FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

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TESTIMONIOS EXTRABIBLICOS DE LOS DOS PRIMEROS

SIGLOS SOBRE JESUS: PAGANOS, JUDIOS, APOCRIFOS

 

Pbro. Dr. Miguel A. Barriola

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II - DOCUMENTOS PAGANOS.

1 - EL SILENCIO SOBRE CRISTO

2 - Rasgos comunes de los autores romanos que hablan de Cristo,el fundador de la secta cristiana.

3 - Plinio el Joven.

A - El personaje.

B - Epistula 1O, 96.

C - Comentario.

4 - PUBLIO CORNELIO TÁCITO.

A - El personaje.

B - Annales 15, 44,2-5.

C - Comentario.

5 - CAYO SUETONIO TRANQUILO.

A - El personaje.

B - Claudius, 25,4.

C - Comentario.

6 - Luciano de Somosata.

A - El personaje.

B - De morte peregrini 11,13.16.

C - Comentario.

7 - Mara bar Sarapión.

A - El personaje.

B - Carta de Mara bar Sarapión

C - Comentario

 

II - DOCUMENTOS PAGANOS.

1 - EL SILENCIO SOBRE CRISTO.

Jesús pertenece a la Historia,pero también la excede(35).El cuadro en que vivió es eminentemente histórico; los textos no lo sitúan en un tiempo legendario,en los horizontes de un pasado nebuloso,como hacen las tradiciones referentes a Orfeo,Osiris o Mitra. El Imperio romano del siglo primero nos es conocido con notable precisión. Grandes autores como Tito Livio y Séneca,cuya obra poseemos,la escribieron cuando vivía Jesús.Otros,como Plutarco y Tácito son de la generación siguiente a la suya.

Más todavía; un grandísimo número de personajes que aparecen en los relatos referentes a Jesús,son iluminados por otros documentos históricos; por ejemplo,los que cita Lucas en el capítulo 3 de su Evangelio: Tiberio,Poncio Pilato,Herodes Filipo,los Sumos sacerdotes Anás y Caifás y Juan el Bautista,cuya actividad y muerte refiere Flavio Josefo(36).

Sin embargo,aquí aparece un escollo.¿Hablaron de Jesús sus grandes contemporáneos? No.La cosa no tiene nada de sorprendente si volvemos a situar en sus justas perspectivas un acontecimiento que hoy nos parece inmenso por las consecuencias que tuvo.

La comarca donde tuvieron lugar los sucesos era un cantón del imperio romano,en constante relación con la capital. Los judíos,compatriotas de Jesús,eran numerosos en Roma,y los romanos mantenían tropas en Palestina y toda una administración en regla. ¿Cómo pudo suceder que los hechos de los años 3O quedasen ignorados por los cronistas de aquella época?

Antes de contestar a esta pregunta sorprendida,convendría tal vez hacer dos observaciones preliminares. Pertenecemos a una civilización de información rápida,llevada hacia el culto del detalle. Por los periódicos,la radio,la televisión,estamos acostumbrados a enterarnos de cuanto acontece en el vasto mundo; se nos cuenta y muestra frecuentemente,lo anecdótico y lo insignificante. ¿Ocurría igual hace 2OOO años e incluso hace 2OO años? Antes no podían hacer otra cosa que limitarse a hablar de los acontecimientos que hacían mucho ruido. Ahora bien,no es seguro ni mucho menos,que la aparición de Jesús haya adquirido,de golpe,la resonancia que nosotros imaginamos.

Además,el mismo Tácito (una de las voces que convocaremos más adelante)"confies a que la historiografía romana,por prejuicio romanocéntrico,desdeña los mundos exteriores,y hasta los países limítrofes.

En Anales II,88, al relatar el fin de Arminio,en el 19,escribe: "Pero los anales de los griegos lo ignoran,pues no admiran más que su historia,y no es mencionado por los romanos. Nosotros exaltamos la Antigüedad sin preocuparnos por los sucesos recientes". Tácito sólo se interesa verdaderamente por el destino de la romanización,por las relaciones entre las provincias romanas y la capital"(37).

"Por otra parte,no es el único fenómeno histórico (máxime tratándose de un movimiento más ideal que político) por el que se tome interés sólo en un segundo momento,es decir,cuando ya ha adquirido cierta consistencia; es algo común a todos los grandes movimientos religiosos y culturales de la antigüedad,tanto de la oriental (piénsese por ejemplo en el zoroastrismo o en el budismo),como de la mediterránea (en ejemplos tan dispares como la filosofía estoica o la religión de los cultos mistéricos); en todos ellos,los testimonios literarios son posteriores (a veces muy posteriores) a sus orígenes"(38).

Así,antes del siglo II,ningún autor latino o griego está al tanto del cristianismo. Las cosas cambian considerablemente en el siglo II,cuando hallamos tres testimonios de nueve autores paganos distintos,bien sobre Jesús,bien sobre los cristianos. Dos de ellos pertenecen además a obras historiográficas (los de Tácito y Suetonio),que nos remiten al siglo precedente.

Pese a todo,pues,no estamos tan ayunos en cuanto a las resonancias que Jesús despertó en la atención de escritores e historiadores del Imperio en épocas bastante inmediatas a su tránsito por este mundo.

Empezaremos por lo más alejado (escritores romanos,uno sirio),para acercarnos a lo más cercano a Jesús:escritos de sus hermanos de raza y procedencia religiosa:los judíos Flavio Josefo y escritos rabínicos

También nos orientaremos por los documentos más antiguos,no necesariamente por el orden cronológico de los sucesos que relatan(39).

2 - Rasgos comunes de los autores romanos que hablan de Cristo,el fundador de la secta cristiana(40).

Del período del 11O al 12 D.C. nos han llegado tres referencias a Cristo en las obras de escritores romanos. Plinio el joven,Tácito y Suetonio hablan de pasada sobre "Cristo" (o "Cresto") y no parece que se den cuenta de que utilizan un título mesiánico como nombre propio.El nombre de "Jesús" no figura en ellos.

Los textos que a él aluden aparecen siempre a raíz de una intervención pública contra los cristianos; por eso,las fuentes no nos dan informaciones directas sobre Jesús(41).Los tres romanos,contemporáneos y afines entre sí,procedían de cuerpos estatales,ejercían cargos de gobierno y alimentaban además ambiciones literarias.La opinión coincidente de los tres magistrados sobre el cristianismo es que se trata de una superstición abominable y quizá peligrosa para el Estado(42).

A pesar de estas coincidencias,sus breves pronunciamientos sobre Cristo difieren claramente entre s&iacu te;:

Plinio nos entera sobre el culto de que era objeto en el 111,sin recuerdo alguno histórico que se remonte a la década del 3O. Otro (Tácito) es el único que ofrece datos escuetos pero precisos.El que resta (Suetonio) confunde al personaje, suponiéndolo cabecilla de reyertas entre los judíos de Roma.

3 - Plinio el Joven.

A) El personaje.

Cayo Plinio Cecilio Secundo, nació en Como el año 62 p.C. procedente de la nobleza romana senatorial.Murió el 114.Fue sobrino e hijo adoptivo de Cayo Plinio Secundo (el Viejo o el Mayor:23-79 p.C.), del que recibió una educación esmerada tanto en la cultura como en la moral.

Hombre serio e inteligente, abogado, orador de nota, político que gozó del favor de los emperadores, llegando a ejercer diversos cargos de Estado.Tuvo por amigos a los historiadores Tácito y Suetonio.Era un escritor firme, pintoresco, un poco preciosista a veces y un minucioso administrador.

En el 111 fue enviado como legado de Trajano (98 - 117) a las provincias de Bitinia y del Ponto, situadas en el litoral del Mar Negro, en la actual Turquía noroccidental.Sus principales ciudades eran Nicomedia, Nicea y Prusa.Ocupó el cargo probablemente durante los años 111 - 113 y a este período se remonta un amplio intercambio epistolar con el propio emperador.

Entre las tareas judiciales que debía realizar en una de las mayores ciudades del Ponto, tuvo que atender a las denuncias contra los cristianos.

Sometió a suplicio a varios de ellos, pero parece que, viendo el valor y entereza de los mismos, quiso asesorarse con su superior sobre el régimen a seguir con aquella "secta".

Como gran parte de su obra literaria residía precisamente en su correspondencia, guardó cuidadosamente copia de los informes que dirigió a su Emperador;y así el secreto de los archivos imperiales quedó descubierto en este punto para la posteridad.

B) Epistula 1O, 96.

Tal como se adelantó, el texto romano más antiguo en el que se habla de Cristo y de los cristianos se lo debemos a Plinio el joven.De su carta a Trajano extractamos lo que interesa a nuestro objetivo:

"Nunca he llevado a cabo pesquisas sobre los cristianos... Entre tanto, he aquí cómo he actuado con quienes me han sido denunciados como cristianos. Les preguntaba a ellos mismos si eran cristianos. A quienes respondían, les repetía dos o tres veces la pregunta, bajo amenaza de suplicio; si perseveraban , les hacía matar. Nunca he dudado,en efecto,fuera lo que fuese lo que confesaban, que semejante contumacia e inflexible obstinación merece castigo al menos...Quienes negaban ser o haber sido cristianos, si invocaban a los dioses conforme a la fórmula impuesta por mí,y si hacían sacrificios con incienso y vino ante tu imagen,que a tal efecto hice erigir y maldecir además de Cristo (male dicerent Christo) - cosas todas que, según me dicen, es imposible conseguir de quienes son verdaderamente cristianos - consideré que debían ser puestos en libertad...También todos estos (que renegaron de su fe) han adorado tu imagen y la estatua de los dioses y han maldecido de Cristo.

Por otra parte, ellos afirmaban que toda su culpa y error consistía en reunirse en un día fijo antes del alba y cantar a coros alternativos un himno a Cristo como a un dios (quod essent soliti stato die ante lucem convenire, carmenque Christo quasi deo dicere solerent secum invicem) y en obligarse bajo juramento (sacramento) no ya a perpetrar delito alguno, antes a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar a la palabra dada, ni a negarse, en caso de que se lo pidan, a hacer un préstamo. Terminados los susodichos ritos, tienen por costumbre el separarse y el volverse a reunir para tomar alimento, común e inocentemente.E incluso de esta práctica habían desistido a raíz de mi decreto por el que prohibí las asociaciones, conforme a tus órdenes.Intenté por todos los medios arrancar la verdad, aun con la tortura, a dos esclavas que llamaban ministrae.Pero no llegué a descubrir más que una superstición irracional y desmesurada...El asunto me ha parecido digno de consulta, sobre todo por el número de denunciados.Son, en efecto, muchos, de todas las edades,de todas las clases sociales,de ambos sexos los que están o han de estar en peligro....

Me consta con certeza que los templos, desiertos prácticamente, comienzan a ser frecuentados de nuevo, y que las ceremonias rituales hace tiempo interrumpidas, se retoman y que se vende por doquier la carne de las víctimas que hasta la fecha hallaba escasos compradores"

C) Comentario.

Las primeras menciones explícitas de Cristo y de los cristianos en los escritos paganos aparecen en documentos oficiales.

Muchas noticias interesantes se desprenden de este documento respecto a la vida de la primera Iglesia, su culto y relaciones tensas con el imperio.

Ateniéndonos a nuestro tema, Plinio llega a hablar de Cristo sólo en dos ocasiones y siempre en relación con el culto.

El problema no reside en crímenes de los que serían reos los cristianos.En ese orden se pondera más bien el juramento con que se obligan a respetar los derechos privados y públicos.

El meollo de la consulta de Plinio consiste exclusivamente en los recelos ante un culto a contracorriente, que tiene por objeto a Cristo(43).Ya el mero hecho de que la fidelidad a esta persona se oponga en los cristianos diametralmente a los ritos ofrecidos al panteón romano así como al culto de apoteosis de los emperadores lo coloca implícitamente como destinatario de una adoración tributada sólo a Dios.

Esta inferencia es confirmada por el giro con que positivamente es descrita la reverencia religiosa ante Cristo: se le dirigen himnos "como a un dios".

No hay en Plinio noticia directa sobre Cristo.Su información es de segunda mano, ya que comunica lo que ha oido por boca de los cristianos.

Con todo, su imprecisión: "como a un dios" no deja de ser reveladora.Si de las confesiones de los cristianos hubiera resultado que tenían a Cristo simplemente como Dios, así lo habría consignado Plinio, delatando la novedad de un dios rival.Pero, se ve que percibió que se trataba también de un ser histórico, un hombre.Pareciera que Plinio ve en Cristo un semidios, precisamente por ser hombre.Dentro de las nebulosas que puede percibir un pagano, se puede intuir la genuina doctrina cristiana de Cristo como Dios y hombre.El romano atisba un fenómeno religioso que vierte dentro de sus categorías habituales.No se trata de un dios (de lo contrario no escribiría: "quasi deo"), sino de un personaje humano, al que sus adeptos tratan "como si" fuese un dios.

Respecto a este testimonio comenta J.P.Meier: "Que los cristianos veneren a Cristo como un dios es una novedad en nuestras escasas fuentes no cristianas.Pero, una vez más, se trata de algo que no añade nada a nuestro conocimiento sobre el Jesús histórico"(44).

Es verdad, pero el hecho no mengua la importancia de la noticia y de la fuente de donde nos llega.

La primera evaluación oficial romana, de que nos consta respecto al cristianismo, por más que venga envuelta en enfoques paganos, no puede menos que arrastrar en su ganga elementos objetivos.

La "independencia"del dato(y, por lo tanto, su validez para una comprobación histórica) vendría por el lado de que Plinio no copió simplemente un evangelio,ni se atuvo estrictamente a la materialidad de las confesiones que pudo haber arrancado a sus víctimas, sino que, encuadrándolo todo dentro de sus parámetros ideológicos, políticos y religiosos, sin embargo, transparenta, casi involuntariamente (aunque con lentes deformantes), un fondo que, despojado de la distorsión con que lo considera Plinio, responde bastante bien a la fe cristiana: Cristo, no es presentado como un mero maestro o profeta, sino venerado como Dios.Sus discípulos (la Iglesia), que se dejan matar antes que renegar de él, significan una documentación subsidiaria del rango más que humano en que era considerado.

Por más que todavía no hemos estudiado los aportes de Tácito, Suetonio y otros, pensamos que se aplica también a Plinio la conclusión que saca R.Fabris después de haber pasado revista a las letras romanas en relación a Cristo(incluída la carta que venimos analizando):"A los ojos de los historiadores romanos y de los escritores del siglo II el caso de Cristo interesa sólo en cuanto al movimiento religioso que se deriva de él, conforme a la ideología de los ciudadanos de Roma, es una superstitio - como todas las otras religiones no oficiales - y sus adherentes son judíos o extranjeros más o menos detestables y sospechosos.Por esto las fragmentarias noticias sobre Cristo y los cristianos que se puede obtener de estas fuentes son tanto más preciosas si, confrontándolas con las cristianas, se encuentran en concordia sobre la sustancia de los hechos"(45).

4 - Publio Cornelio Tácito.

A) El personaje.

Nació hacia el 55, de modo que tendría unos 9 años cuando la caída de Nerón (64) y quince cuando la crisis violenta que siguió (68 - 69).Quizá fue testigo ocular de escenas violentas que relata en sus Historiae.Además se codeó en el Senado con grandes ancianos que habían hecho toda su carrera bajo Claudio y Nerón, llegando bajo Trajano a una extrema longevidad.De modo que, ya personalmente en sus años jóvenes, ya por la experiencia de venerables testigos, tuvo información casi inmediata sobre el tiempo de Nerón (que aquí nos interesa).

Además de pertenecer a la aristocracia senatorial,recorrió el escalafón de los cargos (entre otros, procónsul de Asia en 112 - 113).Falleció el 118.

Su obra destila una gran tristeza y desilusión al tener que dar cuenta de la corrupción y decadencia romana a partir del imperio, así como su constante nostalgia por las robustas virtudes de los tiempos republicanos.

Adquirió fama sobre todo por sus dos grandes obras de historia crítica:Historiae(hacia 1O5-11O) y Annales,(116- 117). Fue amigo de Plinio el viejo y del joven.

Importantes secciones de los Anales se han perdido y el libro décimosexto se interrumpe en el año 66.Desgraciadamente para nosotros, una de las lagunas se produce en la exposición de los acontecimientos del 29 p.C, desde donde la narración pasa al 32 p.C.Justamente el año 3O, en que con más probabilidad se llevó a cabo el proceso de Cristo, no figura en las copias hoy disponibles.

B) Annales 15, 44, 2 - 5.

El contexto: Tácito, después de los cinco primeros años benéficos de Nerón, todavía bajo las directivas de Séneca (Ann, XIII, 1 - 58), desde el libro XIV en adelante hace que sus lectores asistan al terror y la degradación cada vez más cruel y repugnante de uno de los tiranos más tristemente célebres de la historia.

El libro XV, donde se encuentra el trozo que nos interesa, describe la perversión cumbre de aquella especie de monstruo: el incendio de Roma, en cuya pavorosa escenografía Nerón entonó el poema de su propia composición: "Troiae holosis", sobre el saqueo de Troya.El tremendo episodio es presentado así:

"Sigue una catástrofe - no se sabe si debida al azar o urdida por el príncipe, pues hay historiadores que dan una y otra versión - que fue la más grave y atroz de cuantas le sucedieron a esta ciudad por la violencia del fuego (Ann, XV, 38)(46).

Mas ni con los remedios humanos ni con las larguezas del príncipe o con los cultos expiatorios perdía fuerza la creencia infamante de que el incendio había sido ordenado(47).En consecuencia, para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos (chrestianos), aborrecidos por sus ignominias.Aquel de quien tomaban nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato;la execrable superstición momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no sólo por Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad, lugar en el que de todas partes confluyen y donde se celebran toda clase de actividades y vergüenzas.

El caso fue que se empezó por detener a los que confesaban abiertamente su fe, y luego, por denuncia de aquéllos, a una ingente multitud y resultaron convictos no tanto de la acusación del incendio cuanto de odio al género humano. Pero a su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día, eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche.Nerón había ofrecido sus jardines (48) para tal espectáculo y daba festivales circenses mezclado con la plebe, con atuendo de auriga o subido en el carro.Por ello, aunque fueran culpables y merecieran los máximos castigos, provocaban (los cristianos) la compasión ante la idea de que perecían no por el bien público, sino por satisfacer la crueldad de uno solo".

C) Comentario

El texto habla por sí mismo.Anotemos únicamente unos datos.Por lo que a la responsabilidad del incendio de Roma se refiere, si Tácito se hace eco de las sospechas populares de que haya sido el propio Nerón, sin declarar si él mismo las comparte, Plinio el viejo atribuye explícitamente la culpa a Nerón(49) e igualmente Suetonio(50), así como también Dión Casio (51).

J.P.Meier(52)encuadra bien la concatenación que con esta pavorosa noticia hace surgir el nombre de Cristo: "Es cierto que Tácito puede mostrar un mínimo de compasión por gente a la que injustamente se ha cargado con la culpa del odiado Nerón. Pero los cristianos, como tales, son claramente despreciados a causa de sus abominables crímenes o vicios (flagitia), que constituyen una superstición nociva o peligrosa.Es decir, son un culto oriental de reciente invención y de rápida expansión, que desprecia a los dioses romanos, practica unos ritos secretos y probablemente nefandos, y que por tanto trastorna el buen orden del Estado romano.En la visión pesimista que tiene Tácito de la historia romana, los cristianos son un signo más del declinar de Roma desde la integridad y la virtud hacia la corrupción y la decadencia.

Para la mentalidad de este senador y antiguo procónsul romano, la peor acusación que se podía hacer contra el nuevo culto era señalar de quién nació y tomó su nombre: cierto judío que en Judea era conocido como Cristo(53)y fue ejecutado por Poncio Pilato(54).La mención de Cristo y de su final tiene la máxima importancia en la imagen negativa que presenta Tácito de los cristianos; difícilmente pudo salir de mano cristiana tan breve y despectiva descripción de Jesús.

Aunque su intención primordial es describir la brutal ejecución de los cristianos llevada a cabo en Roma por Nerón, Tácito ofrece de paso tres datos esenciales sobre Jesús;

1) Sitúa su muerte durante el reinado del emperador Tiberio(14- 37 d.C.) y el gobierno de Poncio Pilato (26 - 36 d.C.).

2) Afirma que Jesús murió ejecutado por el gobernador romano de Judea;y aunque no menciona explícitamente la crucifixión, ésta se halla implícita en el mismo hecho de la ejecución de un judío en Judea por un gobernador romano.Tanto es así que la frase alusiva a la ejecución de Cristo (supplicio adfectus) puede haber sido colocada intencionalmente entre las dos referencias a la tortura y ejecución de los cristianos. La segunda referencia, que aparece en Anales 15.44 poco después de ser mencionada la ejecución de Cristo, habla de la crucifixión de seguidores suyos: aut crucibus adfixi (o fijados en cruces) (55).

3) Según Tácito, la ejecución de ese Cristo sofocó por breve tiempo el peligroso movimiento religioso de los cristianos; pero se extendió de nuevo, primero en Judea y luego, rápidamente, hasta un lugar tan lejano como Roma.Lo que debe notarse aquí es que en las frases de Tácito se revela implícitamente la existencia del movimiento cristiano ya antes de la ejecución de Cristo; de otro modo no habría sido posible "sofocarlo" por un breve tiempo mediante su muerte".

Se puede añadir:del texto resulta que a comienzos de los años 6O la comunidad cristiana está ya bien delimitada con respecto a las hebreas locales(56),las cuales no se ven implicadas en absoluto en la represión(57).

Sin embargo, el hecho de que el origen de este "mal"cristiano sea la Judea (non modo per Judaeam, originem huius mali) lo pone en la serie de los crímenes de aquel pueblo, para el que, a juicio de Tácito, "todo lo que para nosotros es sagrado, es considerado como impío, mientra que, al contrario, ellos tienen por lícito lo que para nosotros es objeto de horror"(58).Ahora bien, Jesús está colocado en estrecha relación con un semejante movimiento.

Una cuestión importante(59)es la fuente de información de Tácito.Algunos eruditos(60)han subrayado las similitudes con el Testimonium de Flavio Josefo y sugieren que el romano había leído al judío.Sin embargo no hay que pasar por alto las notables diferencias(61).

Tácito había sido gobernador de la provincia de Asia (es decir, el tercio occidental de Asia Menor) hacia el año 112 d.C., y acaso se había relacionado con cristianos por asuntos judiciales similares a los que relata Plinio el Joven.Este era amigo íntimo de Tácito y pudo haberle hecho partícipe de los conocimientos que había obtenido acerca de los cristianos.Se percibe en ambos una mezcla de condenación (los cristianos calificados como "execrable superstición") unida a cierta lástima(62).

Tampoco se puede excluir la posibilidad de que Tácito se sirviese de archivos romanos.No obstante, si lo hizo, su error al llamar a Pilato procurador en vez de prefecto muestra que no está citando directamente de ningún documento oficial.De todos modos, aunque en el mejor de los casos Tácito nos suministra otro testimonio temprano y no cristiano sobre la existencia, ubicación temporal y geográfica, muerte y continuado impacto histórico de Jesús, no nos dice nada que Josefo no haya dicho ya, como veremos.

Habría también que prestar atención a estos datos de D.Rops: "Entre sus fuentes, Tácito utiliza a menudo las Historias de Plinio el Viejo, el naturalista, el filósofo, aquel mismo que murió el año 79 por haber querido observar demasiado de cerca la erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya;Plinio el Viejo, en efecto, había sido miembro del estado mayor de Tito en la guerra judía de los años 66 a 7O;por su conducto y el de Tácito sería, pues, ésta una tradición directa, local, que habría llegado hasta nosotros"(63).

En resumen: es el de Tácito el testimonio pagano antiguo más completo sobre la figura de Jesús, pues sabe lo siguiente:

"Cristo" es un judío que fue ajusticiado por malhechor bajo Poncio Pilato.Es autor de un nuevo movimiento religioso nacido en Judea, cuyos seguidores se llaman, en referencia al nombre del fundador "cristianos" y eran ya conocidos en Roma durante el reinado de Nerón.

5 - Cayo Suetonio Tranquilo.

A) El personaje.

Nacido en torno al 7O muere el 13O.Procedía de la orden ecuestre; trabajó como abogado hasta que su patrocinador Plinio el Joven le despejó el camino para más altas funciones administrativas bajo Trajano y Adriano.Tuvo acceso desde entonces a todos los archivos y se procuró las informaciones necesarias para redactar sus biografías de los emperadores (De vita Caesarum).Estos escritos, que se conservan casi completos, narran ininterrumpidamente, en ocho tomos, la vida de los doce emperadores desde César hasta Domiciano.Aparecieron probablemente entre los años 117 y 122.

La ocasión de la referencia a Cristo es la expulsión de los judíos de Roma por orden de Claudio (41 - 54), suceso que menciona también Hech 18, 2 como razón explicativa del desplazamiento de Aquila y Priscila a Corinto.

B) Claudius, 25, 4.

"(Claudio) expulsó de Roma a los judíos, que provocaban alborotos continuamente a instigación de Cresto".

C) Comentario.

Suetonio no indica la fecha de este acontecimiento(64).Si se trata de la disposición imperial del año 41 (según los recuerdos de Dión Casio), parece exagerado el dato correlativo de Lucas: "ordenaba salir de Roma a todos los judíos"

(Hech 18, 2), porque las restantes fuentes historiográficas, tanto Flavio Josefo como Tácito desconocen semejante intervención restrictiva del emperador Claudio respecto a los judíos de Roma en masa.Silencio que, ya de por sí, advierte que si hubo tal decreto, no pudo alcanzar las proporciones supuestas por Lucas, es decir que afectara a toda la población judía de Roma (que podía ascender, antes del año 7O al menos a 2O.OOO personas).Cuesta creer que el hecho dejara indiferentes a ambos historiadores, sobre manera a Josefo(65).

La breve noticia de Suetonio plantea el problema de acertar quién era "Chresto".

Algunos ponen en duda la identificación con Cristo, porque ese nombre (atestiguado en el siglo I, incluso en el campo pagano, ver: Marcial, Epigrammata, 7, 55, 1), y por el hecho mismo de que para Suetonio ese Cresto parece un subversivo que está vivo y es contemporáneo a los hechos.No obstante, por de pronto el "Cresto" de Suetonio no es un pagano, sino, en todo caso, un hebreo, dado que el tumulto afecta sólo a la comunidad judía; ahora bien, aparte de que en los epitafios de las catacumbas hebreas de Roma no aparece nunca semejante nombre, un buen estilo latino parece pedir: "impulsore Chresto quodam"(siendo el instigador un cierto Cresto), en caso de que se estuviera introduciendo en el relato un personaje nuevo y desconocido.

Ya informamos cómo la "e", por el fenómeno lingüístico del "itacismo" era pronunciada como "i".Posiblemente, pues, la fuente utilizada por Suetonio entendió que "Cresto" era Jesús, mientras que Suetonio creyó erróneamente que el nombre era el de algún judío esclavo o liberto que causaba trastornos en las sinagogas de Roma durante el reinado de Claudio.

Indirectamente, pues, Suetonio nos está dando noticias sobre Jesucristo, que había llegado a ser "signo de contradición", es decir, motivo de polémica en el ámbito del judaísmo romano.Sólo en torno al 64 (ver la noticia anterior de Tácito) la acusación irá dirigida contra los solos cristianos sin inmiscuir en ella a los judíos.Se deduce que la distinción entre ambas comunidades religiosas tardó en ponerse a la vista. No en balde los orígenes cristianos eran judíos y entre estos se reclutaban los primeros adeptos al evangelio. Tal como lo demuestra la propia praxis apostólica de Pablo, que, según los Hechos de los Apóstoles, comenzaba su predicación en las sinagogas que había en las distintas ciudades (ver también: Rom 1, 16;9, 24).

Si a Suetonio Cresto - Cristo le parecía un personaje vivo, se debe a un malentendido explicable por su ignorancia del movimiento cristiano.Por lo mismo su fuente es desconocida, pero desde luego no es cristiana.O la noticia se basa en un vago rumor, o Suetonio consultó y malentendió un informe antiguo.

Así las cosas, se concluye que ya a comienzos de los 4O del siglo I el nombre de Cristo era capaz de provocar revueltas entre los judíos de la capital: señal de que a diez años de su muerte, el mensaje que le atañía había llegado ya a Roma, donde había suscitado convencidos seguidores.

6 - Luciano de Samosata.

A) El personaje.

Oriundo del norte de Siria (Samosata del Eúfrates), vivió entre el 12O y el 19O a fines del reinado de Cómodo.Después de una infancia en la que fue dedicado por sus padres a trabajos manuales (escultura), se orientó hacia los estudios helenísticos, llegando el joven bárbaro a escribir en griego con suprema elegancia.Fue un fecundo escritor de espíritu escéptico e irónico.De su sátira, más burlesca que moralista, no se vieron libres ni siquiera los grandes filósofos o los héroes antiguos, por no hablar de las costumbres de su época.En dos de sus obras escribe también de los cristianos y de Jesús. La primera lleva por título Sobre la muerte de Peregrino.Narra en ella las bribonerías de un parásito truhán que prefería llamarse Proteo y que, con adulterios, estupros y parricidio a sus espaldas, se marchó de Pario(66).

B) De morte Peregrini 11, 13.16.

"Fue precisamente entonces cuando (Proteo) conoció la admirable doctrina de los cristianos...(con sus engaños los seduce, de tal forma que llegaron a tenerlo como un ser divino, lo reconocieron como legislador y le dieron el título de jefe).Después, por cierto, de aquel hombre a quien siguen adorando, que fue crucificado en Palestina por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres... (Proteo es encarcelado y los cristianos movieron cielo y tierra para conseguir su libertad.Fundamenta la preocupación por el pícaro en apuros en la propensión cristiana a la solidaridad). Además su primer legislador les convenció de que todos eran hermanos y así, tan pronto como incurren en este delito, reniegan de los dioses griegos y en cambio adoran a aquel sofista crucificado y viven de acuerdo a sus preceptos".

C) Comentario.

El pasaje entero, como puede apreciarse, se centra en la astucia del protagonista y en la consiguiente e irrisoria ingenuidad de los cristianos, que queda atenuada al final(67), aunque tardíamente, al darse cuenta de qué clase era la persona con quién estaban tratando.El motivo de semejante credulidad por parte de los cristianos, según Luciano, parece ser doble: por un lado, la absoluta adhesión de los cristianos a las enseñanzas de su "legislador"; por otro, el principio coherentemente llevado a la práctica de una fraternidad que llega a poner en común los propios bienes.

No es difícil ver detrás de esos epítetos de "infelices" y "simples" la total incomprensión de Luciano ante un comportamiento altruista (exagerado probablemente, como tal vez toda la historia de Peregrino), que no pertenecía a los esquemas corrientes de la moral antigua y que, por eso mismo, había de parecer un comportamiento loco, especialmente a un mordaz y empedernido burlón como Luciano.Pero, como se consignó, él no sólo ridiculizó a los cristianos, sino hasta a los mismos filósofos estoicos.Pues, a decir verdad, el ideal de una total comunidad entre los amigos ya había sido formulado por Platón (República 4, 42 a) en una frase, koiná ta phílon (= son comunes las cosas de los amigos), que se había hecho proverbial (ver: Filón,Legum Allegoriae: De migratione Abrahami, 235;Marcial, Epigrammata,2,43); dicho ideal fue practicado en particular por los pitagóricos (Porfirio, Vita Pythagorae, 2O). Había sido ya el distintivo de la primera comunidad cristiana de Jerusalén (Hech 2, 44;4, 34 - 35), con la diferencia que la "koinonía" no se basaba sólo en la"amistad", sino en la común fe en Jesucristo: "Todos los que creían, vivían unidos" (2, 44)."La muchedumbre de los que habían creído, tenía un solo corazón y una sola alma..."(ibid., 4, 32).

Pero Luciano no acaba de creerse todo eso.Probablemente su burla se dirige también al propio "sofista crucificado" o mejor a la adoración que se le rinde.A propósito del final de Jesús, Luciano usa por dos veces el verbo anaskolopízein, que literalmente significa "empalar, colgar de un palo, elevar sobre un palo".Aunque no aparece nunca en los escritos del Nuevo Testamento, donde se prefiere anastauroún, ambos verbos son completamente sinónimos en la lengua griega posterior a Heródoto(68).En efecto, en la obra "Prometeo" del propio Luciano se emplean indistintamente las formas verbales kremámenos ("colgar"), estaurósthai-anestaurósthai("crucificar") y anaskolopisthénai ("empalar"). Evidentemente son sinónimos y el uso de uno u otro es cuestión estilística(69).

Compendia J.P.Meier: "Así pues, al igual que Josefo y Tácito, Luciano sabe que el "sofista" a quien veneran los cristianos - Luciano nunca usa el nombre de Jesús ni el de Cristo - fue ejecutado en Palestina;y, como Josefo, especifica el modo: crucifixión. Junto con Tácito, supone que fue ese mismo hombre crucificado quien introdujo la nueva religión llamada cristianismo.Como Plinio, informa que los cristianos adoran a su crucificado fundador.Una vez más, vemos que un pagano culto del siglo II pudo tener noticias de Jesús;pero, sin duda, Luciano se hace eco de algo comúnmente sabido, que estaba "en el ambiente" en aquella época, no de una fuente de datos históricos independiente"(70).

Sin embargo (aún antes de haber estudiado a otros autores y fuentes que todavía falta considerar y aparecen en la síntesis, que citamos a continuación), creemos que se da una suficiente "independencia" en estos testimonios.Es cuanto patentiza G.Theissen: "El valor de unas noticias extracristianas sobre Jesús, independientes entre sí(71), es doble.Hay que señalar, ante todo, el hecho de unos observadores del cristianismo, tanto hostiles como neutrales o simpatizantes, que admiten la historicidad de Jesús y no dejan lugar a la duda.Además, las noticias no cristianas permiten controlar distintas fechas y datos de la tradición cristiana(72)...La muerte violenta de Jesús es recogida por Josefo, Tácito y Mara(y los rabinos)(73): Tácito hace responsable a Pilato;Mara (y las fuentes rabínicas), a los judíos;y Josefo, presumiblemente, a los romanos en cooperación con las autoridades judías.De los milagros de Jesús hablan Josefo y los rabinos, el primero en sentido valorativo neutral, los segundos bajo la acusación de brujería.Que Jesús actuó como maestro lo saben Josefo, que lo califica de "hombre sabio" y "maestro", y Mara, que menciona las "nuevas leyes" del "rey sabio".Josefo añade a los títulos atribuídos a Jesús el de "Cristo / Mesías".Los historiadores romanos emplean ya el término de "Cristo" como nombre propio;y Mara, el de "rey sabio".

Esta imagen obviamente muy esquemática en consonancia con el escaso interés personal de unos autores no cristianos, se compagina plenamente con la de las fuentes cristianas.Sólo los textos cristianos contienen detalles de la vida y las enseñanzas de Jesús"(74).

Cuando tan diferentes escritores, muchos de ellos hostiles, coinciden en tantos puntos de contacto, quiere decir que, por más que se hubieran enterado por los mismos cristianos sobre tales datos, se daba en el acervo de noticias que corrían en el ambiente del imperio (Roma, Siria, Bitinia, el Ponto), un racimo de datos, que no podían ser negados, so pena de adulteración de la historia pública.Pues, si con tanto desparpajo, muchos de estos escritores desfiguraron al cristianismo (gente criminal, la fraternidad tenida como irrisoria, idólatras de un dios prohibido, etc.) y, sin embargo, no se atrevieron a suprimir aquello en lo que convergen, es señal de que, fuera de los mismos informes cristianos, se daban otros puntos de referencia que era imposible soslayar y tergiversar.

7 - Mara bar Sara pión.

A) El personaje.

Se trata todavía de un pagano. Su testimonio es el más antiguo fuera del Nuevo Testamento sobre Jesús. Sin embargo,lo colocamos al final de los ya expuestos,pertenecientes al corazón mismo del paganismo,Roma,porque procede de un filósofo estoico de Siria,región más cercana geográfica y lingüísticamente de la cultura hebrea (a la que encararemos enseguida). Era oriundo de Samosata y escribió desde la cautividad romana (en un lugar desconocido) a su hijo Sarapión,que se encontraba estudiando en Edesa. La misiva contiene numerosas exhortaciones y advertencias que Mara hace a su hijo ante su posible condena. Expone su convicción de que los sabios son perseguidos en un mundo lleno de violencia e infamia; pero la sabiduría misma es eterna. Para ilustrar esta idea presenta una serie de modelos en la que,junto a Sócrates y el escultor (¿-?) Pitágoras(75),sitúa también a Jesús sin mencionar su nombre.

Que se trata de un pagano es evidente,pues en otros párrafos habla tranquilamente de "nuestros dioses" y en la misma cita que reproducimos se refiere a "un dios" (cosa incompatible con "el único Dios",tanto para los judíos como para los cristianos). Además de sus numerosos pensamientos y modos de hablar propios del estoicismo.

En cuanto a la fecha del documento,no pudo haber sido escrito mucho después del 73. En efecto,se habla de la fuga de los ciudadanos de Samosata hacia Seleucia y expresa la esperanza de que los romanos permitan a los exiliados el retorno a la patria. El mismo que escribe pertenece precisamente al grupo de estos expatriados. Ahora bien,el único acontecimiento que conocemos,con el que podría coincidir un pronunciamiento por el estilo es la deposición del rey Antíoco IV de Comagene en el 73, al no consentir que su territorio fuera anexado a la provincia de Siria(76). En aquellos tiempos el rey,que residía en Samosata,fue obligado a dejar el país ante la inminente aparición de las tropas del gobernador de Siria Cesentino Peto y es posible que en esta circunstancia la parte de la población hostil a los romanos haya elegido el exilio con su rey(77).

B) Carta de Mara bar Sarapión(78):

"¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates,delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras,si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey,si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia,en efecto,vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió,gracias a Platón; tampoco Pitágoras,a causa de la estatua de Hera; ni el rey sabio,gracias a las nuevas leyes

por él promulgadas".

C) - Comentario.

Parece no haber dudas de que trate de Jesús,aún cuando éste no es mencionado expresamente (a diferencia de Sócrates y Pitágoras); quizá el nombre no le era muy familiar (al menos tanto como el de los otros dos,también porque es más reciente). La ejecución de un "rey sabio" no puede referirse a otros fuera de Jesús,ya que la historia no conoce ningún rey de Israel que fuera condenado a muerte por los propios judíos: ni de la dinastía davídica,ni de la asmonea,ni de la herodiana. El calificativo de "rey sabio" encaja,en cambio,muy bien con Jesús de Nazaret. En él se encierra una doble alusión: al motivo oficial de su condena como "rey de los judíos"(Mt 27, 37 y par. Ver también: Mt 2, 2: los magos buscan al nacido "rey" de los judíos) y a la sabiduría de su mensaje moral,confirmada en la alusión a las "nuevas leyes por él promulgadas" y por el mero hecho de elencarle junto a las figuras de Sócrates y Pitágoras.

El justo castigo infligido a los judíos,según este autor,no puede referirse más que a los acontecimientos del año 7O. Es verdad que la frase: " fueron muertos y expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier" hallará su significado material pleno sólo más adelante,una vez sofocada la segunda gran revuelta judía de los años 13O -135 (79). Pero,como se verá con más detalle,nada impide aplicarla a lo que ya sucedió en el año 7O; bien porque no ha de tomarse al pie de la letra (al igual que la referencia a la suerte de los atenienses y de los habitantes de Samos); bien porque en aquel momento,según Flavio Josefo,hubo realmente más de un millón de muertos y casi cien mil prisioneros(80),dispersándose otros(81) ; bien, en fin,porque la catástrofe,si se quiere conservar el paralelismo con Atenas y con Samos,no puede referirse a la derrota de la guerra en tiempos de Adriano (82), muy posterior a la ejecución del "rey sabio".

De hecho,"despojados de su reino",vale decir de la independencia nacional,los hebreos lo fueron a partir del 7O.

En cuanto al origen de la información de Mara,parece depender de fuentes exclusivamente cristianas. Porque responsabiliza solamente a los judíos de la muerte de Jesús,perspectiva que está en consonancia con afirmaciones neotestamentarias como I Tes 2, 15; Hech 4, 1O(83).

También es una conocida interpretación cristiana la idea de la derrota judía ante los romanos como un castigo por la crucifixión de Jesús (Mt 22, 7; 27, 25).

Sin embargo,Mara denota en algunos momentos una clara perspectiva externa en su valoración de Jesús y del cristianismo:

- en la serie de paradigmas,presenta a Jesús como uno de los tres sabios,un hombre superior a los demás (ni alude a su carácter divino).

- Ignora la resurrección de Jesús o la interpreta tácitamente con arreglo a su propia visión del mundo. Expresa esta perspectiva en unas líneas anteriores de su carta: " La vida de los hombres,hijo mío,se acaba en el mundo; pero su elogio y sus dádivas quedan para siempre". Esto se puede aplicar tanto a Sócrates como a Jesús y,de hecho,la importancia de Jesús a los ojos de nuestro filósofo reside en que ha sido legislador y pervive en sus leyes. Parece que Mara ve a los cristianos como personas que se comportan según las leyes de su "rey sabio",lo que explica la actitud positiva del estoico hacia ellos,al contrario de las desdeñosas y denigrantes apreciaciones de los escritores romanos,arriba mencionados. También en esta predisposición favorable,se acerca el escritor siríaco a los puntos de vista de Flavio Josefo.

Si quisiéramos puntualizar todavía más de dónde obtiene sus noticias sobre Jesús el estoico sirio Mara bar Sarapión,debemos dirigirnos al cristianismo primitivo sirio. Allí apareció,más o menos sincrónicamente con la carta de Sarapión,el evangelio de Mateo con una imagen parecida de Jesús: también Mateo presiente la tragedia del judaísmo en el año 7O como castigo por la muerte de Jesús; igualmente ve a Jesús como el sabio "rey de los judíos" que da "nuevas leyes" en las antítesis del sermón de la montaña. De este modo,la carta de Sarapión tampoco nos ofrece ningún testimonio sobre Jesús,independiente del cristianismo sinóptico. . . y sí un testimonio de que el "rey de los judíos", presentado por Mateo,atrajo también a sabios paganos,exactamente como lo describe Mt 2, 1 ss.

Sin embargo,dada la actitud crítica del autor, que no asume "todo" el testimonio cristiano (sigue siendo politeísta, considera al "rey sabio" sólo como hombre descollante,pero no como Hijo de Dios; su pervivencia no es debida a la resurrección,sino al valor de sus "leyes nuevas"),se ve que tenía otras informaciones,fuera de la mera predicación del Evangelio,para retener,en círculos no cristianos de Siria,la atribución a los hebreos de una parte determinante en la ejecución de Jesús. Ya en virtud de esto aparece extremamente dudosa la afirmación de algunos autores modernos que sostienen que el relato evangélico sobre el procedimiento del Sanedrín contra Jesús habría sido una invención cristiana.

Si bien,en parte,ya hemos adelantado respuestas a las objeciones que muchos han aducido contra este texto de Mara,que contradiría a los hechos posteriores del pueblo judío hasta su revuelta en tiempos de Adriano y Bar Kojbá,vale la pena sopesar los reparos del autor judío J. Isaac (84).

Queriendo hacer ver la inconsistencia de los datos de Mara,pregunta J. Isaac: ¿se puede sostener seriamente que los

hebreos han sido expulsados de su tierra en el año 7O? ¿De dónde salieron,entonces,los que tomaron parte en la segunda guerra judaica (132 - 135)? Por cierto que no podía tratarse de fantasmas.La misma institución del patriarcado,que en la segunda mitad del siglo II fue oficialmente reconocida por los romanos,basta para probar que la comunidad hebrea de Palestina,por debilitada que se encontrara, subsistía todavía(85).

Se puede replicar que Isaac atribuye a las palabras de Mara un sentido que ciertamente no tienen. Si con la expresión "los hebreos"se entiende la totalidad del mundo hebreo de entonces, es obvio que aquel pasaje de la carta no puede referirse ni a la guerra judaica ni a algún acontecimiento histórico del género que sea.Pero el nexo lógico muestra claramente que con tal expresión se designa sólo una parte (por cierto una parte bastante considerable) de la comunidad judía; de otro modo no se podría hablar de exterminio y después también de deportación. Igualmente las afirmaciones paralelas "los atenienses murieron de hambre,los de Samos fueron sumergidos" demuestran con certeza que las consideraciones de Mara apuntan sólo a un significado parcial,tomando como ejemplo admonitorio,no la totalidad cuantitativa de los tres pueblos,sino a su parte más significativa.

Admitido lo cual,no deja de ser un hecho que en el curso de la guerra de Judea muchísimos hebreos fueron muertos y que una considerable parte de la población fue deportada. Flavio Josefo habla en un lugar de 97. OOO prisioneros y de l. lOO. OOO de caídos; autores modernos,en base a los datos ofrecidos por Josefo y por otras fuentes acerca de las pérdidas sufridas en cada una de las fases de la guerra han calculado cifras más altas todavía(86). En parte,además,la población,a fin de evitar la muerte o la esclavitud,se fue al exilio voluntariamente. Así el resto de los zelotas huyeron a Alejandría y Cirene(87).

Por otra parte,en la antigüedad se habló también en otros documentos de una expulsión de los hebreos de su tierra en el año 7O, como se evidencia de los Oracula Sibyllina I, 393 - 395:

"Pero,si el templo de Salomón en la Tierra Santa cae,destruido por hombres que hablan un lenguaje bárbaro y acorazados de bronce,los hebreos serán expulsados de su país. . . "(88).

En rigor, las palabras de Mara podrían adaptarse también a las consecuencias de la guerra contra Adriano, dado que entonces el pueblo judío tuvo que pagar un tremendo tributo de sangre, además de habérsele prohibido el acceso a Jerusalén y al territorio de su país.

Pero una catástrofe que sucedió cien años después de la ejecución de Jesús no puede ser entendida propiamente como un castigo por semejante ejecución. Además Mara, con las palabras: "al poco" (tiempo, desde aquel tiempo) establece una estricta correspondencia cronológica entre las ruinas judías y el suplicio del rey de los judíos. La observación: "los hebreos fueron despojados de su reino" se explica naturalmente con la supresión del gobierno del sanedrín y con ello del último resto de autonomía nacional en el año 7O(89).

NOTAS

(35) Para este párrafo introductorio nos guiamos (con algún añadido) por: D. Rops, Jesús en su tiempo, Barcelona (196O) 8 ss. También en: D. Rops, " ¿Por qué los contemporáneos no dijeron nada de Jesús?" en: D. Rops (y colaboradores), Las fuentes de la vida de Jesús, Andorra (1963), 13 - 14.

(36) Algunos,hasta en la actualidad ,achacan a Lucas un despiste respecto a "Lisanias, tetrarca de Abilene"(Lc 3, 1). Así, por ejemplo, el muy reciente: F. Bovon, El Evangelio de San Lucas, Salamanca (1995) 243.

En cambio,J. Fitzmyer,apunta que "Flavio Josefo hace algunas referencias un tanto vagas a "Abila, perteneciente a Lisanio" (Ant. XIX, 5, 1, n. 275), o a"Abila que había pertenecido a la tetrarquía de Lisanio" (Ant XX, 12, 8, n. 138), o al "reino de Lisanio" (Bell. II, 11, 5, n. 215;II, 12, 8, n. 247). . . También parecen sugerir esa misma conclusión dos fragmentos de inscripciones griegas en los que se menciona a "Lisanio el tetrarca" (CIG, 4521 y 4523)"(El Evangelio según San Lucas - Traducción y comentario, Madrid - 1987 - I, 3O9. Si bien el mismo Fitzmyer agrega: "en uno de esos fragmentos se habla incluso de otro Lisanio. . . (de modo que) no hay manera de identificar al Lisanio del que habla Lucas con cualquiera de esos personajes (ibid. ), así y todo queda en pie que algún personaje de este nombre y en el territorio de Abilene le sirvió a Lucas de punto de referencia cronológico para ubicar la actividad de Juan el Bautista. En igual sentido: L. Sabourin,L`Evangile de Luc - Introduction et commentaire, Roma (1985);I. Howard Marschall, The Gospel of Luke - A Commentary on the Greek Text, Exeter (1978), 134.

(37) J. M. André y A. Hus, La Historia en Roma, Buenos Aires (1975) 152. "La campaña de Judea es sólo esbozada (Historiae, V, 1O - 13": ibid. , 148). "La gran lección que se desprende de la obra (de Tácito) es un tratado de las virtudes para uso de la aristocracia. La crónica política es continua y la crónica exterior episódica;los otros dos centros de interés de la analística, la historia religiosa y la historia económica,pasan a segundo plano"(ibid. , 159). "Tácito (es) un historiador eminentemente cívico, urbano, e interesado primariamente en los aspectos morales de la historia. . . Ante los pueblos extranjeros también se muestra Tácito como un puro romano: cree en el destino imperial de Roma, llamada a ejercer la ley del más fuerte. . . Su sentimiento de superioridad se acentúa especialmente al tratar de los griegos y de los reyes orientales. Los primeros le parecen gentes sin profundidad moral, y aunque Tácito no compartiera la dura opinión de Pisón sobre los atenienses, tampoco parece probable que sintiera por ellos el mismo aprecio que su admirado Germánico. Frente a los déspotas orientales siente Tácito el característico menosprecio del viejo romano ante lo que considera inmoral y decadente" (J. L. Moralejo, "Introducción" a: Cornelio Tácito, Anales, Madrid - 1979 - 13 - 14 y 19 - 2O).

Por otro lado, se ha de tomar nota de la respuesta que J. Weiss ofrece a la objeción que esgrime la menguada cosecha de datos que se puede seleccionar de los historiadores antiguos: "¿Cuáles son, pues, estos numerosos cronistas romanos, que tanto se habría hojeado, buscando en vano un testimonio? A la verdad, ellos no existen, porque toda la tradición literaria sobre el antiguo Imperio se ha perdido, salvo Tácito y Suetonio. Nosotros no podemos, por lo tanto, saber si y en qué medida los historiadores romanos antiguos han juzgado al cristianismo y a la persona de Jesús dignos de ser mencionados" (Jesus von Nazareth. Mythus oder Geschichte?, Tübingen - 191O -, 86).

En páginas anteriores había observado: "Entre todos los acontecimientos de la historia romana durante estos decenios, la ejecución del carpintero de Nazareth era por cierto el menos importante para todos aquellos que tomaron parte en ella oficialmente;desaparecía completamente entre los innumerables suplicios infligidos por la administración provincial romana. Si algún acta oficial hubiera hecho mención de ella, significaría el más maravilloso azar del mundo. Por lo tanto, no podemos esperar ninguna notificación sobre ella sino por parte de aquellos que tuvieron algún interés personal en Jesús. Por lo tanto, no es asombroso, sino, al contrario del todo natural, que nuestras tradiciones no provengan más que del ámbito cristiano. Y cuando otros medios se volvieron atentos a Jesús, ya no había más posibilidad para aprender sobre él fuera de lo que era conocido en las comunidades cristianas" (ibid. , 24).

(38) R. Penna, Ambiente histórico - cultural de los orígenes cristianos - Textos y comentarios, Bilbao (1994) 322.

(39) Así, Suetonio (el último escritor en el tiempo) referirá acontecimientos relacionados con noticias del Nuevo Testamento más antiguas que las que ofrece la documentación anterior a él. Es decir: Suetonio (7O - 13O cuyo: De vita Caesarum, se sitúa entre el 117 y el 122) da cuenta de la expulsión de Roma, decretada por Claudio contra los judíos (probablemente en torno al 49. Ver un eco de esta medida imperial en Hech 18, 2).

Tácito (55 / 56 - 12O, que compuso sus Annales entre el 116 y el 117,contemporáneo de Suetonio, pero nacido unos 2O años antes y que terminó su obra un año antes o en el siguiente al que Suetonio empezaba la suya), refiere acontecimientos posteriores a los recordados por Suetonio para el 49: el incendio de Roma por instigación de Nerón (el 19 de julio del 64).

Por fin, Plinio el joven, que escribe su carta - consulta el 111, da cuenta de la impresión que le causaban cristianos contemporáneos suyos.

O sea: el escrito más antiguo (Plinio) da las noticias más recientes, mientras que el documento más cercano a nosotros (Suetonio) rescata las más antiguas. En el medio, Tácito también comunica sucesos que se colocan en la mitad de la cronología en cuestión.

(40) Nuestras principales fuentes de información para los siguientes desarrollos son: W. Trilling, Jésus devant l'histoire, Paris (1968) 67 - 81. R. Penna, Ambiente histórico - cultural de los orígenes cristianos, Bilbao (1994) 3O3 - 332. G. Theissen y A. Merz, El Jesús histórico, Salamanca (1999),

83 - 11O. Indicaremos en el curso del trabajo otros autores.

(41) Es esta precariedad de nuestras fuentes una de las bases en que se funda J. P. Meier, para presentar a Jesús como "un judío marginal". "Cuando buscamos referencias acerca de Jesús en escritos no canónicos del siglo I o II d. C. , nos sentimos al principio desilusionados por la falta de ellas. Tenemos que recordar que los judíos y los paganos de ese período, si de algún modo eran conscientes de la aparición de un nuevo fenómeno religioso, conocerían más el naciente grupo de los llamados "cristianos" que a Jesús, su supuesto fundador. Algunos de aquellos escritores, al menos, habían tenido contacto directo o indirecto con cristianos;pero ninguno de ellos lo había tenido con el Cristo que los cristianos adoraban. Esto simplemente viene a recordarnos que Jesús era un judío marginal que dirigía un movimiento marginal en una provincia marginal del vasto Imperio romano. Lo asombroso sería que algún erudito judío o pagano hubiera tenido algún conocimiento de él o lo hubiese mencionado de algún modo en el siglo I o en la primera parte del II. Pues bien, sorprendentemente hay cierto número de posibles referencias a Jesús, aunque la mayor parte están plagadas de problemas en cuanto a la autenticidad y a la interpretación" (Un judío marginal - Nueva visión del Jesús histórico - Las raíces del problema y de la persona, Estella - 1998 - 79).

El hecho paradojal de la escasa notoriedad para sus contemporáneos de quien,sin embargo,cambiaría a fondo el curso posterior de la historia, es regularmente destacado por los diferentes autores. El título muy gráfico, empleado por Meier, para señalar esta situación, no es sin embargo tan novedoso. Ya había sido empleado 3O años antes, para designar a los primeros cristianos perdidos en el océano imperial, por K. Hruby, en un curso que diera en el Pontificio Istituto Biblico: "En Babilonia, sede de la más antigua, grande e importante diáspora judía. . . el cristianismo seguirá siendo todavía durante siglos un fenómeno marginal que, con frecuencia no llegará al nivel de la conciencia de los grandes maestros que allí enseñan. . . Resulta de esta investigación (en los escritos rabínicos antiguos). . . que el cristianismo ha permanecido para el judaísmo y durante muchos siglos, una realidad marginal"(subrayado por el autor, en: Les chrétiens et le christianisme dans les documents de la litterature rabbinique ancienne, Rome - 197O - ad usum privatum auditorum P. I. B. , 2 y 59).

(42) Tal vez en Plinio se pueda conjeturar algún titubeo favorable a los cristianos,como se indicará más adelante.

(43) En los territorios gobernados por Roma había "religiones licitae" e "illicitae".Las creencias judías eran admitidas desde Julio César (Flavio Josefo, Antiquitates judaicae, XIV, 185 - 216) y también Augusto (Filón, Legatio ad Caium, 154 - 158).Pero ya Cicerón recordaba que "separatim nemo habesse deos" (= nadie ha de tener dioses por cuenta propia.De legibus, 11, 8).

Es digno de nota el siguiente apunte de D.Rops: "A veces se ha preguntado por qué Plinio, que había sido pretor en Roma, es decir, justicia mayor, sintió la necesidad de hacer tantas preguntas a propósito de los cristianos.\'a1Tuvo que haber visto muchos en Roma! Y parece que su carta significa sobre todo que, por haberlos estudiado mejor en Asia Menor, ya no compartía las odiosas ideas que con respecto a la secta cristiana corrían por la Ciudad Eterna"(Jesús en su tiempo, 11, n.1).

(44)J.P.Meier, ibid., 112.Ya había expresado: "A menudo son mencionados Suetonio, Plinio el Joven y Luciano a este respecto, pero en realidad ellos se limitan a contar algo sobre lo que hacen o dicen los primitivos cristianos;no nos proporcionan testimonios independientes relativos al mismo Jesús" (ibid., 111).

Reiterará su postura más adelante (159): "El resto (excluyendo a Tácito) de los autores paganos grecorromanos (Suetonio, Plinio el Joven, Luciano de Samosata) no ofrecen ninguna información temprana e independiente acerca de Jesús.Así, pues, para todos los efectos prácticos, nuestras fuentes tempranas e independientes de conocimientos sobre Jesús se reducen a los cuatro Evangelios, unos pocos datos diseminados en otras partes del NT y Josefo".

(45) R.Fabris, Gesù di Nazareth - Storia e interpretazione, Assisi (1983) 5O.

(46) Inmediatamente antes (Ann XV, 37) fue descrito el escandaloso banquete público, que finaliza de esta forma: "Nerón, deshonrado por todos los medios lícitos e ilícitos, no había omitido infamia alguna que pudiera corromperlo más;pero todavía, pocos días después, se casó en ceremonia solemne con uno de aquel rebaño de gente infecta;se llamaba Pitágoras.Se impuso al emperador el velo nupcial y se hizo comparecer a quienes hacían los auspicios;hubo dote, lecho conyugal y luminarias nupciales;en fin, pudo contemplarse cuanto incluso en una mujer cubre la noche".

Disfrazada de pretensiones artísticas sigue la explosión de bestial atrocidad que tuvo por efecto la conflagración de la ciudad.

(47) En los pasajes anteriores se da cuenta de los subsidios que Nerón había ido otorgando para la espléndida reconstrucción.

(48) Los "horti Neronis" estaban situados en la colina vaticana y en el vecino circo de Cayo (Calígula), en cuyo centro se erigía el obelisco egipcio situado actualmente en la Plaza de S.Pedro.

(49) Plinio, Historia naturalis, 17, 1.

(50) Suetonio, Nero, 38 - 39.

(51) Dión Casio, Historia, 6O, 46.

El mismo relato de Tácito da a entender que, detrás de todo aquel desatre estaban actuando unas órdenes que muchos se encargaban de llevar adelante: "Nadie se atrevía a luchar contra el incendio ante las repetidas amenazas de muchos que impedían apagarlo, y porque otros se dedicaban abiertamente a lanzar teas vociferando que tenían autorización, ya fuera por ejercer más libremente la rapiña, ya fuera porque se les hubiera ordenado"(Ann 15, 39).

(52) J.P.Meier, ibid., 1O9 - 11O.

(53) En su nota 7, precisa Meier lo siguiente: "La mención del vulgo hace posible que Tácito originalmente escribiese "Chrestianos" y "Chrestus", una confusión común entre los paganos de los primeros siglos, dado que, en griego, las vocales e e i habían llegado por aquel tiempo a sonar idénticas ("itacismo").Sin embargo, como su amigo Plinio el Joven, probablemente Tácito había conocido directamente cristianos en su época de procónsul de Asia (o sea, Asia Menor occidental) en 112 - 113 d.C.Por eso es probable que supiese la forma correcta del nombre y su grafía.Pero Harald Fuchs ("Tacitus über die Christen": Vigiliae Christianae, 4 - 195O - 65 - 93) sugiere que Tácito resalta conscientemente la pronunciación "Chrestianos" por parte del vulgo, y que a la vez juega con el significado radical de la palabra griega jrestós (bueno, amable, benévolo) yuxtaponiendo "Chrestianos" con la descripción "odiados por sus abominables crímenes".Acepta esta idea Carlo M.Martini, "Il silenzio dei testimoni non cristiani su Gesú": La Civiltá Cattolica, 113 / 2 (1962) 341 - 49, esp.344 n.10".

(54) La nota 8\'aa recuerda: "Como sabemos por la inscripción hallada en Cesarea Marítima (o Cesarea de Palestina) en 1961, Poncio Pilato tenía el título de "prefecto", no el de "procurador" en la época en que gobernó Judea.Durante los reinados de Augusto y Tiberio, los gobernadores de Egipto y Judea eran de categoría ecuestre (no senatorial) y normalmente ostentaban el título de "prefecto", que implicaba funciones militares, mientras que el título de "procurador" entrañaba más el cargo de administrador económico y (cada vez en mayor medida) el de agente personal del emperador.Sin embargo, en la práctica, la diferencia entre prefecto y procurador probablemente no significaba mucho en una provincia remota como Judea, y no es imposible que, al hablar de ese funcionario, la gente dijese imprecisa e indistintamente "el prefecto" o "el procurador".Por tanto, no resulta sorprendente que ni Tácito ni Filón ni Josefo hagan uso invariable de ambas palabras.Ahora bien, técnicamente, la inscripción de Cesarea Marítima muestra que el título oficial de Pilato era prefecto...A menos que gratuitamente supongamos que el título de Pilato fue cambiado durante el tiempo que él permaneció en el cargo, debemos concluir que estrictamente hablando, Tácito está equivocado cuando llama a Pilato procurador;una vez más, el estado de cosas de una época posterior (el cargo de gobernador fue elevado al rango de procurador probablemente durante el reinado del emperador Claudio) se retroproyecta inintencionadamente a un período anterior.La razón por la que Claudio cambió el título de gobernador de Judea no está del todo clara".

(55) La nota 11 llama la atención sobre lo siguiente: "Nótese el orden de las afirmaciones y la elección de verbos y construcciones gramaticales similares en Anales 15, 44: Nero subdidit reos et quaesitissimis poenis ADFECIT...Christus...supplicio ADFECTUS ERAT...aut crucibus ADFIXI..."

(56) No pasará lo mismo con la noticia que leeremos en Suetonio (que escribe hacia el 12O, casi contemporáneamente con Tácito).Hablando todavía de los tiempos de Claudio, mencionará una revuelta entre "los judíos" atizada por "Chrestos".Ubica a Cristo entre los pobladores judíos de Roma.

(57) La persecución contra los cristianos bajo Nerón es mencionada también por Suetonio (Nero, 16, 2), pero independientemente del incendio de Roma: "Se procedió con penas de muerte contra los cristianos, una secta que se había entregado a una nueva y peligrosa superstición".Suetonio refiere esta medida de Nerón en el apartado que recoge los hechos loables del tirano, no en la sección posterior dedicada a sus crímenes.

(58) Tácito, Historiae, 5, 4.Más adelante el pueblo judío es llamado teterrima gens" (=gente detestabilísima: ibid., 5, 8).

(59) Sintetizamos a J.P.Meier, ibid., 111.

(60) Por ejemplo A.v.Harnack.

(61) Valga una por todas: Josefo recuerda el nombre propio: Jesús.Tácito toma un título "Cristo" por el nombre.Sea lo que sea, dadas las perspectivas de dos historiadores escribiendo en Roma al final del siglo I y a comienzos del II, las innegables similitudes, que entre ellos se dan, no son tan llamativas como para probar la dependencia literaria de Tácito respecto a Josefo.Ambos recogían lo que al respecto se comentaba en el ambiente.

(62) C.M.Martini trae a la consideración hasta qué punto Plinio atestigua toda la información que estaba dispuesto a ofrecer a Tácito para su obra histórica, como se puede comprobar, en particular en Plinio, Epistolarum liber VI, 16: "Tú (Tácito) quieres que te narre la muerte de mi tío (Plinio el Viejo) para transmitirla a la posteridad lo más verídicamente que sea posible.Te lo agradezco;pues bien sé, en efecto, que su muerte, divulgada por ti, tendrá gloria imperecedera...".La carta termina así: "Te he referido todo aquello a lo que asistí yo mismo y que oí enseguida, en el momento en que se recuerdan exactamente las cosas.Tú elegirás lo que es más importante" ("Il silenzio dei testimoni non cristiani su Gesù" en: La Civiltà Cattolica, 113 (1962) 344 y n.14).

(63) D.Rops, ibid., 12.

(64) Discuten los autores la fecha del decreto de Claudio.Dado que la llegada de Pablo a Corinto es anterior "un año y seis meses" (Hech 18, 11) a su comparición ante el proconsul Galión, cuyo mandato es uno de los sucesos mejor fechados en el Nuevo Testamento y ha de ser colocado entre el 5O y el 51, se supone que el encuentro de Aquila y Priscila con el Apóstol debería haber ocurrido en el 49.Así lo deduce, por ej.el cronógrafo cristiano español del siglo V Orosio (Historiae adversus paganos, VII, 6, 15), quien conoce el pasaje de Suetonio.Pero, un historiador grecorromano, Dión Casio, refiriéndose también a una medida antijudaica de Claudio, la sitúa en el año 41 (Historiae Romanorum, LX, 6, 6).Con todo, parece que se tratara de una disposición diferente al decreto de expulsión, pues refiere: "Porque habría sido difícil expulsarlos de la ciudad sin un tumulto, no los expulsó, sino que les prohibió que se reunieran".Esta es la prohibición que Dión Casio coloca en el 41.A nuestros fines, se plantea entonces la cuestión de saber a cuál de estas fechas (41, según Dión Casio o 49 en opinión de Orosio) se refiere la noticia que consigna Suetonio sobre el tumulto provocado por Cresto.

Hay quien sostiene que Dión Casio, lejos de negar la expulsión de los judíos, más bien la supone, ya que piensa que Claudio, dadas las dificultades - temor de sublevación - , habría cambiado su primera resolución más drástica, de mandarlos al destierro, adoptando la simple prohibición de sus reuniones (K.Lake, en: F.Jackson and K.Lake, The Beginning of Christianity, London - 1933 - V, 459).

Otros distinguen varios períodos en la política de Claudio respecto a los judíos.Al comienzo de su reino fue más bien favorable a los mismos.El dato está confirmado por la carta de Claudio a los alejandrinos, fechada el año 41.Se refiere al restablecimiento de la coexistencia pacífica entre helenistas y judíos (el texto en: R.Penna, 273 - 274).A una ordenanza similar se referiría el recuerdo de Dión Casio: el emperador les había permitido el derecho de ejercer su religión en comunidades separadas, pero no agrupadas (así: E.Haenchen, Die Apostelgeschichte, Göttingen - 1968 - 58).M.J.Lagrange distingue dos decretos: uno que, al comienzo de su reinado habría sido liberal (a éste aludiría Dión Casio) y otro posterior, más duro, del año 49, atestiguado por Suetonio y los Hechos de Lucas (M.J.Lagrange, Epître aux Romains, Paris - 195O - XXI - XXII).Lucas se referiría al segundo del 49.

Recientemente, H.Ponsot ("Les Pastorales seraient - elles les premières lettres de Paul?"en: Lumière et Vie, XLVIII - 1997 - 83 - 84), partiendo de un análisis literario de Hech 18, encuentra el modo de distinguir lo que Lucas ha fusionado (como suele hacer, por ej.en: 11, 27 - 3O + 12, 24 - 25: viaje de la colecta unido al martirio de Santiago).

He aquí los análisis de Ponsot: "Una lectura rápida de Hech 18, 1 - 17 deja entender que el edicto de Claudio, que provocó la venida a Corinto de Aquila y Priscila, por una parte, y la comparecencia de Pablo ante Galión, por la otra, se sucedieron en un año y medio de intervalo (v.11).

J.Taylor recientemente ha puesto en duda esta lectura (J.Taylor, Les Actes des deux Apôtres - Commentaire historique - Ac 9, 1 - 18 - 18, 22, Paris - 1994 - 325 - 326), subrayando que con el v.12 Lucas evocaba una etapa distinta de la vida de Pablo, "al momento en que" Galión era procónsul de Acaya."Aunque en una primera lectura, el pasaje (Hech 18) parece contar una serie de acontecimientos bien ligados en conjunto, un análisis más ceñido revela que nada hay que exija esta conclusión.Para más, el v.12, parece marcar el comienzo de un relato enteramente distinto que habría pasado : "cuando Galión era procónsul de Acaya".De hecho una estadía ulterior de Pablo en Corinto, distinta de aquella en que tuvo lugar la fundación de la comunidad cristiana, está atestiguada en las cartas a los Corintios (I Cor 16, 5 - 7;

II Cor 1, 15 - 2, 1), Se puede, entonces, razonablemente pensar que Hech 18, 1 - 17 contiene relatos que se refieren al menos a dos estadías de Pablo en Corinto, una en los primeros años de la década del 4O y la otra en el 51...(Así) es posible disociar los dos acontecimientos del edicto de Claudio y de la comparecencia de Pablo ante Galión.Se sabe justamente que el segundo acontecimiento data casi ciertamente del año 51, y Lüdemann (Paul Apostle to the Gentils - Studies in Chronologie, Philadelphia - 1984 - 164 - 171) se ve reconfortado de haber ampliamente defendido el año 41 para fechar el edicto de Claudio".

De esta manera se daría confirmación asimismo a las dos fechas y diferentes disposiciones de Claudio respecto a los judíos.Una temprana, a la que se refiere Dión Casio, y a raíz de la cual Aquila y Priscila habrían dejado Roma para afincarse en Corinto, coincide con la primera visita de Pablo a la capital de Acaya el año 41.En ella no hubo decreto efectivo de expulsión (como dice Lucas: Hech 18, 2), sino prohibición de reuniones más masivas.Puede que Lucas haya unificado, lo que Dión Casio separa, pues éste deja entender un titubeo en el emperador: "no los expulsó, pero les ordenó que no celebraran reuniones"(Historiae, 6O, 6, 6).El contexto sugiere que antes hubo un amague de expulsión.

La otra disposición, más dura, de la que nos habla Orosio, habría tenido lugar el 49, pocos años antes de que Pablo se encontrara con Galión.Esta última, a consecuencia de los análisis de Taylor, recogidos por Ponsot, no es la que causó el viaje del matrimonio judeocristiano, sino la anterior.

(65) Sin embargo, no se ha de tomar al pie de la letra ese "todos los judíos" de Lucas, ya que muchas veces en el Nuevo Testamento es usado el adjetivo en un estilo narrativo, que da noticia de ciertos acontecimientos en manera exagerada, que, sin embargo, deja entender que no se ha de tener en cuenta la totalidad matemática.Esto sucede preponderantemente cuando se trata de giros que se refieren a aglomeraciones o categorías de personas.Por ejemplo: "El rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él" (Mt 2, 3).No se ha de inferir que absolutamente todos los jerosolimitanos se vieron turbados por la visita de los Magos, sino que el hecho preocupó no sólo al rey, sino a otros círculos más o menos vastos."Toda la Judea" (ibid., 3, 5)."Le traían a todos los que padecían algún mal" (ibid., 4, 24. Ver: H.Langkammer, "Pas, pasa, pan" en: H.Balz / G.Schneider, Exegetisches Wörterbuch zum Neuen Testament, III, 114).

A la luz de estas consideraciones se podría comprender que el decreto de Claudio convulsionó a "toda la colectividad judía", sin necesidad de presuponer que "cada uno de sus miembros" se hubiera dirigido al exilio.

El mismo Lucas nos brinda ejemplos de que su uso de "todos" no ha de ser entendido siempre como cuantitativamente exacto.Así en Hech 2, 44 - 45 notifica que "todos los que creían...tenían sus bienes en común, pues vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos".Sólo que, un poco más adelante, exaltará el ejemplo de Bernabé, que, "poseyendo un campo, lo vendió, aportó el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles" (ibid., 4, 37).Es extraño que para elogiar a Bernabé se cite una manera de actuar que sería la de todos los cristianos.Más aún, cuando se narra el fraude de Ananías y Safira, Pedro supone que ellos habrían podido retener sus propiedades: "¿Acaso no podías tener lo tuyo sin venderlo? Y si lo vendías ¿no eras libre de conservar su precio?" (ibid., 5, 4).Cosa que supone que no todos estaban comprendidos necesariamente bajo la regla general.

La aparente contradicción (actitud de todos desmentida por casos particulares) se disipa si se comprende la naturaleza misma de estos "sumarios", que dan amplificado lo que tendía a volverse como el espíritu que caracterizaba a la primera Iglesia, por más que no todos y cada uno, reflejaran idénticas prácticas.Por lo común, en el género histórico las generalizaciones no suelen tener en cuenta las excepciones.No por eso dejan de transmitir un rasgo verdadero.Si decimos, por ejemplo: "toda Alemania se puso a los pies de Hitler", evidentemente que no incluimos en esa afirmación ni a D.Bonhöffer ni al Card.von Gallen y tantas otras heroicas excepciones.No por eso la apreciación carece de sentido, dada la vastísima repercusión de que gozó la ideología nazi en el pueblo alemán.

(66) Ciudad del Helesponto de los antiguos, en el actual estrecho de los Dardanelos.

(67) Porque (en texto que no hemos reproducido) los cristianos abandonan a Proteo cuando comete contra ellos la falta, "al parecer", de comer alimentos prohibidos.

(68) En Heródoto se da la distinción: el primer verbo significa: "colgar a hombres vivos";el segundo "cadáveres".Pero después pasan a ser equivalentes.Filón de Alejandría usa sólo el primero, mientras Flavio Josefo únicamente el segundo, ambos para indicar la crucifixión.

(69) J.P.Meier anota que Luciano tiene buena base histórica para emplear esta palabra, pues la crucifixión es en realidad un derivado del empalamiento (usado primeramente por los persas).De hecho: staurós: cruz, significó al principio: estaca.Pero estimamos que es demasiado rebuscada la sospecha del mismo Meier de que "lo más probable es que el vocablo se esté empleando aquí en tono de burla" (Un judío marginal, 121 -122, n.2O).Más simple y obvia es la explicación lingüística espuesta en el texto (tomada de R.Penna, ibid., 342).

(70) J.P.Meier, ibid., 112.

(71) Subrayado nuestro.

(72) Por razones tanto exegéticas como de la propia fe católica, no podemos seguir a Theisen en el ejemplo que pone en primer lugar: "Así, Josefo confirma que Jesús tuvo un hermano llamado Santiago".Es casi seguro que Josefo tome a Santiago realmente como hermano carnal de Jesús.Pero ello se debe a una desinteligencia del contenido diferente que las fuentes cristianas daban a ese apelativo.

(73) Añadimos: también por Luciano, al que no considera Theissen.Sobre el "Mara", aquí citado se tratará en el siguiente apartado.

(74) G.Theissen, ibid., 1O6 - 1O7.

 

(75) Las indicaciones sobre Pitágoras,los samios y los atenienses son históricamente muy inexactas. Quizá Mara confundió al filósofo Pitágoras (592 - 569) con el escultor del mismo nombre (que vivió en el siglo siguiente, en torno al 47O) como si se tratase de la misma persona.

(76) Flavio Josefo,De bello judaico, 7, 7,1 - 3).

(77) Ver: J. Blinzler, Il processo di Gesù, Brescia (1966), 44 - 45.

(78) La presente traducción está basada en la edición de J. Aufhauser, Antike Jesuszeugnisse (1925) p. 9, líneas 1 - 18. Es la reproducida en la traducción castellana de R. Penna, ibid. , 319.

(79) Se estudiará más adelante las dificultades que plantea J. Isaac contra los datos de la suerte del pueblo judío, tal como los presenta Mara. Isaac sostiene que, dadas las inexactitudes inaplicables al pueblo judío antes del 7O, tampoco este autor estaría pensando en Jesús.

(80) Flavio Josefo, ibid. , 6, 42O.

(81) Flavio Josefo, ibid. , 7, 41O y 437.

(82)En el 135, cuando la rebelión de Bar Kojbá.

(83) Cabe pensar, con todo, que Mara conocía la responsabilidad de los representantes del imperio en la crucifixión de Jesús, pero que la pasó por alto debido a su propia situación precaria en manos de sus carceleros romanos. Además, el asunto de que viene tratando (pueblos o comunidades, que habiendo rechazado a sus prohombres, luego son castigados) no obligaba al autor a pomenorizar todas las facetas del caso.

(84)J. Isaac, "Encore un "Procès de Jésus"" en: Le monde juif, c (1951), 24.

El autor es conocido por sus esfuerzos de diálogo sincero con el cristianismo.

(85)Ver: Flavio Josefo, De bello judaico, 6, 9, 3.

(86)Así H. Milman, History of the Jews (19O9) II, 1OO s. : 1O1. 7OO prisioneros, 1. 365. 46O muertos (citado por J. Blinzler, ibid. , 46, n. 6O).

(87) Flavio Josefo, ibid. , 7, 1O, 1;7, 11. 1.

(88)Los Oráculos sibilinos, son libros apócrifos en los que se distingue una parte judía y otra cristiana. Su ingenua pretensión consistía en convencer a los paganos de que también sus profetisas (las pitonisas de Delfos, Cumas, Eritrea, etc.) habían vaticinado los principales eventos ya judíos ya cristianos.

Tuvieron gran crédito y hasta fueron citadas por los Santos Padres. En la edad media, el franciscano Tomás de Celano (S. XIII), inicia su famoso himno "Dies irae" de este modo solemne: "Dies irae, dies illa,solvet saeclum in favilla: teste David cum Sibylla". Miguel Angel, en la bóveda de la Capilla Sixtina, va alternando sus escenas bíblicas con el recuadro de un profeta seguido de una sibila.

La obra empezó a componerse alrededor del 14O a. C entre los judíos alejandrinos. Con abundantes interpolaciones cristianas, concebidas en el mismo espíritu de propaganda que las secciones judías, se terminó en torno al 15O, enseguida de Adriano (Ver: E. Hennecke - W. Schneemelcher, Neutestamentliche Apokryphen in deutscher Uebersetzung, Tübingen (1964) II, 5OO - 5O1.

El hecho es que, a pesar de haber sido acabados estos escritos después de Adriano y las postremas revoluciones judías contra Roma (Bar Kojbá), ya cuando se refieren al anterior desastre del 7O, vaticinaban que "los hebreos serán expulsados de su país".

(89) De hecho así lo consideran varios autores más modernos: "La independencia nacional del pueblo fue aniquilada para siempre. Una nueva era se debía abrir para la fe hebraica" (B. Stade, Geschichte des Volkes Israel - 1888 - II, 673). "En realidad los judíos recibieron entonces un golpe del que nunca se recuperaron como nación. Si bien más tarde, en el tiempo de Adriano, se levantaron una vez más todavía en revuelta armada contra Roma, la existencia nacional había terminado realmente en el A. D. 7O" (S. G. F. Brandon, The Fall of Jerusalem en the Christian Church, London - 1951 - 166).

Sobre la discusión con J. Isaac, ver: J. Blinzler, ibid. , 46 - 48.

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