hacia un sentido temporalista y economicista, que desdeña el necesario amor a la Iglesia (a quien le debemos la Biblia judeocristiana), acabándola, al contrario, con continuas críticas y desconfianza.

         Es indudable que todo intento de esta índole está marcado por el tiempo. Pero no demos tal primacía a “Jrónos”, que le permitamos devorar casi instantáneamente a los hijos que engendra.  

          También está la “plenitud de los tiempos” (Gal 4, 4), que suministra un acervo “aere perennius” y que en los ya lejanos “60 – 70” era perceptible, con tal que se hubiera leído y meditado la Biblia a la luz de los Padres y del Magisterio eclesiástico.

         Pero, se prefirió la “vigencia del marxismo”, su urgencia por el orden socio – económico, que nadie niega en la Iglesia de siempre y del Vaticano II, pero que jamás puede tomar la delantera , para absorber todo el campo de la atención.

         Por lo mismo,  estamos convencidos que fue un exquisito gesto de caridad pastoral el que ofrecieron los obispos de la Argentina, por más que hayan sido criticados, con mucha frecuencia genéricamente (como hemos intentado demostrar) y sin bajar a sopesar los serios motivos que los sostenían, paso por paso, en sus más que necesarias aclaraciones.

         La “Biblia Latinoamericana” se ha ido transformando y mejorando. Como suponemos que quedó claro, mucho se debió a la intervención  doctrinal dela conferencia Episcopal Argentina. Todavía queda más de un punto discutible. Tal como se confirmó, uno no menor es su traducción, que mucho deja que dudar si realmente se la ha ido haciendo a la luz de los  textos originales.

         Lo mismo dígase respecto a las notas exegéticas, sobre todo en lo que mira a la Iglesia y la religiosidad popular.

         Abrigamos la confianza de que el trabajo prosiga, con una mayor humildad y teniendo presentes las orientaciones del magisterio de la Iglesia y no sólo haciendo guiñadas a las teologías o corrientes ideológicas de turno.

 

                           Miguel Antonio Barriola

                                 Marzo  -  2004


NOTAS



[1]             Promovida por la CIMI (Conferenza degli Istituti esclusivamente Misssionari presenti in Italia), 7 (2003) 2, 185 – 192.

[2]           Va ya por su 98 tirada. No hemos podido compulsar esta última presentación, de modo que, al valorar los vaivenes por los que ha pasado esta discutida obra, nos remitiremos a las  que fueron publicadas en 1974 y 1995 (91ª. ed.).

[3]           Dado a conocer en la página web: http://www.iveargentina.org/ (Sección : Seminarios).

[4]           R. García Monge, ibid. , 185. El articulista, más adelante (p.189), dará cuenta con lealtad de la apreciación de C. Buzzetti: ”Es, algo así como una Biblia de avanzada. Como es natural, viene siendo muy discutida” (La Biblia y sus transformaciones , Estella – 1986 – 121).

[5]           Ibid.

[6]           Ibid. ,189 – 190.

[7]           Ibid. , 185.

[8]           Ibid. , 186.

[9]           Ibid. , 186.

[10]         G. Gutiérrez, “Una sola historia” en su obra: Teología de la Liberación, Salamanca (1984: 10ª. ed.) 199 ss. Mantiene la misma perspectiva en la 14ª. ed., “revisada y aumentada” (a la verdad: muy insuficientemente).

[11]         Ibid. , 226 – 241.

[12]          H. De Lubac, “Commentaire du préambule et du chapitre Ier.” en: AA. VV. , Vatican II – La révélation divine , Paris (1968 ) I, 190.

E. Käsemann, exégeta protestante, en su  célebre conferencia de Marburg, en 1953, verdadero hito en la historia de la exégesis del N.T., donde se opone a las exageraciones de su maestro R. Bultmann, expresa que ”las afirmaciones radicales de Bultmann están exigiendo precisamente una reacción” (Ensayos exegéticos, Salamanca – 1978 – 160). Entre las saludables reconquistas que enumera, enuncia: “En tercer lugar, se ha llegado a la concepción sistemática de una historia de la salvación paralela a la historia del mundo, inserta en ella, pero que sin embargo puede considerarse aparte y posee sus propias leyes y su propia continuidad, y que está representada en la historia de la fe y de la iglesia como el mundo nuevo de Dios” (ibid. , 161). Para mayores datos nos permitimos remitir a: M. A. Barriola, “A vueltas con la historia” en la obra: Fieles al Papa desde América Latina – Otra respuesta al Cardenal Ratzinger , Montevideo (1987) 124 – 136)

[13]         Sus observaciones fueron aceptadas en sucesivas ediciones de la Biblia Latinoamericana, pero de modo incompleto e inexacto en algunos pasajes, que señalaremos.

[14]         L. Alonso Schökel y E. Zurro, La Traducción Bíblica: lingüística y estilística , Madrid (1977) 378.

Al respecto recuerdo el comentario, que me hiciera un compañero de estudios colombiano en el Collegio Piolatinoamericano de Roma. Un aldeano, después de escuchar la homilía de su párroco, ávido por “llegar” a su auditorio, le comentó al mismo orador: “Padrecito, yo creía que todavía en la iglesia se podía oír hablar bien nuestra lengua”.

[15]         L. Alonso Schökel, ibid. , 385. En igual sentido se expresa otro especialista en traducciones bíblicas: C. Buzzetti: “Y el hecho de que uno sea pobre de cultura, no significa que no sepa asumir comportamientos también lingüísticamente diversos en las diversas situaciones” (La Parola tradotta – Aspetti linguistici, ermeneutici e teologici della traduzione della Sacra Scrittura , Brescia – 1973 -  186). Comprueba igualmente: “Es difícil que una persona se encuentre ligada de tal manera a un ambiente o a un nivel, que se encuentre totalmente sin accesos hacia otros “ (ibid. , 195). Finalmente: “No se debe olvidar que, según parece, también las personas poco cultas no siempre son proclives a ver con simpatía un texto escrito e importante (especialmente la Biblia) que no mantenga cierta dignidad, distinta y superior respecto a textos menos serios o respecto a las formas propias del lenguaje oral” (ibid. , 196).

[16]         L. Alonso Schökel, ibid. , 384.

[17]         L. Alonso Schökel, ibid. , 381.

Esta tosca expresión de la primera edición, fue corregida después, acudiendo los responsables, sin miedo a ser tildados de “exquisitos”, a la palabra “aljaba”.

[18]             Consultar: L. Alonso Schökel, ibid. , 380. Más de una incorrección fue subsanada en ediciones sucesivas, pero no la que consideramos en el texto.

[19]         Y no ha sido tenido en cuenta tampoco en las ulteriores presentaciones.

[20]         L. Alonso Schökel, Biblia del Peregrino – Antiguo Testamento – Poesía – Edición de Estudio, Bilbao, Estella (1997) 446.

[21]         L. Alonso Schökel, La Traducción Bíblica , 380.

[22]         En una reunión de biblistas latinoamericanos tenida en Bogotá (del 1 al 5 de marzo de 1977), escuché al mismo Beltrán Villegas, SS. CC., exégeta chileno, que informó lo siguiente sobre los intentos de traducción. Los promotores de tal empresa tenían cierta urgencia para presentarla al público. Se dirigieron a los profesores de Sagradas Escrituras de la universidad católica de Santiago, preguntándoles si en dos años (no recuerdo precisamente los términos exigidos, pero eran muy breves) podían presentarles una traducción llana y accesible desde los mismos originales. La respuesta fue negativa. Entonces los “pastoralistas” B. Harault y R. Ricciardi, se decidieron por un “pasticcio”, o sea : confrontando diversas traducciones castellanas, francesas y de otras lenguas modernas, fueron eligiendo la combinación (que no “traducción”), que les parecía más potable al alcance general del pueblo iberoamericano.

            De ello da cuenta honestamente García Monge: “Se trató entonces de una obra colectiva, realizada sobre todo por «pastoralistas», movidos por la urgencia de responder al desafío del momento...no todos conocían las lenguas originales. Así una buena parte del trabajo fue realizada parangonando las traducciones existentes, en diversas lenguas modernas, conservando las expresiones más felices y / o reformando en ellas otras...

En tal sentido, esta  traducción está expuesta a la crítica que, en general, Carlo Buzzetti dirige a ciertas traducciones italianas: «Las recientes traducciones, por lo común, no han sido precedidas  por una reflexión lingüística profunda y adecuada. Ha prevalecido siempre una suerte de compromiso, a veces aproximativo, en diversas convicciones poco claras y por eso difícilmente conciliables entre ellas” (cita a C. Buzzetti, La Biblia y sus transformaciones , Estella – 1986 - 119 – 120. R. García Monge, ibid. , 187).

[23]         R. García Monge, ibid. , refiriéndose a: B. Villegas,”Due tentativi di versione «popolare» della Bibbia in America Latina” en: M. Menin (a cura), Lettura popolare della Bibbia – Convegno Interecclesiale , Verona 20 – 23 febbraio, Martina Franca (TA) 25 – 28 febbraio 1979, Quaderno Missioni Oggi 1 / 2. Editrice Missionaria Italiana. Bologna 1979, 98 – 103.

García Monge da fe de que B. Villegas “afirma que esta traducción no puede ser considerada «un instrumento digno de fe para la comprensión de la palabra de Dios», o sea, no es una Biblia idónea para un estudio científico. Y añade de todos modos que no puede ser acusada de ser una traducción tendenciosa y que ninguno de los errores encontrados puede ser definido «una corrupción del mensaje de la fe” (103).

            Tal vez es aceptable tal juicio global en lo  referente a la traducción, chata y simplista, pero no traicionera, por lo general (aunque habría que ver también esto en muchos casos). En cambio, respecto a las notas, será otro cantar, como intentamos demostrar.

            La sucesión de juicios que toma García Monge de B. Villegas, en su artículo, posterior en dos años, a la conferencia del autor en Bogotá, es casi la misma del acta mimeografiada  de 1977, de que disponemos. Ahora bien, Villegas fue severísimo y minuciosamente crítico respecto a muchísimas traducciones, que todavía no han sido corregidas en la edición 91. Ignoramos si lo han sido en la 93ª.

[24]         B. Villegas, “La Biblia Latinoamericana”, (versión mimeografiada de su ponencia de Bogotá en 1977), 4. (Los ejemplos que seguirán, tomados de la reseña de este mismo autor, se encuentran en la misma p. 4, hasta que no se avise lo contrario).

Con lo dicho y lo que se aportará, se comprueba cómo una “pastoral «pastoril»”, que desdeñe un trabajo serio de confrontación con expertos, desemboca en resultados baratos y de muy corto alcance. No en vano las “cartas pastorales” son las que más insisten en la “sana doctrina”.

[25]         Tales términos se adaptan, por cierto, a las suaves ondulaciones de las tierras bíblicas. Con todo, nos preguntamos si los pobladores de Chile y los países latinoamericanos recostados al Océano Pacífico o cercanos a la imponente cordillera de los Andes (aún aldeanos y aborígenes), manejarán tan reducido vocabulario, como para calificar de "cerros" y "lomas" a las masas colosales de su paisaje.

[26]         El mismo descuido se puede ver en las notas, algunas de las cuales son confusas y hasta inadmisibles, pero, en otro lugar, se encuentran explicaciones que las contradicen o contrabalancean. La preocupación de avisar sobre tales contrastes y correctivos ha sido señalada por el “Suplemento”, editado en 1979 por la Conferencia Episcopal Argentina .Ya nos ocuparemos de este documento

[27]         “Los prodigios de Dios vengan a ver, que la tierra ha llenado de estupor” . Un “hipérbaton”, ciertamente muy poco popular. Como éste abundan los ejemplos, seleccionados por Villegas, sobre los cuales no podemos ser exhaustivos.

[28]         B. Villegas, ibid. , 4 – 5. Explicitamos esta incoherencia (todavía no corregida en la 91ª. ed.): “¿Qué te abate, alma mía, por qué gimes en mí? Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré a mi Dios Salvador. (Así en Ps 42, 6 y 12). Pero en el Sal 43 (42), 5 (que es continuación del anterior), tenemos: “¿Qué  tienes alma mía, qué te abate, por qué gimes dentro de mí. Confía en Dios, que aún le cantaré a mi Dios Salvador”.

[29]         B. Villegas, ibid. , 5. No es el caso de extendernos en los muy serios tropiezos de traducción, que complican la atención de un lector (aún popular), que quisiera intentar una confrontación seria en su “Biblia Latinoamericana”. Baste indicar que, en dos densas carillas (pp. 5 y 6), cosecha Villegas ejemplos lamentables, que justifican aquí el dicho: “Traduttore, traditore”.

Telegrafiamos algunos juicios de Villegas: “traiciona profundamente el dinamismo del pensamiento paulino...resulta a veces en verdaderos contrasentidos” (ibid. , 5). “Tendencia a forzar el valor de la expresión original...(para) hacer decir más de lo que de suyo dice...Otras veces, en cambio, el texto se empobrece, esfumándose lo más característico de él...Mala comprensión del texto original”.

[30]         B. Villegas, ibid. , 7.

[31]         R. García Monge, ibid. , 188. Tampoco es el caso de olvidar todo lo que contribuyó la traducción alemana de Lutero, para unificar la lengua de dicha nación, al igual que la “King James Version”, respecto a la lengua inglesa.

[32]         L Alonso Schökel, ibid. , 379.

[33]         B. Villegas, ibid. , 3.

[34]         Edición de 1974, Introducción al Génesis, p. 10.

[35]             Introducción a Crónicas, p. 420. Igualmente en :Introducción a Ezequiel, p. 680.

[36]         Ez 40 – 46, p.719.

[37]             Conferencia Episcopal Argentina, ibid. , 20.

[38]         B. Villegas, ibid. , 2 – 3.

[39]         Virgilio, Ecloga 3, 93.

[40]         B. Villegas, ibid. , 7. En la p. siguiente escribirá: “En resumen, el espíritu de estas notas es eminentemente católico y hecho para afianzar en los usuarios una adhesión madura y lúcida a la iglesia Católica”.

Francamente, nos parece todo lo contrario, porque arrecian las críticas a la Iglesia con poco o inexistente relieve concedido a sus mejores hijos. Los Padres de la Iglesia se encuentran casi ausentes y el recurso al magisterio de la misma es nulo. La referencia a “los pobres” casi siempre reviste un tinte “proletario”. Poco o nada se tiene en cuenta a aquellos que nunca podrán responder a la convocatoria del filósofo de Tréveris: “Proletarios del mundo uníos”, por el simple hecho que carecen de toda fuerza en sus músculos y lo único que anhelan es el jergón que les brindó una Sta. Teresa de Calcuta o la caridad de un Cottolengo.

[41]         La Biblia Latinoamericana , 10ª. ed. Nuevo Testamento, p. 5.

[42]         Ibid. , Nuevo Testamento, p. 84.

[43]             Conferencia Episcopal Argentina, Biblia Latinoamericana – Suplemento obligatorio, Buenos Aires (1979) 18. Tales desvíos de nomenclatura teológica desaparecieron en posteriores ediciones.

[44]         R. García Monge, ibid. , 189.

[45]         R. García Monge, ibid. , 189 – 190.

En la nota 8 apunta: “Esta oposición virulenta se desencadenó en el correr de cuatro años, a partir del momento en que esta edición había comenzado a difundirse sin oposiciones visibles y, como sabemos hoy, por instigación concertada de los servicios secretos (sic) del régimen dictatorial de la época y con el sostén de algunos obispos. Es posible encontrar ulteriores informaciones en: M. A. Vitale, “Disputas en torno al control de la lectura. La tensión entre la Iglesia católica y las fuerzas armadas argentinas ante la «Biblia Latinoamericana»”. (Siguen datos de un sitio “web”, donde se encontraría el artículo citado. Pero parece que son incorrectos, ya que de mil modos intentamos dar con ellos, pero no nos ha sido posible encontrar esas noticias).

[46]         En efecto, no basta con aludir a un artículo de M. A. Vitale, sin especificar qué, de todo lo que se le endilga, se encuentra realmente en su aporte y en qué paginación.

[47]         García Monge, ibid. , 190, n. 9.

Avisa igualmente que “también en la Argentina hubo obispos que la elogiaron, la defendieron y difundieron” (ibid). Naturalmente, por el mismo hecho de que todo el asunto comenzó por diferentes puntos de vista entre “obispos”.

Ello no quita, como nos confirmó el Card. Primatesta, que el Suplemento fue aceptado por todos los miembros de la Conferencia episcopal.

Asimismo aporta García Monge la postura de los obispos de Puerto Rico, que habría “neutralizado” las críticas que se levantaban también allí. Son genéricas y equivocadas las superficiales alusiones de estos obispos a la pésima “traducción” y por demás elásticas las indicaciones sobre los comentarios que habrían sido confeccionados “en modo por lo común acertado” (García Monge, ibid. , 190). Por lo demás, no es suficiente comprobar que dos obispos o conferencias episcopales difieren en sus apreciaciones sobre un problema determinado. Resta, además, la obligación de confrontar las razones en que se apoyan las posturas de unos y otros. Cosa que no ha realizado en lo más mínimo García Monge.

Al respecto, se deberían rememorar las tristes posturas de episcopados enteros, que tuvieron que ser llamados al orden por la Sta. Sede. Por ejemplo, la triste y nefasta aventura del “Catecismo holandés”, en la que se embarcó todo el episcopado católico de los Países Bajos.

Si los obispos portorriqueños no cayeron en la cuenta de las serias objeciones señaladas por  los argentinos (algunas de las cuales detallaremos después), se ha de afirmar, a la verdad, que leyeron con anteojeras y apriorismo simpatizante en demasía. Lo mismo reiteramos, respecto a la falta de enmiendas (en este aspecto) y al espaldarazo, exageradamente caluroso, que brindaron a esta Biblia los elogios de B. Villegas.

[48]         P. 680 de la publicación de 1974. De ahora en adelante siempre nos referiremos a esta edición.

[49]         P. 576. Ya se subraya también una vinculación del “profeta denunciante” con la Iglesia. Tampoco habría que olvidar cómo más de un “acusador iracundo” ha mancillado a la misma iglesia, dividiéndola.

[50]         P. 521.

[51]             Conferencia Episcopal Argentina, La Biblia Latinoamericana – Suplemento obligatorio , Buenos Aires (1979) 38.

[52]         Ibid.

[53]         E. del 74, 878 – 879.

[54]             Suplemento, 46.

[55]         Ed. del 74, 34.

[56]             Suplemento, 47. La pregunta cuestionada fue suprimida en la ed. del 95.

[57]         Ed. del 74, 244.

[58]             Suplemento , 48. También este poco feliz comentario desapareció con posterioridad.

[59]         Ed. del 74, 367.

[60]             Suplemento , 49.

[61]         Ed. del 74, 382.

[62]             Suplemento , 54. En adelante ya no se lee semejante consideración en la “Latinoamericana”

[63]         Ed. del 74, 99.

[64]             Suplemento, 70 – 71.

[65]         Ed. del 74, 869 y 879.

[66]         Ed. del 74, 580.

[67]             Suplemento, 72 – 73.

[68]         Ed. del 95, 497.

[69]         Ed. del 74, 988.

[70]             Suplemento, 78 – 79.

Habría que ver, asimismo, cómo les caería a los judíos de todos los tiempos que se llame a su tierra “Palestina”, denominación proveniente de sus acérrimos enemigos primitivos “in situ”: los “Pelishtím” (= filisteos), y que enarbolan ahora otros no menores adversarios “los palestinos – fedayím”. En la misma Biblia nunca se llama así a la “ ‘eretz Israel”.

[71]         Ed. del 74 , entre las pp. 390 y 391.

[72]             Suplemento ,83 – 84. R. García Monge parece ignorar el hecho que el Cardenal Villot, Prefecto del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia, con Oficio N° 1031 / 77, remitió  a la Conferencia Episcopal Argentina las conclusiones a las que había llegado la Congregación para la Doctrina de la fe sobre esta Biblia Latinoamericana. Entre otras, consideraba tendenciosa: ”La (foto) de la plaza de La Habana con la correspondiente descripción” (Suplemento , 16).

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